izquierda y derech

Franco y... Cuando las políticas absurdas de la izquierda se las traga la derecha

Mientras la izquierda agitó durante años la bandera de la memoria histórica, ahora es la derecha quien ejecuta sus medidas más simbólicas. La retirada de los honores a Franco en Santander no solo marca un cambio político, sino que desnuda una paradoja ideológica: cuando lo que antes se tachaba de “absurdo” se convierte en estrategia de gobierno.

Operarios retiran en 2008 la estatua ecuestre de Francisco Franco ubicada en Santander, uno de los últimos monumentos públicos al dictador en España. La escultura fue desmontada tras años de polémica y debate político.
Operarios retiran en 2008 la estatua ecuestre de Francisco Franco ubicada en Santander, uno de los últimos monumentos públicos al dictador en España. La escultura fue desmontada tras años de polémica y debate político.

Cincuenta años después de su muerte, el dictador Francisco Franco ha sido oficialmente despojado de todos sus honores en Santander. La noticia, publicada este miércoles en el Boletín Oficial de Cantabria (BOC), marca un giro que no solo es simbólico, sino también profundamente revelador: la derecha institucional, aquella que históricamente se ha mostrado ambigua o reticente respecto a la figura de Franco, termina ejecutando una medida que durante años fue bandera exclusiva de la izquierda.

La ironía no pasa desapercibida: una política nacida del discurso progresista —la supresión de homenajes a figuras del franquismo— es finalmente aplicada por gobiernos municipales controlados por el Partido Popular, bajo la presión legal de una Fiscalía que ha llegado a calificar de "rebeldía" la inacción previa.

¿De quién es ahora la memoria?

Lo que en otro tiempo fue tachado de "revisionismo ideológico" o "guerra contra el pasado" ahora es asumido sin estridencias por sectores que antaño alzaban la ceja. ¿Es esto un triunfo de la coherencia democrática, o simplemente el reflejo de una política instrumentalizada por unos y asumida por otros cuando conviene?

Lo cierto es que la estatua de Franco, protegida por estructuras metálicas y almacenada en el depósito municipal de Cajo, se convierte en metáfora perfecta: el franquismo como carga histórica, encerrado, oculto, pero aún custodiado por instituciones que se debaten entre el deber legal y el temor al ruido mediático.

La paradoja ideológica: la derecha ejecutando el legado de la izquierda

La pregunta que muchos ciudadanos se hacen no es si Franco merece o no honores —una cuestión resuelta jurídicamente—, sino por qué estas decisiones llegan con décadas de retraso y en manos de quienes más se resistieron a tomarlas. ¿Estamos ante una reconciliación histórica real o ante una absorción cínica de las banderas del contrario?

El caso de Santander revela una tendencia nacional: políticas de la izquierda, desde la memoria histórica hasta la sostenibilidad o la regulación del espacio público, son progresivamente digeridas —con matices o sin ellos— por una derecha que aprende a gobernar también desde el pragmatismo simbólico.

¿Cómo sucedió la retirada de honores a Franco en Santander?

El pasado 24 de abril de 2025, el Pleno del Ayuntamiento de Santander aprobó, con los votos del Partido Popular (PP) y la abstención del PSOE, PRC e IU, la revocación de todos los títulos y distinciones otorgados a Francisco Franco y Luis Carrero Blanco, en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática. Vox fue el único partido que votó en contra. La decisión incluye la retirada de la Medalla de Oro, la Llave de Oro de la ciudad y el título de Alcalde Honorario concedidos entre 1946 y 1974. La alcaldesa Gema Igual (PP) admitió que el proceso, aunque legalmente obligatorio, resulta “divisivo e incómodo”, pero aseguró que se ha seguido con transparencia.

Lo absurdo y lo estratégico

Las llamadas “políticas absurdas de la izquierda” parecen dejar de serlo cuando es la derecha quien las implementa. La coherencia ideológica, al final, se ve superada por la necesidad de evitar enfrentamientos legales, perder votos o quedar mal en las encuestas.

La política española, una vez más, convierte lo simbólico en utilitario. Y mientras tanto, la figura de Franco se convierte en eso que los políticos manejan a conveniencia: una estatua movida de lugar, pero nunca completamente enterrada.

 

Comentarios