Solo 11 personas viven aquí... y uno llegó a ser alguien importante para Cantabria
La Cantabria rural está llena de historias que merecen ser contadas, pero pocas tienen un protagonista tan peculiar como Salceda, una aldea remota | Con once vecinos y una ermita en la montaña, el pueblo guarda la esencia más pura del norte
En lo alto del valle de Polaciones, a 1.050 metros sobre el nivel del mar, se esconde Salceda, una aldea casi detenida en el tiempo que apenas cuenta con once habitantes según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Este enclave remoto, rodeado de un paisaje de montañas agrestes, bosques densos y fauna salvaje, es el lugar que vio nacer a uno de los personajes más carismáticos y mediáticos de la política española: Miguel Ángel Revilla, expresidente de Cantabria.
Aislado entre sierras, y en pleno corazón de la Cordillera Cantábrica, Salceda representa una estampa tradicional de la vida rural del norte de España. Las casas, construidas en piedra y de dos pisos, están diseñadas con una lógica ancestral: el ganado se resguarda en la planta baja para proporcionar calor al hogar durante los crudos inviernos. En su entorno natural, aún pueden encontrarse especies como osos pardos, lobos, ciervos y otras criaturas típicas del ecosistema cántabro. Todo ello convierte a esta localidad en un espacio valorado por los amantes de la naturaleza y también por los aficionados a la caza.
Sin iglesia en el núcleo, pero con una ermita en las alturas
Un rasgo distintivo de Salceda es la ausencia de una iglesia en el propio núcleo del pueblo. En su lugar, la vida religiosa y las celebraciones giran en torno a la Ermita de Nuestra Señora de la Sierra, situada en un monte desde el cual se domina el valle. Esta pequeña construcción del siglo XVIII conserva una lauda altomedieval con cruz y acoge cada año las fiestas patronales en honor a Santiago Apóstol, celebradas el 25 de julio.
Vistas sobrecogedoras y senderos por descubrir
A escasa distancia se encuentra uno de los miradores más espectaculares de la comarca, el de la Cruz de Cabezuela, desde donde se obtiene una vista panorámica del Parque Nacional de los Picos de Europa y de los montes de Liébana. Allí se alza una escultura que simboliza el encuentro entre un lebaniego y un purriego, como se conoce a los habitantes de Polaciones, marcando el nexo entre dos de las zonas más singulares de la región.
Salceda es, además, punto de partida ideal para quienes disfrutan del senderismo, gracias a una red de rutas de montaña que permiten descubrir el territorio en su estado más puro. El aislamiento geográfico del pueblo ha favorecido la conservación del paisaje, sin apenas presencia de infraestructuras modernas ni alteraciones urbanísticas.
Revilla y el orgullo de sus raíces
Miguel Ángel Revilla siempre ha reivindicado con orgullo su origen humilde en este rincón olvidado de Cantabria. Desde los micrófonos de televisión hasta la presidencia regional, ha convertido a Salceda en un símbolo de autenticidad. Incluso durante su mandato, destinó recursos públicos a la promoción de la comunidad cántabra, regalando latas de anchoas —producto estrella de la región— como embajadores gastronómicos de su tierra.
Actualmente, aunque reside en El Astillero, Revilla no pierde oportunidad para volver a su pueblo natal, al que define como “el corazón más puro de Cantabria”. En estos días, el nombre de Salceda vuelve a los titulares, no solo por su geografía singular o su historia silenciosa, sino también por la repercusión mediática tras la reciente denuncia del rey Juan Carlos I contra el expresidente por supuestas declaraciones ofensivas.
Mientras tanto, la aldea continúa, serena, entre bosques y cumbres, recordando a quienes la visitan que en ocasiones los pueblos más pequeños son los que guardan las historias más grandes.

