Santander se rinde a su patrona: fe, tradición y emoción en honor a la Virgen del Mar
Con solemnidad, música y una participación masiva, Santander celebró la festividad de la Virgen del Mar, cumpliendo con un voto de fidelidad que lleva más de siete siglos uniendo a la ciudad con su patrona
Con una emotiva jornada de devoción, tradición y participación ciudadana, Santander celebró la festividad de la Virgen del Mar, patrona de la ciudad, en un día marcado por la solemnidad religiosa y el ambiente festivo. Como cada lunes siguiente al domingo de la Trinidad, la capital cántabra rindió homenaje a su protectora, cumpliendo con un voto que se remonta a hace más de siete siglos.
La jornada comenzó con la tradicional procesión desde la parroquia de San Román, encabezada por la imagen de la Virgen portada por los romeros, hasta su santuario en la ermita ubicada junto al mar. La alcaldesa de Santander, Gema Igual, participó en el cortejo junto a numerosos vecinos y devotos, destacando el arraigo de esta tradición en el alma de la ciudad. “Cumplimos con una devoción que ha atravesado generaciones, más de 700 años de historia que nos unen cada año en torno a la Virgen del Mar”, expresó la regidora.
Ya en la ermita, y con la campiña costera como telón de fondo, se celebró la misa solemne oficiada por el obispo de la Diócesis de Santander, Arturo Ros, en la que la Corporación municipal y el Cabildo Catedralicio renovaron los votos que desde hace siglos comprometen a la ciudad con su patrona. Al finalizar la ceremonia se cantó el tradicional himno a la Virgen del Mar, seguido de una procesión en torno a la ermita y una emotiva ofrenda floral.
Los actos litúrgicos dieron paso a un ambiente festivo, con una multitudinaria comida popular en la que se repartieron 1.500 raciones de paella. Esta tradición rememora el gesto histórico del Ayuntamiento de compartir mesa con los romeros que acudían en cumplimiento del voto a la Virgen. La jornada continuó con un programa musical que incluyó las actuaciones de ‘Coros y Danzas’, ‘Coro Ronda La Encina’ y ‘Los Güeyos’, que pusieron banda sonora a una celebración donde la tradición y la alegría caminaron de la mano.
Durante la tarde, los juegos tradicionales de madera animarán el entorno de la ermita, mientras que el folclore volverá a tener protagonismo con las actuaciones de ‘Aires de San Román’, las ‘Pandereteras de Santander’ y los coros infantiles de Mercedarias, Cumbres y Jorbalán. A las 18:30 horas se celebra el rezo del rosario y una nueva eucaristía, poniendo fin a una jornada en la que la participación vecinal fue, como cada año, masiva y entusiasta.
La alcaldesa agradeció especialmente el trabajo de la asociación de vecinos de San Román y de la Hermandad de la Virgen del Mar, fundamentales en la organización de la festividad, y subrayó la importancia de que la fecha sea reconocida como festiva en el calendario laboral para facilitar la asistencia de todos los vecinos. “Hoy hemos compartido mucho más que una tradición. Hemos vivido una expresión colectiva de fe, cultura e identidad santanderina”, añadió.
Una historia de siglos
La devoción a la Virgen del Mar forma parte inseparable de la historia de Santander. La leyenda más difundida asegura que la talla de la Virgen, una imagen gótica del siglo XIII o XIV, apareció flotando entre las rocas de la costa, probablemente tras un naufragio. Inicialmente se intentó erigir un santuario en Rostrío, pero los materiales de construcción aparecían misteriosamente trasladados a la isla donde finalmente se levantó la ermita, hacia el año 1400.
El voto del Ayuntamiento y el Cabildo a la Virgen está documentado desde al menos 1467, aunque se conservan referencias posteriores, como la de 1535, que recogen la costumbre de ofrecer una comida comunitaria ese día. A lo largo de los siglos, Santander ha acudido a su patrona en momentos de dificultad, como ocurrió durante la devastadora epidemia de peste de 1596, cuando se trajo la imagen al centro de la ciudad para pedir su intercesión. También en 1848, una rogativa a la Virgen ante una grave sequía fue seguida por lluvias abundantes.
La ciudad volvió a mirar al mar y a su Virgen, con una mezcla de respeto y orgullo, reafirmando su fidelidad a una de las tradiciones más antiguas y vivas de Cantabria.