cultura e historia

Viaja al pasado más desconocido de Cantabria: Así son los grabados milenarios que siguen resistiendo

El Conjunto de Cabrojo es una pieza fundamental para comprender la continuidad cultural desde la Prehistoria hasta las primeras sociedades metalúrgicas en Cantabria
Una persona andando en bici al lado del río Saja en Cabrojo. / A.C.
Una persona andando en bici al lado del río Saja en Cabrojo. / A.C.

El Conjunto de Arte Rupestre de Cabrojo constituye uno de los referentes más destacados del arte esquemático post-paleolítico en Cantabria. Situado en las inmediaciones de la localidad de Cabrojo, en el municipio de Cabezón de la Sal, este yacimiento reúne una serie de estaciones rupestres que evidencian la continuidad de la actividad simbólica y ritual en la región tras el esplendor del arte paleolítico, siendo uno de los primeros conjuntos descubiertos en la comunidad autónoma.

Descubierto en el año 1921 por el padre Jesús Carballo, el enclave quedó en un segundo plano durante décadas, eclipsado por el interés que entonces despertaban las manifestaciones paleolíticas de la región. A pesar de la importancia de los hallazgos, la polémica académica y las tensiones entre investigadores de la época contribuyeron a que su relevancia quedara parcialmente relegada. No sería hasta los años ochenta cuando, gracias a los trabajos del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Cantabria, dirigido por Rodrigo de Balbín, se retomaron las investigaciones, localizándose nuevos grabados y recuperándose parcialmente el conocimiento del sitio.

Un conjunto disperso y de gran riqueza

El Conjunto de Cabrojo está integrado por varias estaciones de grabados rupestres localizadas en afloramientos de arenisca próximos entre sí. Entre los enclaves más relevantes destacan:

  • La Braña de Los Pastores: Fue el primer conjunto identificado y también el más dañado, debido principalmente a la apertura de una pista forestal que afectó gravemente a los grabados en 1988. Se conservan alineaciones de cazoletas, representaciones ancoriformes y una figura antropomorfa de unos 70 centímetros de altura.

  • Peñas Tasugueras: En este sector destacan las cazoletas y una singular cruz griega de unos 11 centímetros de longitud.

  • Abrigo de Peñas Negras: Tal vez el enclave más espectacular del conjunto, alberga trazos, cruces, motivos geométricos y cazoletas, además de profundos agujeros excavados que podrían haber servido para insertar elementos rituales.

  • Rozadias: Se trata del panel más oriental del conjunto, donde destacan dos podomorfos dispuestos en paralelo, además de otros motivos típicos del arte esquemático.

Una cronología que abarca milenios

Los estudios realizados permiten situar la creación de los grabados de Cabrojo desde la Prehistoria Reciente hasta los inicios de la Edad del Hierro. La perduración de la actividad simbólica a lo largo de los siglos muestra la importancia ritual del enclave para las comunidades que habitaron y transitaron la zona.

Asimismo, recientes hallazgos aislados en el entorno, como útiles líticos del Paleolítico, confirman la presencia humana continuada en el área desde tiempos muy remotos, aunque la principal fase de actividad rupestre corresponde a los momentos finales de la Prehistoria.

Un patrimonio amenazado

Pese a su importancia, el Conjunto de Cabrojo ha sufrido un notable abandono institucional. A los daños derivados de la apertura de infraestructuras forestales se suman los actos vandálicos, como la destrucción intencionada de parte de los grabados en los años noventa. Aunque en 2013 el conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), esta figura de protección no se ha traducido en acciones eficaces de conservación y puesta en valor.

El entorno continúa expuesto a amenazas como la presencia de eucaliptales cercanos y el tránsito de maquinaria pesada, lo que ha impedido consolidar medidas reales de protección para un enclave que debería considerarse prioritario dentro del patrimonio arqueológico de Cantabria.

Un recurso cultural desaprovechado

A pesar de su enorme potencial, el Conjunto de Cabrojo sigue siendo un gran desconocido tanto para los habitantes de Cantabria como para los visitantes. Su puesta en valor permitiría no solo preservar este valioso testimonio del pasado, sino también integrarlo en las rutas culturales y turísticas de la región, ofreciendo al público la posibilidad de conocer uno de los pocos conjuntos de arte esquemático post-paleolítico conservados en el norte peninsular.

Visitar Cabrojo no solo supone aproximarse a un conjunto de grabados prehistóricos, sino también tomar conciencia del reto que supone preservar la memoria material de aquellas sociedades que, hace milenios, plasmaron en la roca sus símbolos, creencias y formas de entender el mundo.

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