restaurantes de cantabria

Nadie se resiste a probar esto: los nueve restaurantes de Santander que están arrasando

Plato del restaurante Cadelo compuesto por arroz con pollo thai, curry verde o rojo, trigueros y coconesa. / R.C.
De la brasa más auténtica al producto del mar más fresco, descubre los restaurantes que no te puedes perder este verano

La capital cántabra no solo presume de bahía y patrimonio. Santander se ha convertido en un destino gastronómico vibrante, donde tradición, innovación y producto local se dan la mano en cocinas que enamoran tanto a viajeros como a locales. Desde tabernas con historia hasta restaurantes de vanguardia, estos son algunos de los mejores lugares donde comer  en Santander.

Cañadío

Un clásico con alma contemporánea

Ubicado en el corazón del barrio de Puertochico, Cañadío lleva más de cuatro décadas conquistando paladares. Capitaneado por Paco Quirós, este restaurante ha sabido armonizar la cocina tradicional cántabra con toques modernos y cuidadísima materia prima. Reconocido por la Guía Michelin y con dos Soles Repsol, su tortilla de patata y la tarta de queso son ya un icono. Pero no faltan clásicos como el pudin de cabracho, las rabas o el pastel de puerros y gambas. Un imprescindible.

Agua Salada

Bistró con alma atlántica

Dirigido por Carlos García, este acogedor local de estética vintage y toques afrancesados es una joya entre la vanguardia gastronómica santanderina. Su propuesta, premiada con la distinción Bib Gourmand de Michelin, combina elaboraciones creativas como el helado de mostaza inglesa o el wok de verduras con manzanilla y café, sin perder el alma cántabra. Ravioli de cigalitas, curry rojo de merluza o mollejas con setas son algunos de sus hits.

Cadelo

Fusión internacional con raíces cántabras

En pleno Cañadío, Cadelo es el pequeño gran restaurante del chef Nacho Laherrán. Su cocina creativa viaja por Perú, México o Corea, combinando técnicas internacionales con el mejor producto cántabro. Buñuelos de bacalao con kimchee, arroz de sobrasada o lasaña de wonton crujiente son platos diseñados para compartir y disfrutar. El espacio es íntimo, con pocas mesas, lo que hace aún más exclusiva cada visita.

La Casona del Judío

Alta cocina con dos estrellas y huerta propia

Sergio Bastard ha elevado su proyecto en La Casona del Judío a lo más alto, con dos estrellas Michelin, una de ellas verde. Ubicada en una finca colonial del siglo XIX, su cocina atlántica interpreta el entorno costero a través de menús degustación repletos de matices y salsas como la célebre Salmuria de anchoas. Sostenibilidad, técnica y sabor se funden en cada plato.

Vermutería Solórzano

La esencia del vermut y la barra clásica

En la animada calle Peña Herbosa, esta vermutería con historia —fundada en 1941— sigue atrayendo a locales y forasteros. Con más de 140 referencias de vermut, gilda en mano y clásicos como las rabas, mejillones o el pastel de cabracho, Solórzano es un rincón que huele a bodega de toda la vida y se saborea como tal. Patrimonio vivo de la ciudad.

Kandela

Brasa, carne y alma de bistró

En el lugar donde estuvieron las antiguas Bodegas Puertochico, Kandela ha traído el fuego como protagonista absoluto. Desde las carnes maduradas como simmental o frisona cántabra, hasta el tomate de la huerta o pescados a la brasa, cada plato pasa por el calor del carbón. ¿El protagonista? Un imponente tomahawk de cebón que hace honor al nombre del local. Incluso los postres reciben su toque de brasa.

La Bombi

Pescado de lonja, sabor de siempre

La Bombilla abrió en 1935 y hoy La Bombi sigue siendo referente en pescados y mariscos frescos del Cantábrico. Su fama se ha consolidado con platos como los maganos encebollados, jargos, albóndigas de machote o los pimientos rellenos de marisco. Una carta que es puro mar, y un comedor que siempre está lleno de quienes saben que aquí se come de verdad.

Bodega El Riojano

Donde la gastronomía y el arte se encuentran

Más que un restaurante, El Riojano es también un museo vivo. Las botas de vino decoradas por artistas conviven con una carta centrada en el producto tradicional. Caldereta de caracol, pastel de cabracho, cecina, bacalao con piperrada o ravioli de rabo con foie son solo una muestra de su cocina sólida y deliciosa.

Pan de Cuco (Suesa)

Cocina rural con corazón

En este rincón del pueblo costero de Suesa, Álex Ortiz propone una cocina de proximidad que destaca por su sencillez y su respeto al producto. Ensaladilla, arroz de pollo de Pedresa y flan de queso son el corazón de una carta que emociona. El entorno, entre campo y mar, hace el resto.

Primera Vaca (Suesa)

Prados, surf y horno de piedra

Muy cerca de Pan de Cuco, Primera Vaca mezcla el ambiente costero con el gusto por el producto local. El chef Carlos Crespo, exganadero, pone su sello en pizzas artesanas hechas en horno de piedra y recetas como la Rafaela, que lleva calabaza, mortadela de Bolonia y pistachos. Su burrata y sus callos completan la propuesta.

En definitiva, Santander es hoy una ciudad donde la cocina tradicional, el respeto al producto y la creatividad encuentran un equilibrio perfecto. Ya sea en una barra de vermut o en una sala con estrella Michelin, comer en esta ciudad es siempre una experiencia para recordar.