Artemis II inicia el regreso a la Tierra tras hacer historia en la Luna
Artemis II afronta ya su tramo final. La tripulación de la cápsula Integrity Orion se despertó en la jornada del miércoles entrando en el octavo día de vuelo de un total de diez, mientras la nave emprendía definitivamente el regreso a la Tierra tras abandonar la esfera de influencia de la Luna.
Lo hace a más de 1.700 millas por hora, en una travesía que culminará, si todo sigue según lo previsto, con un amerizaje el viernes 10 de abril cerca de San Diego, California. Será el cierre de una misión histórica: la primera vez desde 1972 que seres humanos vuelan hasta la Luna y regresan tras completar una trayectoria de sobrevuelo profundo.
Este viaje no solo marca el retorno de astronautas al entorno lunar. También reabre una puerta que llevaba más de medio siglo cerrada. En eldiarioalerta.com ya contamos cómo esta misión iba a devolver a astronautas a orbitar la Luna por primera vez desde la era Apolo.

La vista de la puesta de la Tierra desde la cápsula Orión del módulo Artemis II rinde homenaje a la octava fotografía de la salida de la Tierra tomada por el Apolo en 1968.
Una trayectoria que revive la era Apolo y mira al futuro
La misión sigue una ruta con enorme carga simbólica: una trayectoria en forma de ocho, similar a la del Apolo 13. Pero Artemis II no es un homenaje nostálgico. Es un ensayo general para la nueva era lunar que prepara la NASA.
A bordo viajan Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen. Su misión no incluía alunizaje, pero sí algo igual de importante: poner a prueba los sistemas, la navegación, los procedimientos de seguridad y la capacidad humana para operar de nuevo en el espacio profundo.
Todo ello forma parte del plan mayor del programa de la NASA: regresar a la superficie lunar con nuevas tripulaciones y abrir el camino hacia una presencia más constante fuera de la órbita terrestre.

Fotografía de la Vía Láctea tomada desde la misión Artemis II mientras regresa a la Tierra a más de 2700 kilómetros por hora. (NASA)
Las imágenes que ya forman parte del relato de la misión
Si algo ha acompañado este viaje, además de su valor técnico, han sido las imágenes. La NASA ha difundido en las últimas horas nuevas fotografías de la cara oculta de la Luna, con cráteres, cuencas y relieves que durante siglos permanecieron fuera del alcance del ojo humano.
Esas instantáneas refuerzan lo que ya explicó ALERTA en este reportaje sobre qué hay en la cara oculta de la Luna y qué han captado los astronautas. No se trata solo de fotografías bellas: son documentos científicos y simbólicos de enorme valor.
Antes de iniciar el regreso, Artemis II ya había dejado otra imagen poderosa: una vista de la Tierra que muchos califican como la más impactante en décadas. Esa fotografía, tomada desde la cápsula Orión, mostraba el planeta como una delgada franja luminosa suspendida en la oscuridad. La contamos aquí: Artemis II capta la imagen más impactante de la Tierra en décadas.
Y cuando la misión alcanzó el hito de los dos tercios del trayecto, también lo reflejamos en este seguimiento de la misión, que ya apuntaba a un momento excepcional en la historia reciente de la exploración espacial.
La cara oculta, el gran escenario del sobrevuelo
Uno de los momentos más intensos del viaje fue el paso por detrás de la Luna. Durante ese tramo, la tripulación quedó fuera de contacto con la Tierra durante unos 40 minutos. No fue una avería ni una anomalía, sino una consecuencia física del propio satélite, que bloquea la línea directa de comunicación.
Ese silencio operativo, ya conocido en las misiones Apolo, volvió a ser uno de los instantes más delicados para el control de misión. Mientras la nave desaparecía temporalmente detrás del satélite, la atención se centraba en los parámetros de vuelo y en la certeza matemática de que la trayectoria estaba correctamente calculada.
Además de contemplar la cara oculta, la tripulación ha seguido y documentado zonas históricas del programa Apolo, posibles áreas de aterrizaje para futuras misiones y fenómenos como el earthshine, la tenue iluminación de la superficie lunar provocada por la luz reflejada desde la Tierra.

En esta imagen proporcionada por la NASA, la tripulación de Artemis II, en el sentido de las agujas del reloj desde la izquierda, la especialista de misión Christina Koch, el especialista de misión Jeremy Hansen, el comandante Reid Wiseman y el piloto Victor Glover, posan para una foto grupal dentro de la nave espacial Orion de camino a casa el miércoles 7 de abril de 2026. (NASA vía AP)
La vida dentro de Orión: ciencia, disciplina y algo de humor
Mientras millones de personas siguen la misión desde la Tierra, dentro de la cápsula la rutina ha continuado con precisión. La tripulación ha realizado ejercicios físicos con volante de inercia, revisiones de los trajes para la vuelta a la gravedad terrestre, demostraciones de pilotaje manual y pruebas vinculadas a la seguridad energética de la nave.
También han llevado a cabo experimentos para analizar los niveles de radiación dentro de la cápsula y simulaciones para evaluar cómo protegerse ante eventos solares extremos. Cada maniobra, cada prueba y cada observación aportan datos que servirán para futuras expediciones.
Pero el vuelo no ha sido solo una acumulación de protocolos. También ha dejado escenas de humanidad y cercanía. La tripulación intercambió bromas con los astronautas de la Estación Espacial Internacional, celebró la Pascua con mensajes dirigidos a la Tierra y hasta habló de un juego interestelar de “a ver quién supera esto”.
En el interior de la nave viaja además Rise, el indicador de gravedad cero de la misión, que transporta en una tarjeta de memoria más de 5,6 millones de nombres enviados por personas de todo el mundo. Para muchos, esa pequeña carga simbólica resume el espíritu de Artemis: no viajan cuatro astronautas solos, viaja con ellos una parte de la humanidad.
La NASA ya había impulsado iniciativas similares, como recordamos en este artículo sobre la posibilidad de enviar tu nombre al espacio con Artemis II.

