Antes de ser un lugar emblemático, este rincón de Santander estuvo cubierto por agua
Ubicada en el corazón de Santander, la Plaza Pombo es uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad, un espacio que combina historia, tradición y un fuerte vínculo con la vida cotidiana de sus habitantes. Lo que hoy es una de las plazas más queridas por los santanderinos, en el pasado tuvo una relación muy diferente con el paisaje urbano. Antes de que la ciudad se expandiera y ganara terreno al mar, las aguas del Cantábrico llegaban hasta la Plaza de Pombo, configurando un entorno muy distinto al que conocemos hoy en día.
Un Proyecto Urbano Visionario
La transformación de esta zona se debe en gran parte a Juan Pombo, una figura clave en el desarrollo urbanístico de Santander en el siglo XIX. Pombo promovió la modernización del área, impulsando la construcción de edificios y reconfigurando el entorno para convertirlo en un centro neurálgico de la ciudad. Desde la calle del Martillo, diseñó grandes edificaciones que marcaron la fisonomía del actual centro santanderino. Como gesto de generosidad hacia la ciudad, cedió los terrenos de la plaza al municipio con la condición de que nunca se edificara sobre ellos, garantizando así un espacio abierto para la comunidad.
Uno de los edificios más destacados que se encuentran en la plaza es el Real Club de Regatas de Santander, también conocido como La Casa Pombo. Originalmente, este edificio fue la residencia de Juan Pombo, pero con el tiempo se convirtió en la sede de la sociedad recreativa más antigua de la ciudad. Fundado en 1870, el Club de Regatas ha sido un punto de referencia para los amantes de los deportes náuticos y un símbolo de la estrecha relación de Santander con el mar.
Evolución y Expansión: De la Orilla del Mar a Plaza Central
Aunque en la actualidad la Plaza Pombo se encuentra en el centro de Santander, en sus orígenes estaba mucho más cerca del mar. Durante siglos, la ciudad tenía un litoral más pronunciado, y el agua llegaba prácticamente hasta esta zona. Con el paso del tiempo, las sucesivas obras de ampliación y modernización fueron desplazando la línea de costa, ganando terreno al mar y permitiendo el desarrollo de nuevas infraestructuras. Este proceso de expansión fue clave para la consolidación de Santander como una ciudad moderna y bien estructurada.
El impacto de Juan Pombo no se limitó únicamente a la plaza. En 1861, comenzó la edificación de dos manzanas con dos casas cada una, dando forma a una nueva imagen urbana. Más adelante, en 1877, construyó una casa adicional en la calle de la Marina, fortaleciendo el crecimiento de la ciudad en esta zona estratégica. Además, su influencia llegó hasta el ámbito religioso, ya que contribuyó a la edificación de la Iglesia de Santa Lucía y, más tarde, a la construcción de la Capilla de San Roque.
Un Espacio Vivo y Tradicional
Hoy en día, la Plaza Pombo es mucho más que un punto de referencia histórica; es un lugar lleno de vida y actividad. Durante décadas, ha sido un espacio de encuentro para los santanderinos, y una de sus tradiciones más arraigadas es el intercambio de cromos los domingos por la mañana. Este rito, que ha pasado de generación en generación, sigue atrayendo a niños y coleccionistas que buscan completar sus álbumes en un ambiente animado y familiar.
A su alrededor, la plaza cuenta con cafeterías, comercios y alojamientos con encanto, como el Plaza Pombo B&B, que permite a los visitantes hospedarse en una ubicación privilegiada dentro de la ciudad.
A pesar de los cambios que ha experimentado a lo largo de los años, la Plaza Pombo sigue conservando su esencia y su historia. Lo que un día fue un punto de encuentro entre la tierra y el mar, hoy es un lugar lleno de recuerdos y tradiciones, donde el pasado y el presente conviven en perfecta armonía. Para quienes visitan Santander, recorrer esta plaza es sumergirse en la historia viva de la ciudad y descubrir un espacio que sigue siendo testigo del tiempo y de la evolución de la capital cántabra.

