Por qué Selaya es una parada infaltable en una ruta por los Valles Pasiegos
Rodeado de praderas verdes y cabañas pasiegas, este pueblo cántabro es ideal para descubrir la esencia rural de Cantabria
En pleno corazón de los Valles Pasiegos, una de las comarcas más singulares de Cantabria, se encuentra Selaya, un pueblo que combina arquitectura monumental, paisaje ganadero y tradiciones profundamente arraigadas. Rodeada de verdes praderas y asentada en el valle del río Pisueña, esta villa destaca por ser considerada la más monumental de la zona, pese a pasar a menudo desapercibida entre el paisaje.
Selaya es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, preservando un modo de vida ligado a la ganadería pasiega, a la muda —el traslado estacional del ganado entre cabañas— y a una arquitectura que revela su antigua importancia estratégica e histórica.
Un pueblo noble en los Valles Pasiegos
Situada a unos 36 kilómetros de Santander, en la confluencia de los ríos Pas y Pisueña, Selaya está formada por el núcleo principal y los barrios de Bustantegua, Campillo y Pisueña. Pasear por sus calles es descubrir una sucesión de casas solariegas, palacios y torres defensivas levantadas entre los siglos XIII y XV, testimonio del poder de linajes nobles y caballeros que dominaron la zona.
Entre los edificios más destacados se encuentran la Casa del Patriarca, hoy convertida en Centro Cultural; la Casa de Linares; la Casa de los Miera, con su característica planta en forma de “L” y cubierta a dos aguas; y el imponente Palacio de Donadío, que integra en su estructura una torre defensiva medieval.
Arquitectura defensiva y patrimonio religioso
El casco urbano de Selaya conserva numerosos cubos, elementos arquitectónicos típicos de Cantabria que recuerdan el pasado defensivo de muchas casonas. A ello se suma el rollo heráldico de la calle Soledad, datado en el siglo XVIII, decorado con escudos nobiliarios e imágenes religiosas.
Otro de los imprescindibles es la iglesia de San Juan Bautista, un templo de cruz latina construido a mediados del siglo XVII. En su interior destaca el retablo del altar mayor, de orden salomónico, con notables tallas de San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo.
Miradores, ermitas y tradiciones vivas
Para comprender el entorno de Selaya en toda su magnitud, una visita al Puerto de La Braguía es casi obligatoria. Desde su mirador se obtienen vistas del macizo de Castro Valnera y de los Montes del Somo, ofreciendo una panorámica privilegiada de los Valles Pasiegos.
A las afueras del pueblo, al pie de la ladera de San Bartolomé, se encuentra la ermita de Valvanuz, uno de los lugares más emblemáticos del municipio. El edificio destaca por su espadaña barroca de tres pisos, decorada con motivos herrerianos, y por albergar la imagen de la Virgen de Valvanuz, patrona de Selaya, cuya festividad se celebra cada 15 de agosto.
Junto a la ermita se puede visitar la Casa de la Beata, sede del Museo de las Amas de Crías, un espacio singular que rinde homenaje a la tradición pasiega de las nodrizas mediante una colección de 300 fotografías tomadas entre 1880 y 1936.
Naturaleza y cabañas pasiegas
El entorno natural de Selaya invita a caminar sin prisas. Una de las rutas más conocidas es la que conduce al nacimiento del río Pisueña, pasando por cascadas escondidas, bosques de hayas y prados verdes salpicados de cabañas pasiegas, algunas de ellas datadas en el siglo XVIII. El recorrido, de unos 7 kilómetros, permite cruzar arroyos y el propio río mediante pequeños puentes o pasos de piedra.
Estas cabañas son uno de los símbolos más reconocibles del paisaje pasiego y reflejan un modo de vida ligado al aprovechamiento tradicional del territorio.
Selaya y la tradición del sobao
Hablar de Selaya es también hablar de sobaos y quesadas, dos de los dulces más emblemáticos de Cantabria. Aunque el origen del sobao se sitúa en la Vega de Pas, gran parte de la población de Selaya se dedica hoy a su producción, convirtiendo a la localidad en un referente gastronómico de la comarca.

