¿Sabías que Cantabria no tuvo capital oficial durante más de 15 años?
Aunque hoy nadie lo pone en duda, Santander no fue oficialmente capital de Cantabria hasta 1998
Pese a ser reconocida hoy como el centro neurálgico de la comunidad, Santander no fue oficialmente la capital de Cantabria hasta 1998. Aunque desde la creación del Estatuto de Autonomía en 1982 la ciudad albergaba la sede de la Diputación Regional —antecesora del actual Gobierno autonómico—, no fue hasta dieciséis años después cuando se estableció de manera explícita su capitalidad.
La clave estuvo en la primera gran reforma del Estatuto de Autonomía, aprobada en 1998. En ella se introdujo el artículo 2.2, que recogía, por primera vez, que “la capital de la Comunidad Autónoma de Cantabria es la ciudad de Santander”. Hasta entonces, esa condición era asumida por costumbre, pero no figuraba en el marco legal autonómico.
La reforma de 1998 no solo sirvió para oficializar la capitalidad de Santander, sino que trajo consigo importantes cambios en la estructura institucional de la comunidad. Entre los más relevantes destacan:
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La definición de Cantabria como “comunidad histórica”, reforzando su identidad dentro del sistema autonómico.
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La supresión del artículo 58, que en su versión original permitía la posibilidad de que Cantabria se integrara en otra comunidad limítrofe, algo que muchos consideraban una puerta abierta a una hipotética unión con Castilla y León.
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El cambio del nombre de la Asamblea Regional, que pasó a denominarse Parlamento de Cantabria.
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La creación del Boletín Oficial de Cantabria (BOC), instrumento clave para la publicación de leyes y normativas propias.
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Y la asunción de competencias clave como la sanidad, que derivó en la creación del Servicio Cántabro de Salud (SCS).
Desde entonces, el Estatuto cántabro ha sido reformado en seis ocasiones, aunque solo la de 1998 y la más reciente de 2021 —que eliminó el aforamiento de los diputados autonómicos— han tenido un calado estructural.
Hoy, más de dos décadas después de aquella reforma, la capitalidad de Santander es incuestionable, pero pocos recuerdan que fue necesario esperar hasta el final del siglo XX para que quedase reconocida por ley. Una muestra de que la historia autonómica de Cantabria, aunque joven, ha estado marcada por hitos clave en la construcción de su identidad institucional.