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El Diario de Cantabria

CABEZÓN DE LA SAL

Frenar al coronavirus

Instalaciones de Textil Santanderina en Cabezón de la Sal. / EFE
Instalaciones de Textil Santanderina en Cabezón de la Sal. / EFE
Frenar al coronavirus

La empresa Textil Santanderina, en su planta de Cabezón de la Sal, está llevando a cabo una campaña para distribuir tejido a vecinos que quieran confeccionar mascarillas en una producción excepcional con la que poner su granito de arena en la lucha contra el coronavirus.

De momento se han distribuido más de 10.000 unidades y se pretende llegar a las 50.000, un objetivo no muy lejano puesto que la media de producción diaria es de 3.000, según señalan a Efe fuentes de Textil Santanderina.

Al decretarse el estado de alarma, esta empresa anunció que pondría a disposición de quien quisiera el material con el que se confeccionan las mascarillas para coserlas, un mensaje que corrió como la pólvora por los grupos de WhatsApp, con un aluvión de interesados en ayudar que sobrepasó con creces la oferta.

Un trozo de tejido, gomas y alambres son los materiales que la empresa pone a disposición de aquellos que, con sus propias manos, cosen las mascarillas para que, una vez las tengan listas, se devuelvan a la Textil Santanderina para proceder a su esterilización y distribución adonde más falta hace.

Los puntos calientes hacia los que viajan estos productos sanitarios, una vez son transformados por vecinos o asociaciones como Amica, son sobre todo residencias de mayores, aunque también se facilitan a hospitales, servicios de ambulancias y ayuntamientos, para que estos a su vez los repartan entre quienes lo necesitan.

La Textil Santanderina es fabricante habitual de tejido de ropa sanitaria, y de hecho es proveedor desde hace unos treinta años de tejido del Ejército y la Guardia Civil, aunque en estos casos la producción sigue de forma normal y no ha sido necesario intensificarla ante la emergencia sanitaria.

Además, no es la primera vez que tiene que repartir materiales por la zona para ayudar por alguna causa, aunque sí que es novedoso el hecho de que lo tenga que hacer a causa de una pandemia.

Hasta ahora ha ayudado a diversos colectivos a desarrollar, por ejemplo, cabalgatas de Navidad, carnavales o diversas fiestas y actividades escolares, así como a países que están en vías de desarrollo como Nicaragua.

Por ejemplo, en 2019 donó 10.000 metros de tejido a diferentes asociaciones.

Así, trabaja ininterrumpidamente en la producción de un tejido destinado a la confección de mascarillas, que es una parte de una fibra que se produce a partir de una pulpa de origen vegetal, conocida en el mercado como Tencel, Cien por cien Lenzing Lyocell.

La utilización de este tejido en la confección de mascarillas hace que estas dificulten la transmisión de las secreciones respiratorias que se generan al hablar, al toser o al estornudar, por parte del usuario que la lleva, aunque estas no cumplen la legislación europea vigente de Equipos de Protección Individual ni la de producto sanitario.

Tras las fases de hilatura y de tejeduría de calada, el tejido pasa a su proceso de preparación, blanqueo y acabado, durante el que es sometido a temperaturas de 170 grados y mediante el cual se le aplican una serie de productos químicos que le confieren prestaciones de repelencia.

Se trata, además, de una solución textil sostenible y respetuosa con el medio ambiente, según informan desde la empresa.

A quienes reciben estos esbozos de mascarillas, se les recomienda lavar a temperatura máxima de 40 grados los materiales y se aconseja no hacerlo con lejía ni secarlo en la secadora, mientras que el planchado debe ser a una temperatura máxima de 150 grados.

Lo que sí admite es limpieza en seco con percloroetileno y se pide que se lave cada ocho horas de trabajo, y no más de tres veces durante su tiempo de vida útil.

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