El rincón de Santander donde vivió la musa de Pérez Galdós… y casi nadie lo sabe
A tan solo 2,4 kilómetros del centro de Santander se extiende Monte, una localidad singular que, pese a su proximidad a la ciudad, conserva la esencia de un pueblo con historia, identidad y una fuerte conexión con la naturaleza. Ubicada al norte del municipio y formando parte de su zona de expansión, Monte combina el aire sereno del entorno rural con los ecos de un pasado cargado de memoria. Con una población de 2.394 habitantes según el censo de 2021, el lugar ha sabido preservar su personalidad incluso frente al crecimiento urbanístico de los últimos años.
Naturaleza, mar y senderos entre acantilados
El principal atractivo de Monte es, sin duda, su franja costera, en la que se suceden pequeñas playas y calas que conservan su carácter salvaje y discreto. La Playa de El Bocal, la de Rosamunda, Carabineros o la más conocida, La Maruca, forman un litoral que invita al paseo tranquilo y a la contemplación. A lo largo del año, pescadores, senderistas y visitantes se acercan a este borde marítimo donde el Cantábrico ruge con fuerza, pero también regala estampas de una belleza sencilla y poderosa.
El trazado urbano de Monte se distribuye entre distintos barrios —San Miguel, Aviche, Bolado, Corbanera, La Torre, Ateca y el propio barrio de La Maruca—, muchos de los cuales conservan todavía la estructura y el espíritu de las aldeas montañesas. Aquí conviven los campos de heno, las casas bajas con fachadas pintadas, los caminos bordeados de vegetación, y un aire de pueblo donde las mariposas danzan sobre los prados y las urracas anuncian su presencia en los alambres de los postes eléctricos.
Fortalezas que protegieron la costa
Monte ha tenido siempre un papel estratégico por su posición frente al mar, como atestiguan los restos del Castillo de Corbanera, construido en 1874, y del enclave artillero de San Pedro del Mar. Este último se levanta sobre los restos de un templo altomedieval del siglo IX, acompañado de una necrópolis. La evolución de esta zona como punto militar se remonta al menos a 1660, cuando la batería de San Pedro fue acondicionada para defender la costa de ataques piratas y enemigos extranjeros. Modificada durante las guerras napoleónicas y carlistas, su uso continuó hasta bien entrado el siglo XX, cuando se convirtió en cuartel de carabineros. En 2011, tras años de abandono, se restauró como centro de interpretación del litoral cántabro, aunque poco queda del aspecto original.
Otro vestigio notable es el molino de Aldama, del año 1795, que da cuenta de la actividad rural e hidráulica del pasado reciente.
Cultura viva: poetas, mujeres libres y fútbol de barrio
Monte no solo conserva historia en sus muros, sino también en su memoria literaria y cultural. Matilde Camus, una de las grandes voces poéticas de Cantabria, estuvo profundamente vinculada a este lugar. Nacida en Santander, pero con raíces familiares en Monte, dejó buena parte de su obra dedicada al pueblo. En libros como Coral Montesino (1983), o los trabajos de investigación Historia del Lugar de Monte (1985) y Efemérides del Lugar de Monte (1989 y 1995), Camus inmortalizó las calles, la gente y el alma de este rincón cántabro.
En reconocimiento a su legado, y gracias al impulso de la asociación de vecinos presidida por Paulino Castanedo, se inauguró en 2006 la Casa Museo Matilde Camus, situada junto a la iglesia local. El edificio alberga manuscritos, fotografías, objetos personales y toda su obra, preservando así una huella indeleble del vínculo entre literatura y territorio.
Otra figura destacada en la historia de Monte es Concha Morell, una mujer adelantada a su tiempo. Anarquista, feminista, maestra, actriz y escritora, fue amante de Benito Pérez Galdós, quien la visitó en Monte en numerosas ocasiones. Su figura inspiró dos de las novelas más emblemáticas del autor: Electra y Tristana. En homenaje a su memoria y a ese vínculo literario, una de las calles del barrio de San Miguel lleva hoy el nombre de Tristana, justo paralela a donde se encontraba su residencia, ya desaparecida.
En un plano más contemporáneo, Monte también ha dejado su huella en el deporte. Aquí comenzó su carrera Jonatan Valle, futbolista profesional formado en el modesto pero emblemático Club Deportivo Monte, símbolo del orgullo local por el deporte de base.
Un rincón con carácter y memoria
Pasear por Monte es detener el tiempo. Las huellas del pasado se mezclan con los detalles cotidianos: el cementerio de 1911, los caminos rurales que atraviesan los barrios, el vuelo de las aves sobre los campos. Aunque algunos espacios muestran signos de abandono o desorden paisajístico, el conjunto conserva una dignidad tranquila que habla de resistencia, de identidad y de una forma de vida que se ha mantenido al margen del ruido urbano.
Monte es mucho más que un barrio periférico de Santander. Es un territorio cargado de simbolismo, donde la historia se ancla en la tierra, las palabras habitan los rincones, y la naturaleza se deja sentir en cada paso. Es ese tipo de lugar donde, más que visitar, uno se encuentra.

