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Lo que oculta la Península de la Magdalena: historia, esculturas ocultas y...

Es el lugar más visitado de la ciudad, pero pocos conocen todo lo que se esconde en sus 25 hectáreas de naturaleza, arquitectura, historia y curiosidades.

El recinto de la Magdalena. / A.S.
El recinto de la Magdalena. / A.S.

El Palacio de la Magdalena, símbolo indiscutible de Santander, fue construido entre 1909 y 1911 como residencia estival para Alfonso XIII. Lo que no todos saben es que bajo sus jardines se esconde una red de antiguas conducciones, un pequeño acueducto que abastecía de agua al recinto y edificaciones auxiliares como las caballerizas o la Casa de Guardeses, de 1913.

El zoo al aire libre que tuvo leones y osos polares

En las laderas frente al mar se conservan todavía los antiguos recintos que albergaban a leones, focas, pingüinos e incluso osos polares. Lo que hoy es una zona tranquila de paseo y observación de animales marinos, fue durante décadas uno de los atractivos zoológicos más curiosos del norte de España.

Vital Alsar: la gran hazaña oceánica que partió desde Santander

En un extremo de la península descansan tres embarcaciones que cruzaron el océano: el "Ana de Ayala", el "Cantabria" y el "Quintus". Fueron parte de las expediciones del santanderino Vital Alsar, quien en 1970 cruzó el Pacífico en balsa. También se conserva la burbuja de salvamento remolcada durante más de 7.000 millas náuticas. Una proeza casi olvidada que puede visitarse sin salir de la ciudad.

Esculturas modernas entre árboles centenarios

En 1988, la península se convirtió en escenario de una intervención artística contemporánea con esculturas que hoy se integran discretamente en el paisaje. "El Coloso", "Atios", "Rosa de los Vientos" o "Sin título" son algunas de las piezas repartidas entre caminos y praderas. Además, destacan el monumento a la libertad de expresión de Víctor González y el homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente, en bronce, junto al mar.

El tren que te cuenta la historia sobre raíles

El tren turístico "El Magdaleno" recorre todo el perímetro de la península, deteniéndose en puntos clave como el embarcadero real, el faro de la Cerda (construido en 1867), las playas de La Magdalena y Bikinis, o los miradores naturales hacia la isla de Mouro. Un recorrido ideal para descubrirlo todo en menos de 30 minutos.

Arte, ciencia y memoria: una lección a cielo abierto

Pasear por La Magdalena es también recorrer fragmentos de la memoria reciente. El monumento a las víctimas del terrorismo de Agustín Ibarrola, el mapa de bronce junto al mar, o los restos del antiguo campo de cricket son testigos de una transformación que ha respetado la esencia de un espacio natural y cultural único en la ciudad.

Más que un parque: un lugar donde la historia sigue viva

La península fue testigo del auge del turismo de élite en el siglo XX, albergó veranos reales, investigaciones científicas, aulas universitarias y sigue siendo escenario de actividades culturales y deportivas. Hoy, combina zonas verdes, patrimonio arquitectónico, esculturas, historia naval y educación ambiental.

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