Escapadas cerca de Cantabria

El restaurante cerca de Cantabria donde muchos viajan para probar su famosa tarta de queso

La tarta de queso del restaurante. / A.E
En La Cocina de Ramón destacan platos como las patatas a la riojana, las pochas o su famosa tarta de queso

En Logroño, a un paso de la Plaza de Abastos de San Blas y en plena calle Portales, hay un restaurante que ha convertido el producto de temporada en una forma muy seria de entender la cocina. La Cocina de Ramón no juega a disfrazar el recetario riojano: lo respeta, lo actualiza con medida y lo sirve con una convicción que explica por qué el local ha logrado reconocimientos como un Sol Repsol y un Bib Gourmand Michelin.

Su propuesta parte de una idea tan simple como exigente: ir cada día al mercado, elegir bien y cocinar mejor. Esa filosofía, que sobre el papel parece casi obvia, es en realidad la gran diferencia entre los restaurantes que cumplen y los que dejan recuerdo. Aquí el protagonismo no está en la ocurrencia, sino en el producto fresco, en la temporada y en una cocina que sabe cuándo debe intervenir y cuándo conviene apartarse para dejar hablar al ingrediente.

Un restaurante de mercado en el corazón de Logroño

La ubicación ya dice mucho. La Cocina de Ramón, en Portales 30, vive a escasos metros del mercado de San Blas, y esa cercanía no es un detalle decorativo, sino el centro de su identidad. El restaurante presume precisamente de eso: de trabajar con lo que ofrece el mercado y de construir a partir de ahí una carta donde se cruzan verduras riojanas, guisos, pescados, carnes y postres clásicos muy bien afinados.

Es una cocina que mira de frente a La Rioja y que entiende que el territorio no solo se bebe en una copa, también se mastica en una menestra, en unas pochas, en un bacalao a la riojana o en unas chuletillas bien hechas.

La huerta y la cuchara, dos pilares de la casa

Uno de los grandes argumentos del restaurante está en su forma de tratar la verdura y la cocina de cuchara, dos territorios donde La Rioja juega con ventaja. En la carta aparecen platos como los puerros de la huerta cocidos y asados con crema de almendras, o las verduras del mercado cocinadas a su manera, salteadas con ajo, jamón y su crema, una fórmula que resume bien el tono del local: producto reconocible, técnica limpia y sabor claro.

A eso se suma una sección muy ligada a la tradición, la de legumbres y guisos de cuchara, que cambia según el día. Ahí pueden entrar pochas, caparrones, patatas a la riojana o garbanzos, en una rotación que encaja con la lógica del mercado y con esa manera tan norteña de entender el confort gastronómico.

En los menús que se aprecian en las imágenes también aparecen clásicos como patatas a la riojana, pochas a la riojana, sopa de pescado o consomé al Jerez, confirmando que la cuchara aquí no es un guiño, sino una parte esencial del ADN de la casa.

Entrantes para compartir con acento riojano

La sección de entrantes revela muy bien el tono de La Cocina de Ramón. Hay guiños contemporáneos, sí, pero siempre sostenidos sobre sabores reconocibles. Entre las propuestas destacan el pastel de queso cremoso con tostas, semillas, caviar de chocolate y crujiente de orégano, las anchoas de Santoña sobre pan de maíz tostado y crema de ajo negro, los buñuelos de morcilla riojana en masa Orly con pimientos asados a leña y su compota o unas croquetas de jamón que juegan en el terreno donde se miden los restaurantes con oficio.

También llaman la atención las gyozas de cordero y champiñones de La Rioja, quizá uno de los mejores ejemplos de cómo el restaurante permite pequeños gestos contemporáneos sin abandonar el carácter local.

En las cartas fotografiadas se amplía aún más ese universo de aperturas con platos como jamón ibérico, foie de pato, carpaccio de solomillo, huevos trufados de jamón ibérico, morcilla a la brasa, chorizo a la brasa, salchichón a la brasa o anchoas del Cantábrico Serie Oro. Es decir, un recetario para abrir la comida con contundencia y sin frivolidades.

Pescados bien tratados y sabor clásico

La carta de pescados demuestra que La Cocina de Ramón no se limita al recetario de interior. Aquí aparecen platos como el rodaballo asado con su refrito y patatas panaderas, el atún en tataki con verduras de temporada, sésamo y katsuobushi, el bacalao a la riojana o un arroz meloso de bogavante que apunta directamente a un perfil de mesa más celebratorio.

Además, el restaurante deja abierta la puerta a lubina, besugo y otros pescados según mercado, lo que refuerza esa idea de cocina viva y adaptable.

Las imágenes de los menús tradicionales amplían este apartado con nombres como besugo, rodaballo, merluza a la plancha, merluza en salsa con gamba y almeja, taquitos de merluza a la romana, lenguado o almejas a la marinera, platos de corte más clásico que conviven con naturalidad con la carta actual.

Carnes para una cocina sin miedo al sabor

En el terreno de las carnes, el restaurante mantiene un equilibrio interesante entre producto noble y tradición popular. Conviven el chuletón de vaca premium con patatas fritas, la paletilla de cordero asada con panaderas y ensalada verde, el solomillo de vaca sobre parmentier de patata y verduras al vapor y las chuletillas de cordero con patatas y pimientos asados.

Pero quizá uno de los detalles más interesantes es que la carta no renuncia a platos de raíz más doméstica y castiza, como las patitas de cabritillo guisadas con salsa riojana y alegrías o los callos de ternera y morros al estilo tradicional. Eso habla de una cocina que no se limita a lucir género caro, sino que reivindica también el valor de la receta bien ejecutada.

En los menús más clásicos aparecen además el cabrito asado al horno de leña, el cochinillo asado, las chuletillas de cordero a la brasa, el bistec de ternera, el escalope o el entrecot de buey, confirmando la amplitud de registro del local.

Postres entre la fama y la tradición

Si hay un nombre que sobresale por encima del resto en el capítulo dulce es el de la tarta de queso fresco. El propio restaurante la presenta como “la mejor tarta de queso de España”, una etiqueta llamativa que, más allá del titular, revela hasta qué punto este postre se ha convertido en una de sus grandes señas de identidad.

Junto a ella aparecen la tarta de chocolate, la torrija de pan brioche con crema pastelera y helado, el flan de toda la vida, el sorbete de limón y menta batido al cava o la fruta preparada. En paralelo, las cartas fotografiadas muestran un universo de postres muy tradicional, con flan casero, natillas caseras, leche frita, soufflé de chocolate, milhojas con chocolate caliente, cuajada con helado de nata y nueces, arroz con leche, torrija con helado o una tabla de quesos manchegos.