Salud

Ni pastillas ni dietas largas: así actúa la avena sobre el colesterol

Un estudio alemán demuestra que una dieta intensiva de avena durante dos días reduce el colesterol LDL, mejora el metabolismo y genera efectos duraderos gracias al microbioma intestinal.
Un recipiente con avena. / EP
Un recipiente con avena. / EP

Una dieta a corto plazo basada en la avena puede ser altamente eficaz para reducir el colesterol LDL y mejorar parámetros metabólicos clave, según un ensayo clínico liderado por la Universidad de Bonn (Alemania) y publicado en la revista Nature Communications.

El estudio demuestra que una intervención dietética intensiva de solo dos días, basada casi exclusivamente en avena, produce mejoras significativas en personas con síndrome metabólico, efectos que se mantienen incluso seis semanas después.


Pacientes con síndrome metabólico, el foco del estudio

Los participantes padecían síndrome metabólico, un conjunto de alteraciones asociadas a un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, que incluye sobrepeso, hipertensión arterial, niveles elevados de glucosa y lípidos en sangre.

Durante dos días, los voluntarios siguieron una dieta hipocalórica compuesta casi exclusivamente por avena, mientras que un grupo de control realizó una restricción calórica similar, pero sin incluir este cereal.


La avena y su efecto sostenido sobre el colesterol

Los resultados fueron claros: aunque ambos grupos mejoraron, quienes consumieron avena experimentaron un efecto notablemente superior. El colesterol LDL, considerado el más perjudicial para la salud cardiovascular, se redujo en torno a un 10%, una disminución relevante desde el punto de vista clínico.

Además, los participantes perdieron una media de dos kilos de peso y registraron una ligera reducción de la presión arterial.


300 gramos de avena al día durante dos jornadas

En total, 32 hombres y mujeres completaron la intervención. Cada uno consumió 300 gramos de avena al día, hervida en agua y repartida en tres comidas. Solo se permitió añadir frutas o verduras, y la ingesta calórica se redujo aproximadamente a la mitad de lo habitual.

El grupo de control también siguió una dieta baja en calorías, pero sin avena, lo que permitió aislar el efecto específico de este alimento.


El papel clave del microbioma intestinal

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue el impacto de la avena en el microbioma intestinal. Según explica Linda Klümpen, autora principal del ensayo, el consumo del cereal incrementó la presencia de determinadas bacterias intestinales beneficiosas.

Estas bacterias producen metabolitos fenólicos, como el ácido ferúlico, al descomponer la avena. Estudios previos en animales ya habían demostrado que este compuesto tiene un efecto positivo sobre el metabolismo del colesterol, algo que ahora parece confirmarse en humanos.

Además, otros microorganismos reducen la histidina, un aminoácido que el organismo puede transformar en una sustancia asociada a la resistencia a la insulina.


Un método antiguo con respaldo científico moderno

Aunque los participantes no eran diabéticos, sí presentaban un riesgo elevado de desarrollar la enfermedad. La profesora Marie-Christine Simon, del Instituto de Nutrición y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Bonn, recuerda que el uso de la avena con fines terapéuticos no es nuevo.

A principios del siglo XX, el médico alemán Carl von Noorden ya empleaba este cereal para tratar pacientes con diabetes, una estrategia que cayó en desuso con la llegada de los tratamientos farmacológicos modernos.


¿Mejor mucha avena en poco tiempo que poca durante semanas?

Los investigadores observaron que una dieta prolongada de seis semanas, con solo 80 gramos de avena al día y sin restricción calórica, tuvo efectos mucho más modestos. En cambio, la intervención intensiva de dos días mostró beneficios claros y duraderos.

“Una dieta corta e intensiva a base de avena, repetida de forma periódica, podría ser una estrategia bien tolerada para mantener el colesterol en niveles normales y prevenir la diabetes”, señala Simon.

El siguiente paso será evaluar si este tipo de intervención, aplicada cada pocas semanas, puede tener un efecto preventivo permanente.

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