La chocolatería Áliva: tradición, calidad y un ambiente familiar
La chocolatería Áliva, en Santander desde 1962, combina tradición, calidad y un ambiente familiar. Con recetas únicas y un trato cercano, es un rincón emblemático donde sentirse como en casa.
En pleno centro de Santander, en la calle Daoiz y Velarde, 7 , se encuentra la chocolatería Áliva , un lugar que ha sido testigo del paso del tiempo desde su fundación en 1962 . Más que un negocio, este local se ha convertido en un refugio para los amantes del buen chocolate , los churros y la calidez humana . Con más de seis décadas de historia, Áliva ha sabido mantener su esencia mientras se adapta a los nuevos tiempos.
La chocolatería fue fundada por la familia Cabrero López-Dóriga, quienes gestionaron sus primeros años. Posteriormente, la traspasaron a Santiago de Diego, que consolidó su reputación durante 12 años . Más tarde, fue adquirido por José Antonio, el padre de Sergio, quien modernizó el negocio durante 22 años. Ahora, la responsabilidad recae en Sergio, que lleva cuatro años liderando el local.
«Me siento como en casa», confiesa Sergio. Esa sensación de hogar no solo es algo que él percibe, sino también lo que busca transmitir a cada cliente . «Queremos que la gente que entra no sienta que está en un negocio, sino en su casa , rodeada de amigos o familiares» , explica. Este ambiente acogedor es una de las claves del éxito de la chocolatería.
La fórmula del éxito: calidad y tradición
Uno de los pilares de la chocolatería son sus churros , elaborados con una combinación especial de dos tipos de harina. Sergio explica que alcanzar la fórmula perfecta no fue fácil, pero valió la pena. «Los freímos en aceite de orujo de oliva , que potencia su sabor», detalla.
Este enfoque en la calidad también se refleja en el chocolate , cuya fórmula exclusiva fue desarrollada junto con una empresa de Palencia . «Es una mezcla de cacao, vainilla, canela y azúcar, y tenemos la patente» , comenta con orgullo.
La apuesta por ingredientes de primera calidad incluye también los bizcochos caseros , elaborados por la madre de Sergio. «Cada vez que entras en casa de mis padres, huele a bizcocho. Son los mejores que se pueden probar» , asegura. Además, ofrecen bocadillos elaborados con pan de una empresa local de Reinosa .
Un equipo que es una familia
El equipo detrás de la chocolatería es tan especial como sus productos. Está compuesto por Sergio y sus padres, José Antonio y Lourdes , pilares del negocio. También cuentan con Fidel , uno de los camareros de barra más veteranos, y Andrés , encargado de preparar el chocolate .
Adaptándose a los nuevos tiempos
Aunque la chocolatería mantiene una esencia tradicional , Sergio reconoce que adaptarse a los nuevos tiempos es un desafío constante. «No somos muy activos en redes sociales, pero intentamos mejorar en lo que podemos» , explica.
Un rincón que trasciende el tiempo.
Desde 1962 , la chocolatería Áliva se ha mantenido como un lugar especial en Santander. Un espacio donde las tradiciones se mantienen vivas , los productos se elaboran con mimo y cada cliente es tratado con cercanía y calidez .
Cuando se le pide que define la chocolatería en una sola palabra, Sergio no duda: «Casa» . Y es que esa palabra encapsula todo lo que Áliva representa .
No importa si es para disfrutar de unos churros recién hechos , un chocolate caliente o un bizcocho casero , los visitantes siempre encontrarán aquí un rincón donde sentirse cómodos, bienvenidos y felices .
Así, la chocolatería Áliva sigue escribiendo su historia , conquistando paladares y corazones con cada día que pasa. Un lugar único , donde la tradición y la calidez se unen para crear algo realmente especial .