Cómo ordenar tus finanzas y usar el crédito con inteligencia
La falta de dinero es el principal obstáculo para muchas familias o, por lo menos, eso creen ellas. Sin embargo, la realidad habla por sí sola y asegura que el mayor enemigo es la inexistencia de organización. Antes de endeudarte y activar el modo financiación, revisa cómo llevas tu economía. Después, ya podrás pasar al plan b.
Un crédito no es malo en sí mismo: puede ayudarte a comprar una vivienda, financiar un coche o afrontar un gasto imprevisto, mejor aún si es un préstamo libre de intereses. El problema surge cuando se convierte en un parche constante para cubrir un desorden financiero.
Hay ciertos aspectos que debes tener en cuenta para llevar una buena gestión de tu dinero, tal y como señala el portal Finanzas para Todos, una iniciativa de la CNMV, el Ministerio de Economía y el Banco de España. Estos son los errores más comunes que deberías evitar.
Nunca pensar en el ahorro
Uno de los mayores mitos financieros es creer que se ahorra “lo que sobra”. Lo cierto es que casi nunca sobra, porque siempre aparece un gasto imprevisto por no mencionar los caprichos. Lo más sensato es apartar una cantidad determinada en cuanto recibes tu nómina sin pensar si la gastarás o no.
Supongamos que decides ahorrar un 10% de tu salario. Si cobras 1.500 euros, desvías 150 a una cuenta de ahorro nada más recibirlos. Con el tiempo, esa disciplina se convierte en un colchón que evita tener que acudir a un crédito para gastos básicos. Automatizarlo todavía es mejor idea.
Presupuesto, ¿qué es eso?
Imagina que una familia gana 2.000 euros al mes. Pagan 700 de alquiler, 250 de coche, 300 en comida, 150 en ocio y otros 200 en recibos varios. Sobre el papel deberían llegar bien, pero sin un presupuesto detallado es fácil que cada miembro gaste en cosas pequeñas sin darse cuenta y a final de mes falten 200 euros.
Un presupuesto mensual no es una prisión de la que no puedas salir, sino una hoja de ruta que indica hacia dónde se dirige tu dinero y te permite anticipar problemas. Incluso algo tan sencillo como anotar en una libreta o en un Excel lo que gastas en efectivo puede marcar la diferencia.
El impulso manda
Las tiendas online lo saben a la perfección: cuanto más fácil sea comprar, más gastamos. Añadir un producto al carrito con un clic, pagar en plazos “sin intereses”, aprovechar una oferta limitada o creer de verdad que las unidades se acaban son técnicas pensadas para que no pienses demasiado.
El método de las 48 horas ayuda a frenar el impulso de compra, así que deja que tu idea repose un par de días. Si pasado ese tiempo sigues convencido de que lo necesitas y además puedes pagarlo sin descuadrar tu presupuesto, adelante. De lo contrario, lo más factible es que fuese solo un capricho.
Pequeños gastos, grandes enemigos
Pocas personas se paran a sumar lo que gastan en pequeñas cosas. Ese café matutino, la aplicación que aún no sabes por qué pagas o el euromillones semanal parecen cantidades mínimas. Sin embargo, todas juntas en un año entero pueden equivaler a unas vacaciones.
Un buen ejercicio es revisar tus movimientos y marcar con un color llamativo todos los pagos menores de 10 euros (quizá te sorprendas). Detectarlos es el primer paso para decidir cuáles merecen la pena y cuáles no porque, no te engañes, hay muchos que no te llevan a ninguna parte.
La tarjeta de crédito: una amiga seductora
La tarjeta de crédito es peligrosa. Es una herramienta buena utilizada con cabeza y una trampa mortal si se usa como un ingreso extra. La realidad es que se trata de dinero prestado que tendrás que devolver y puede que con intereses. Vivir con lo que entra es el mejor planteamiento.
Los gastos variables existen
Los gastos que no ocurren cada mes suelen ser los que más desequilibran un presupuesto. Por ejemplo, el seguro del coche o del hogar, las matrículas escolares, las vacaciones de verano o las reparaciones domésticas. Si no se planifican, obligan a recurrir al crédito.
La solución es sencilla: crear un fondo específico para gastos variables. Si el seguro del coche, por poner un ejemplo, cuesta 500 euros al año, deposita 41 todos los meses en la cuenta ahorro. Así, cuando llegue la factura, ya tendrás el dinero preparado y no supondrá un desequilibrio en tu economía. Si lo ves imposible (que también pasa), recurre al crédito.
Por favor, revisa tus movimientos
Muchas personas solo revisan sus cuentas cuando ya tienen problemas. Esto es como ir al médico solo cuando el dolor es insoportable: se podría haber evitado con una atención temprana. Tampoco es necesario que entres 50 veces, pero tener contralados los movimientos es necesario.
Dedicar 15 minutos a la semana para mirarlos es suficiente, así revisas recibos y compruebas el saldo para obtener una visión real de tu situación. Además, un cierre mensual te permite analizar qué hábitos de consumo puedes repetir y cuáles debería corregir.
Dónde está la educación financiera
En el colegio enseñan asignaturas muy variadas, pero rara vez se focalizan en cómo funciona un préstamo, qué es el tipo de interés o cómo planificar un presupuesto mensual. Esa falta de formación hace que muchos adultos aprendan a base de errores costosos.
La psicología de las malas decisiones
No todo es cuestión de números. A veces se gasta por aburrimiento, por tristeza, por ansiedad o incluso para “recompensarnos” tras una mala semana. Es un poco como comer chocolate cuando estás nervioso: satisface un instante, pero no resuelve el problema.
Identificar qué emociones están detrás de tus gastos ayuda a controlar mejor tu dinero. Por ejemplo, si tu motivación de compra es el estrés, quizá sea mejor buscar otra actividad que te dé calma sin afectar a tu bolsillo, como por ejemplo hacer deporte, meditación…
Como cambiar el sistema educativo a tu antojo es imposible, toca ser un autodidacta de las finanzas. Invertir tiempo en leer sobre finanzas personales, escuchar podcasts o incluso asistir a talleres gratuitos puede cambiar radicalmente la manera en que administras tu dinero desde que eres joven.
El crédito siempre con responsabilidad
Un crédito no es tu enemigo. Bien gestionado, es el aliado perfecto para lograr metas: montar un negocio, estudiar un máster o reformar la vivienda. La clave está en que se adapte a tu capacidad de pago y no sea un recurso habitual para tapar agujeros. Antes de pedirlo, hazte 3 preguntas a ti mismo:
- ¿Lo necesito de verdad?
- ¿Puedo pagarlo sin que sea una ruina?
- ¿Qué pasaría si mis ingresos bajasen?
Si las 3 respuestas son afirmativas y tienes un plan definido, el crédito te ayudara en tu objetivo. Sin embargo, si son negativas, lo más probable es que termines en una espiral de deuda de la que sea difícil salir. Lo solicites o no, ten una cosa clara: cuando se pide un préstamo, hay que tener muy clara la devolución.
Decisiones meditadas
Para gestionar bien el dinero no hace falta ser millonario, sino tener el gasto bajo control. Un presupuesto claro, el hábito de ahorrar primero, el cuidado con los gastos hormiga y la revisión constante son pilares básicos para cualquier economía personal. Pedir un crédito puede ser útil, pero nunca debería sustituir la organización financiera.
La diferencia entre el hecho de que un préstamo sea una herramienta o un lastre depende, en gran medida, de cómo gestiones tu dinero cada día. Al final, tus finanzas son un reflejo de tus hábitos. Y, como ocurre con la salud, prevenir siempre es más barato y fácil que curar.