¿Comer bien en Santander sin gastar mucho? Este sitio lo consigue
Si buscas dónde comer, desayunar o merendar en Santander sin complicarte, este bar es una opción práctica con buen café, cocina casera y servicio ágil
Hay naves que surcan el cielo y otras que, sin despegar del suelo, logran hacerte volar. Passarola, la original aeronave gastronómica llegada a Santander, no necesita alas para elevar el ánimo. Basta con cruzar la puerta de este acogedor local en Monte, entre el monte y el mar, donde el aroma del Cantábrico se mezcla con la calidez de una cocina casera, sabrosa y con sello propio.
"Con los pies en la tierra también se puede volar" no es solo su lema: es la filosofía que impregna cada rincón de Passarola. Su nombre rinde homenaje al mítico globo volador del siglo XVIII, y su carta aúna lo tradicional con lo imaginativo, lo sencillo con lo audaz. Aquí, la cocina no solo alimenta: cuenta historias.
Ubicado en La Torre, 117, Passarola se abre cada día como si fuera una pista de aterrizaje para viajeros de la ciudad o del mundo. Y lo hace con una oferta gastronómica versátil, pensada para desayunar, tapear, comer o merendar sin prisas, como quien se sienta en un vagón de tren sin destino fijo, solo por el placer del trayecto.
Una carta para despegar
Los pinchos, categoría indiscutible en cualquier bar cántabro, aquí vuelan en tres versiones: el normal, el especial y el Passarola, además de su estrella de queso de cabra, siempre jugoso y con carácter.
Los desayunos siguen esa misma lógica: hay opciones normales y especiales, pero todas acompañadas del mejor combustible: buen café, pan tierno, y ese punto justo entre lo dulce y lo salado que arranca bien el día.
Para quien busca una experiencia más contundente, Passarola propone un festival de raciones que combinan raíces y creatividad. Las rabas, como manda la tradición santanderina, son crujientes, doradas y con sabor a norte. Las croquetas ofrecen el trío infalible: jamón, chipirón o mixtas, perfectas para compartir —o no—.
Las zamburiñas, con sabor a mar limpio, son pura delicia atlántica. Le siguen las empanadas argentinas, que rescatan sabores del otro lado del océano: carne, pollo, bacón con queso, en una mezcla que reconforta.
El menú sigue con propuestas para todos los gustos: patatas Passarola con su salsa secreta, fingers de pollo, totopos caseros con chili y carne, o el tartar de salmón, que según el local “navega contracorriente para vivir”. Lo dice la carta, pero lo confirma el paladar.
Clásicos con alma y dulce aterrizaje
La cocina también se atreve con clásicos como el lacón a la gallega —“riquiño”, como lo describen con humor— o el pudding de centollo, una especialidad que pide pan para no dejar ni rastro.
No faltan los huevos fritos con patatas acompañados de paleta ibérica o morcilla, ni unas reconfortantes albóndigas con su ración de patatas crujientes.
Las ensaladas ocupan un lugar especial: desde la más verde y completa, con huevo, atún y espárragos, hasta combinaciones frescas como tomate con aguacate o burrata, pensadas para quienes buscan ligereza sin renunciar al sabor.
Y para quienes entienden que una comida sin postre no está completa, Passarola ofrece un aterrizaje dulce: tartas caseras de tres chocolates, zanahoria, queso o queso al horno, con la opción de una merienda perfecta que incluye café o infusión y porción de tarta, ideal a partir de las 17:30 horas.