¿A qué hora se conocerá al nuevo Papa? Todas las claves del cónclave
El 21 de abril de 2025, la muerte del Papa Francisco sumió al mundo en luto y activó al mismo tiempo uno de los mecanismos más antiguos, solemnes y enigmáticos de la Iglesia católica: la elección de su sucesor. Este proceso, revestido de simbolismo, historia y espiritualidad, culmina en el cónclave, palabra que en sí misma encierra una promesa de secreto, deliberación y destino.
Este miércoles 7 de mayo, exactamente dieciséis días después del fallecimiento del Pontífice, los 133 cardenales menores de 80 años con derecho a voto —procedentes de 71 países— se reunirán en la Capilla Sixtina para elegir al Papa número 267, en lo que ya se perfila como el cónclave más diverso y numeroso de la historia de la Iglesia.
La Sede Vacante: cuando la Iglesia espera
Desde el momento en que se certificó la muerte de Francisco, comenzó oficialmente el periodo conocido como Sede Vacante. Durante este tiempo, la Santa Sede queda sin cabeza visible, y la responsabilidad de custodiar y gobernar provisionalmente recae sobre el camarlengo, en este caso el cardenal estadounidense Kevin Joseph Farrell. Su papel no es suceder al Papa, sino velar por el orden administrativo del Vaticano hasta la llegada del nuevo Pontífice. La Curia Romana cesa en sus funciones, y el Colegio Cardenalicio asume la responsabilidad de los asuntos ordinarios de la Iglesia.
A la vez, se convocaron las congregaciones generales, una serie de reuniones en las que los cardenales, sin importar su edad, compartieron ideas, discutieron el legado del Papa Francisco y reflexionaron sobre el perfil que debe tener su sucesor. En esas sesiones se decidió la fecha del cónclave y se celebraron las exequias solemnes del pontífice difunto.
El día del cónclave
La jornada del cónclave comienza con una misa matutina en la Basílica de San Pedro, Pro eligendo Pontifice, presidida por el cardenal decano Giovanni Battista Re. Por la tarde, a las 16:15, los cardenales comienzan una procesión solemne desde la capilla Paulina hasta la Capilla Sixtina, entonando el himno Veni Creator Spiritus, invocando la guía del Espíritu Santo. Ya en la Sixtina, cada cardenal jura guardar secreto absoluto. Luego, el maestro de ceremonias pronuncia la fórmula latina “Extra omnes” —“¡Fuera todos!”— y las puertas se cierran. Solo quedan dentro los llamados a elegir al nuevo Papa.
Antes de comenzar las votaciones, un predicador designado ofrece una meditación espiritual para iluminar el discernimiento. Después, abandona la capilla y el cónclave queda en completo aislamiento.
Votar para elegir a uno entre iguales
Cada jornada contempla hasta cuatro escrutinios: dos por la mañana y dos por la tarde. Para ser elegido, un candidato necesita el voto de al menos dos tercios de los cardenales, es decir, 89 votos de los 133 electores. Si pasados tres días no hay un resultado claro, se concede una jornada de oración y reflexión, antes de reiniciar el proceso. La legislación vaticana busca así asegurar que la elección del Papa no sea precipitada ni impuesta, sino fruto del consenso y la inspiración.
Fumata negra, fumata blanca
El humo que sale por la chimenea instalada en el techo de la Capilla Sixtina se convierte en el lenguaje del mundo entero. Durante siglos, fue la paja húmeda la encargada de teñir el humo de negro cuando no había acuerdo. Hoy, preparados químicos aseguran una señal clara: negro para la espera, blanco para la esperanza.
Cuando finalmente alguien recibe los votos necesarios, se le pregunta si acepta. Si responde con un simple “sí”, ya es el nuevo Papa. Entonces se retira a la llamada Sala de las Lágrimas, donde le esperan las vestiduras pontificias en tres tallas. Desde allí se prepara para su primera aparición como sucesor de Pedro. La fumata se espera entre las 18.00 y 19.00 h del primer día.
Habemus Papam
Poco después, seis campanas repican desde la Basílica de San Pedro. El cardenal protodiácono, Dominique Mamberti, se asoma al balcón central y proclama al mundo, en latín:
“Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam”.
Y entonces, el nuevo Papa aparece, por primera vez revestido de blanco, para conceder la bendición Urbi et Orbi, a la ciudad de Roma y al mundo entero.
Los posibles sucesores
La lista de papables —como se denomina popularmente a los cardenales con posibilidades— no deja de circular en los pasillos vaticanos y las redacciones del mundo. Entre ellos, destacan figuras como el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, el arzobispo de Bolonia Matteo Zuppi, el patriarca latino de Jerusalén Pierbattista Pizzaballa, el filipino Luis Antonio Tagle, el estadounidense Robert Francis Prevost, y el húngaro Peter Erdö, una figura destacada del ala conservadora.
España también está presente con fuerza: seis cardenales electores, entre ellos Juan José Omella, José Cobo, y Ángel Fernández Artime, figuran entre los considerados presidenciables. Aunque el próximo Papa puede ser cualquier bautizado varón, por tradición suele ser elegido entre los cardenales.
Un nuevo tiempo
La elección de un Papa no es solo la designación de un líder religioso. Es el comienzo de una nueva etapa para más de 1.300 millones de fieles. Cada cónclave es único, y cada elección marca un rumbo, no solo espiritual, sino también geopolítico, moral y cultural. El mundo aguarda. Roma guarda silencio. La Capilla Sixtina vuelve a ser el lugar donde, entre lo humano y lo divino, se decide la voz del nuevo Pastor universal.