En esta isla de Santander nace una planta curativa con siglos de tradición
La Isla de Mouro, con su pequeño tamaño de tan solo 1,7 hectáreas, ha sido testigo de siglos de tradición, leyendas y de una biodiversidad única que la convierte en un refugio para especies tanto autóctonas como foráneas.
Un Paraíso Natural
La isla, de terreno llano y completamente rocoso, no solo ofrece unas vistas espectaculares desde la península de la Magdalena, sino que también es hogar de una flora peculiar y rica. Entre las especies más destacadas, se encuentra el "Perejil de Mar", una planta curativa cuyo poder medicinal ha sido conocido por generaciones. Esta planta, de hojas verdes y aroma distintivo, es apreciada por sus propiedades curativas y ha sido utilizada en diversas fórmulas de la medicina tradicional.
Además, la isla alberga otras especies vegetales de gran interés, como la lavatera arbórea, una planta de la familia de las malvas que se encuentra solo en dos lugares de Cantabria: la Isla de Mouro y la Isla de Conejera. En la isla también se encuentra el hinojo marino, utilizado en la antigüedad por los navegantes para abastecerse de condimentos durante sus viajes.
La fauna no es menos fascinante: el paíño común, una rara especie en Cantabria, y la gaviota argéntea anidan en la isla, contribuyendo a la biodiversidad de este pequeño refugio. En siglos pasados, las palomas eran tan abundantes que los habitantes de Santander las cazaban, tanto para su carne como para recolectar sus huevos, lo que obligó a regular la actividad para evitar la desaparición de la colonia.
Un Lugar Cargado de Historia
La historia de la Isla de Mouro es tan rica como su flora y fauna. Durante el siglo XVI, ya era conocida como peña Mogru o isla de Mogro, nombres que perduraron hasta el siglo XVIII, cuando un error cartográfico cambió su denominación a Isla de Mouro. En 1570, se proyectó la construcción de un castillo para proteger la entrada a la bahía de Santander, pero al final este fortín fue edificado en la cercana península de la Magdalena, donde hoy se alza el castillo de San Salvador de Hano.
Durante la guerra de la Independencia, en julio de 1812, la isla jugó un papel estratégico cuando las fuerzas británicas, aliadas de los españoles, la ocuparon. Desde allí, abrieron fuego con granadas contra las posiciones francesas en la península de la Magdalena, lo que permitió finalmente el desembarco de las tropas españolas en El Sardinero, un episodio clave en la liberación de Santander.
Pero sin duda, uno de los elementos más emblemáticos de la isla es su faro, que data del siglo XIX, durante el reinado de Isabel II. Este faro, que ayudaba a guiar a los navegantes a través de las aguas turbulentas de la bahía, fue operado por fareros hasta 1921, cuando fue automatizado. Hoy, su luz sigue siendo un símbolo del paso del tiempo, aunque la isla permanece deshabitada, a excepción de las especies que allí encuentran su hogar.
La Isla Hoy
La Isla de Mouro es un lugar de difícil acceso, lo que ha permitido que se conserve en su estado casi virginal. Los visitantes más aventureros pueden acceder a la isla a través del agua, siendo los buceadores quienes más aprecian sus ricos fondos marinos. Aunque el tiempo ha pasado y el paisaje ha cambiado, la isla sigue siendo un lugar que conecta la historia, la naturaleza y la tradición. Desde el faro que aún emite su luz a la planta curativa del Perejil de Mar, cada rincón de la isla guarda secretos antiguos que resuenan con la vida que un día habitó sus costas.
La Isla de Mouro sigue siendo una joya escondida en el corazón de la bahía de Santander, un testimonio vivo de la relación entre el ser humano y la naturaleza, que con el paso del tiempo sigue cautivando a quienes tienen el privilegio de conocerla. En sus piedras y aguas, se entrelazan historia, flora, fauna y leyendas, creando un lugar único e irrepetible en el paisaje cántabro.

