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Un descubrimiento inesperado en Cantabria revela los restos de una antigua fortaleza

Camino del monte de las Secuoyas, otro de los emblemas de Cabezón. / A.S.
Un argayo en 2005 sacó a la luz lo que podría ser parte de una fortaleza perdida en Cantabria

La historia de Cantabria está marcada por la presencia de enclaves estratégicos que han servido, a lo largo de los siglos, como puntos de control y defensa en momentos clave de la evolución del territorio. Uno de estos vestigios es la fortificación medieval de El Pico de la Torre, un enclave que, pese a haber sufrido alteraciones y expolios, conserva indicios que sugieren su relevancia histórica en la Edad Media.

Descubrimiento y Características del Yacimiento

A finales de 2005, un argayo en la ladera meridional del Pico de la Torre, en el barrio de Salines, dejó al descubierto una estructura muraria que, tras ser documentada, reveló una parte de la antigua fortificación. Se trata de un muro con una esquina en ángulo obtuso, de 1,20 metros de grosor y una longitud de 4,50 metros, que parece formar parte de un perímetro mayor enterrado bajo la superficie actual.

El estudio de la topografía de la cumbre, basado en fotografías antiguas, sugiere que el muro documentado podría corresponder a los cimientos de una muralla perimetral de planta aproximadamente octogonal, delimitando una superficie de unos 1.800 metros cuadrados. En su centro, según indica el topónimo "Pico de la Torre", debió alzarse una torre principal, cuya silueta incluso figura en el escudo heráldico de la localidad. Sin embargo, cualquier vestigio de esta torre parece haber desaparecido en 1994, cuando el Ayuntamiento de Cabezón de la Sal construyó en el mismo lugar el actual "Monumento a los Artistas Cántabros", una estructura de hormigón que hoy domina la cima del cerro.

Evidencias Arqueológicas

Los restos cerámicos hallados en el lugar confirman la existencia de ocupación medieval, aunque con una cronología aún por definir. Entre los fragmentos recuperados se encuentran piezas lisas y estriadas de cerámica medieval, con bases planas y cuerpos globulares, característicos de producciones en ambiente reductor-oxidante. Sin embargo, la mayor parte del material cerámico pertenece a una cronología más tardía, incluyendo fragmentos de loza vidriada y esmaltada en blanco de estaño, característicos de la Edad Moderna y Contemporánea.

Adicionalmente, en el extremo noroeste del cerro, dentro de la parcela municipal, han aparecido restos de un muro construido con sillería irregular, conservando dos o tres hiladas visibles. La prolongación de estos fragmentos sugiere que la fortificación original pudo extenderse también por parcelas privadas colindantes, lo que podría aportar más información sobre la extensión y características del recinto si se realizaran excavaciones más amplias.

Un Punto de Control sobre las Salinas Medievales

El control de los recursos naturales fue un factor clave en la configuración del territorio medieval, y en este caso, la fortificación del Pico de la Torre parece haber desempeñado un papel estratégico vinculado a las salinas de Cabezón de la Sal.

Las referencias documentales más antiguas sobre la zona refuerzan esta hipótesis. En el año 853, un documento menciona las salinas en la donación de Santa María de Yermo a San Salvador de Oviedo, incluyendo los dominios de San Pedro de Cabezón. Posteriormente, en 966, otro documento hace referencia a un distrito castral denominado “patria cabeçone”, lo que indica la existencia de un territorio organizado en torno a un centro de poder feudal.

Este contexto permite formular la hipótesis de que la fortificación del Pico de la Torre fue en su origen un punto de vigilancia y control sobre las salinas, con una posible función defensiva y administrativa en la Alta Edad Media. Sin embargo, la falta de excavaciones sistemáticas hace que esta teoría aún deba ser demostrada mediante futuros estudios arqueológicos.

A pesar de la destrucción parcial del enclave y de la falta de investigaciones profundas, los indicios documentales y arqueológicos sugieren que el Pico de la Torre fue un punto clave en la organización del territorio medieval en Cantabria. Su relación con el control de las salinas, su posible función castral y la presencia de estructuras defensivas lo convierten en un lugar de gran interés histórico.

El reto ahora es promover una mayor protección y estudio del sitio, para esclarecer su papel en la historia de la región y evitar que los vestigios que aún quedan desaparezcan sin haber sido debidamente documentados.