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Así es el Palacio de la Magdalena, el icono que domina la bahía

Fotografía de archivo del Palacio de la Magdalena. / Alerta

Nacido como regalo de la ciudad a Alfonso XIII, el Palacio de la Magdalena guarda historias de reyes, guerras, cultura y cine

Dominando la bahía de Santander desde su privilegiada ubicación en la península de la Magdalena, el Palacio de la Magdalena es mucho más que un edificio noble: es un símbolo de la ciudad, un testigo de su historia contemporánea y un enclave cultural y natural que deslumbra a visitantes de todo el mundo.

Un regalo de la ciudad a la corona

El Palacio fue construido entre 1908 y 1912 como regalo de la ciudad de Santander al rey Alfonso XIII y su esposa, la reina Victoria Eugenia, para que pudieran disfrutar de estancias veraniegas junto al mar. Financiado por suscripción popular y diseñado por los arquitectos Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho, el edificio fue concebido como un refugio regio, pero sin la ostentación de los grandes palacios europeos. Su estilo ecléctico, con influencias inglesas y montañesas, combina piedra de sillería, techos de pizarra a dos aguas y detalles neogóticos.

Desde 1913 hasta 1930, la familia real utilizó el palacio cada verano, consolidando así la imagen de Santander como destino vacacional de prestigio y contribuyendo al desarrollo de la ciudad como enclave turístico.

De residencia real a espacio público

Tras la proclamación de la Segunda República, en 1931, el Palacio fue expropiado, y durante la Guerra Civil fue utilizado como hospital y escuela. En 1949, el Ayuntamiento de Santander cedió el edificio a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), que desde entonces organiza allí sus cursos de verano, con presencia habitual de personalidades de la ciencia, la política, la literatura y las artes.

En la actualidad, el Palacio es propiedad municipal y está abierto al público. Se celebran en él eventos institucionales, bodas, conferencias, visitas guiadas y rodajes cinematográficos. De hecho, fue escenario de la popular serie española Gran Hotel.

Arquitectura e interior

El edificio cuenta con una planta irregular, adaptada al terreno, y dispone de más de 70 habitaciones, entre salas nobles, despachos, salones de té y dormitorios. Uno de sus espacios más llamativos es el Salón de Baile, con suelos de madera noble, grandes ventanales con vistas al mar y una espectacular lámpara de araña.

Otros elementos destacados incluyen:

  • La escalera principal de roble, que conecta los diferentes niveles del palacio.

  • La sala Alfonso XIII, decorada con retratos de la familia real.

  • La biblioteca, en la que se conservan libros y documentos históricos.

  • El mobiliario original, de estilo inglés y francés, cuidadosamente restaurado.

Los jardines y la península

El Palacio se encuentra rodeado por un extenso parque de 25 hectáreas en la Península de la Magdalena, uno de los espacios más queridos por los santanderinos. Desde sus senderos y miradores se disfrutan panorámicas espectaculares de la bahía de Santander, el Sardinero y la isla de Mouro.

Dentro de este espacio natural también se pueden visitar:

  • Las Caballerizas Reales, hoy transformadas en residencia universitaria.

  • El mini zoo marino, donde habitan focas, pingüinos y leones marinos.

  • Tres galeones de madera, réplicas de las carabelas de Vital Alsar, abiertas al público.

  • El Faro de la Cerda, en el extremo de la península.

Además, durante el verano se celebra en los jardines el popular Festival Internacional de Santander, que ofrece conciertos al aire libre en un entorno incomparable.

Visitas y actividades

El Palacio de la Magdalena puede visitarse mediante visitas guiadas (en español, inglés y francés), que permiten descubrir sus salones, su historia y su papel en la evolución de Santander como ciudad de referencia turística y cultural.

El Palacio de la Magdalena no es solo un monumento histórico, sino una parte viva de la identidad de Santander. Es un lugar para perderse entre acantilados y jardines, para imaginar a los reyes paseando junto al Cantábrico, o para asistir a un evento cultural en un entorno digno de postal. Si viajas a Santander, no puedes marcharte sin pisar la península y dejar que el viento del norte te cuente su historia.