manifestación por la paz

Santander y la vigencia del deber moral: una marcha en defensa de los ucranianos

Unas 300 personas participaron ayer en una marcha solidaria en Santander para conmemorar el tercer aniversario del inicio de la guerra en Ucrania. La manifestación, organizada con apoyo institucional del Ayuntamiento de Santander, reunió a ciudadanos de diversas edades y orígenes, todos con un objetivo común: exigir el fin del conflicto armado que ha devastado Ucrania en los últimos tres años.
Manifestación en Santander en apoyo a Ucrania, con la participación de cerca de 300 personas. La concentración, realizada en la Plaza del Ayuntamiento, incluyó la exhibición de banderas ucranianas, velas en memoria de las víctimas y la lectura de un manifiesto pidiendo el fin de la guerra.
Manifestación en Santander en apoyo a Ucrania, con la participación de cerca de 300 personas. La concentración, realizada en la Plaza del Ayuntamiento, incluyó la exhibición de banderas ucranianas, velas en memoria de las víctimas y la lectura de un manifiesto pidiendo el fin de la guerra.

En tiempos de conflicto y desorientación moral, la voluntad de una sociedad para expresar su repudio a la injusticia es prueba de su vigor. Ayer, en la ciudad de Santander, unas 300 personas se congregaron en la Plaza Porticada en un acto de afirmación moral: una marcha en solidaridad con Ucrania, nación martirizada por la agresión rusa y abandonada a menudo por la pusilanimidad de la diplomacia internacional.

Este acto, promovido con el respaldo del Ayuntamiento de Santander, no fue simplemente una expresión de duelo, sino una manifestación de convicciones. Velas dispuestas en la forma del mapa de Ucrania, plegarias y discursos ofrecieron testimonio de un pueblo que, aunque distante geográficamente, no es indiferente a los principios de soberanía, autodeterminación y resistencia.

El eco de la historia y la responsabilidad de Occidente

No es casual que esta movilización ocurra en un momento en que los líderes de las democracias occidentales, Donald Trump y Vladímir Putin entre ellos, coquetean con la posibilidad de acuerdos que podrían sellar el destino de Ucrania sin la intervención de los propios ucranianos ni de Europa. En este contexto, las palabras de Irena Tkachuk, portavoz de la Asociación Nadiya en Cantabria, resuenan con gravedad: "Queremos que se acabe la guerra, pero no a costa de la independencia de Ucrania".

Tkachuk, en declaraciones a los medios, recordó la angustia de los aproximadamente 1.500 refugiados ucranianos en Cantabria, quienes observan con inquietud cada movimiento diplomático que podría determinar si su exilio es temporal o definitivo. Su testimonio es una advertencia a quienes en Bruselas y Washington consideran que la paz se puede comprar al precio de la sumisión de un pueblo.

El dilema de Europa y la vigencia de la dignidad nacional

Occidente se encuentra, una vez más, en una encrucijada moral. Se puede optar por la vía del realismo acomodaticio —esa que recomienda a las naciones pequeñas aceptar su destino dictado por potencias mayores— o se puede reafirmar el principio fundamental de que ningún país tiene derecho a someter a otro por la fuerza. La manifestación de Santander es un eco de lo que debería ser un axioma inamovible en la política internacional: la libertad no es negociable.

La presencia de Mateo Echevarría, concejal de Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Santander, aportó una dimensión institucional a la jornada, recordando que el respaldo a Ucrania no es una cuestión meramente diplomática, sino un compromiso con los valores fundacionales de la civilización occidental.

Si algo nos enseña la historia es que la pasividad frente a la agresión es interpretada por los agresores como invitación. Santander, en su modesta pero significativa manifestación, ha enviado un mensaje: hay quienes aún creen que la soberanía no es una concesión, sino un derecho inalienable. ¿Tomarán nota los líderes de las grandes capitales? 

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