La vista del eclipse solar desde la cápsula Orión de la misión Artemis II durante el histórico viaje de regreso desde el lado oscuro de la Luna a principios de esta semana.
El regreso: combustible, maniobras y máxima atención
Tras completar el sobrevuelo lunar, la prioridad absoluta pasa a ser el retorno seguro de la tripulación. Los responsables de la NASA han subrayado que ahora toda la atención está centrada en la reentrada y en garantizar que los cuatro astronautas regresen sanos y salvos.
Las cifras permiten cierto optimismo. La misión conserva amplias reservas de combustible y los responsables del programa Orion han insistido en que se ha planificado con margen suficiente para asumir distintos escenarios.
En las horas previas al regreso, los astronautas practicarán maniobras manuales: centrar la Tierra en el campo visual, orientar la nave respecto al Sol y confirmar que pueden generar energía de forma segura si fuera necesario. Son pruebas esenciales, no exhibiciones. En una misión de esta envergadura, toda redundancia es poca.
La reentrada: uno de los momentos más críticos
El director de vuelo ha explicado que la cápsula podría alcanzar una velocidad máxima de 34.965 pies por segundo durante la reentrada en la atmósfera terrestre. Es una cifra extraordinaria y cercana a algunos de los grandes registros históricos del programa Apolo.
La orientación de la tripulación dentro de la nave también está calculada al detalle. Los astronautas irán colocados de manera que puedan ver el horizonte durante la entrada, una referencia visual importante en uno de los momentos más violentos y exigentes del vuelo.
El descenso culminará con la apertura de 11 paracaídas antes del amerizaje en el Pacífico. Será el tramo final de un viaje histórico, pero también una de sus fases más complejas.

La Armada de los Estados Unidos se une al Equipo de Recuperación de la NASA para llevar a cabo la prueba final de certificación para la recuperación de la cápsula espacial Artemis I Orion. Para ello, capturan una réplica de la cápsula en la bahía del USS John P. Murtha, frente a la costa de California, el 4 de noviembre de 2021. (Mike Blake/Reuters)
San Diego espera el regreso
Si no hay cambios, la cápsula amerizará cerca de San Diego el viernes 10 de abril alrededor de las 20:07 horas del este. Las previsiones meteorológicas son, por ahora, favorables: vientos moderados, oleaje contenido y baja probabilidad de tormenta en la zona prevista.
La recuperación correrá a cargo del USS John P. Murtha, un buque anfibio de la Armada estadounidense especialmente preparado para esta operación. Contará con helicópteros, buzos, personal médico y sistemas de comunicación capaces de asistir a la cápsula nada más tocar el agua.
Los equipos seguirán la reentrada, asegurarán la cápsula y ayudarán a los astronautas en su transición de vuelta a la gravedad terrestre. Después de diez días en el espacio profundo, el retorno al entorno físico de la Tierra también es una prueba para el cuerpo humano.
Mucho más que un regreso
Artemis II está terminando, pero en realidad está abriendo algo mayor. La misión deja imágenes inéditas, datos científicos cruciales y un mensaje claro: la exploración tripulada del espacio profundo ha vuelto.
La Luna ya no es solo memoria de los años sesenta y setenta. Vuelve a ser destino, laboratorio y horizonte político, científico y humano.
En ese sentido, el regreso de Orión a la Tierra no representa un final, sino un punto de apoyo para lo que viene. La NASA quiere volver a posar astronautas en la superficie lunar y usar esa experiencia para preparar misiones aún más ambiciosas.

La tripulación de la misión Artemis II de la NASA, compuesta por la especialista de misión Christina Koch, el especialista de misión Jeremy Hansen, el comandante Reid Wiseman y el piloto Victor Glover, se abrazan dentro de la nave espacial Orion de regreso a casa tras un sobrevuelo de la cara oculta de la Luna el domingo 6 de abril de 2026. (NASA/Getty Images)
Una misión que vuelve a unir asombro y ambición
Durante años, el espacio profundo parecía un territorio reservado a los recuerdos del programa Apolo y a las promesas del futuro. Artemis II ha conseguido algo que no es fácil: convertir ambas cosas en presente.
Ha unido tecnología, emoción, riesgo y una capacidad de asombro que sigue intacta. Ha mostrado la cara oculta de la Luna, ha fotografiado la Tierra como una frágil línea de luz y ha devuelto a la conversación pública una idea que parecía dormida: que la humanidad aún quiere ir más lejos.
Y mientras la cápsula Orión regresa a casa, la sensación es clara: no estamos ante el final de un viaje, sino ante el comienzo de una nueva etapa espacial.
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