Si te gusta comer bien, necesitas visitar estos siete pueblos de Cantabria
La riqueza gastronómica de Cantabria es tan infinita como su eslogan turístico. Desde sus valles pasiegos hasta los puertos pesqueros del Cantábrico, la región es un crisol de sabores que van desde el recetario más tradicional hasta la cocina de vanguardia. Aquí, hacemos un recorrido por siete pueblos cántabros donde la buena mesa es religión y donde cada visita se convierte en un festín inolvidable.
Liébana: el reino del cuchareo
No se entiende un viaje a Liébana sin probar su icónico cocido lebaniego, un plato que trasciende el simple concepto de comida para convertirse en un símbolo de identidad. Elaborado con garbanzos pedrosillanos, patatas, berza y un compango cárnico que incluye chorizo, morcilla, tocino y zancarrón de ternera, este guiso reconfortante se sirve con su tradicional "sopa" y se remata con el relleno, una mezcla de miga de pan, huevo y chorizo que es el toque maestro del plato.
Si buscas probarlo en su máxima expresión, Casa Fofi y el Mesón La Vega son dos paradas imprescindibles, aunque cualquier taberna de la zona sabrá ofrecerte un cocido digno de repetir.
Santoña: el templo de la anchoa
Hablar de Santoña es hablar de su anchoa, el producto estrella de la villa marinera. La costera de primavera, entre abril y mayo, marca el inicio del peregrinaje de la Engraulis encrasicolus, ese bocarte que, tras un meticuloso proceso artesanal, se convierte en la mejor anchoa en salazón.
Las conserveras de Santoña son auténticos templos del sabor, y nombres como Angelachu, Bolado, Carlanmar o Solano Arriola son garantía de calidad. Pero Santoña no solo vive de la anchoa: sus bares y restaurantes ofrecen una cocina marinera impecable, donde los bocartes fritos, los chipirones a la plancha o el bonito del norte en rollo son protagonistas.
Ruiloba: el vino cántabro se hace fuerte
Cantabria no solo es tierra de mar y montaña, también es tierra de viñedos. Ruiloba se ha convertido en un enclave clave para descubrir la cara más líquida de la región. Aquí, la Bodega Miradorio elabora vinos que capturan la esencia de la brisa marina y la frescura del Atlántico.
Sus referencias más destacadas, como Mar de Fondo o Tussío, demuestran que los blancos cántabros tienen personalidad propia, con perfiles afrutados y una marcada salinidad que los hacen perfectos para maridar con los productos de la tierra.
San Vicente de la Barquera: el paraíso del bonito
El sorropotún es a San Vicente de la Barquera lo que el marmitako al País Vasco o la marmita a Asturias. Este guiso marinero, que rinde culto al bonito del norte, es un homenaje a la sencillez y al sabor profundo de los ingredientes bien trabajados.
A diferencia de otras recetas similares, el sorropotún cántabro se aleja del pimiento choricero o del tomate y apuesta por una preparación más pura, donde el pescado es el único protagonista, acompañado de un caldo sabroso y pan laminado que absorbe cada gota de sabor.
Para probarlo en su mejor versión, el Mesón Las Redes y el restaurante Puente La Maza son dos opciones de referencia en la villa marinera.
Entrambasaguas: alta cocina con Estrella Michelin
Si hablamos de cocina de autor, en Hoznayo, una pequeña parroquia dentro de Entrambasaguas, encontramos La Bicicleta, el restaurante de Eduardo Quintana, un chef que ha llevado la gastronomía cántabra a otra dimensión.
Formado en Zuberoa, Quintana abrió su propio espacio en 2011, apostando por una fusión entre la tradición cántabra y la cocina vasca de alto nivel. Hoy, su talento ha sido reconocido con una Estrella Michelin y una Estrella Verde, un galardón que premia su compromiso con la sostenibilidad y el producto local.
En La Bicicleta, cada plato es una obra de arte donde la técnica, el respeto por la materia prima y la creatividad se dan la mano para ofrecer una experiencia gastronómica inolvidable.
Arce: tradición y alta cocina en El Nuevo Molino
En Arce, alejado del bullicio de la costa, encontramos otro de los templos gastronómicos de Cantabria: El Nuevo Molino, una de las joyas Michelin de la región. Aquí, la protagonista es la vaca tudanca, una raza autóctona que se trabaja con mimo para ofrecer cortes jugosos y llenos de sabor.
Pero si hay algo que sorprende a los visitantes de El Nuevo Molino, son sus rabas, que a pesar de no servirse en un puerto, son de las mejores de Cantabria. Su rebozado fino y crujiente, su punto justo de fritura y la calidad del calamar las convierten en un bocado imposible de dejar en el plato.
Llera: el paraíso dulce de Cantabria
Para los amantes de la repostería, Llera es una parada obligatoria. En este rincón de los Valles Pasiegos, la mantequilla y la leche se convierten en arte en forma de sobaos pasiegos y quesadas.
Entre todas las opciones, Sobaos El Macho es uno de los nombres más ilustres, una referencia en la elaboración de estos dulces típicos que han conquistado paladares más allá de Cantabria. Acompañados de un café bien hecho, son la forma perfecta de cerrar cualquier ruta gastronómica por la región.
Cantabria, tierra de infinitos sabores
Desde los guisos contundentes hasta los productos del mar más selectos, pasando por los vinos emergentes y la cocina de alta gama, Cantabria es un destino gastronómico que lo tiene todo. Siete pueblos que nos recuerdan que el sabor es parte de su identidad y que cada plato es una invitación a descubrir la esencia más pura de esta tierra infinita.
Si el viaje entra por los ojos, en Cantabria definitivamente se queda en el paladar.