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Así es el lugar de Cantabria donde "el Diablo dejó caer las piedras del acueducto de Segovia"

Un paraíso para senderistas, fotógrafos y buscadores de lo auténtico
Sejos es una zona concurrida por los amantes de la naturaleza. / A.E.
Sejos es una zona concurrida por los amantes de la naturaleza. / A.E.

Entre los altos relieves de la Sierra del Cordel, en plena Cantabria central, se extiende un paisaje tan ancestral como vibrante: los Puertos de Sejos, un enclave natural y cultural que aúna historia, etnografía, arqueología y naturaleza en estado puro. Enclavado entre los municipios de Polaciones, Tudanca, Los Tojos y Campoo de Suso, y protegido dentro del Parque Natural del Saja-Besaya, este espacio es uno de los lugares más enigmáticos y valiosos del norte peninsular.

Territorio de leyendas, pastores y piedras milenarias

El topónimo “Sejos” deriva del latín saxus, “peña”, y no es casual: este altiplano, que se alza entre los 1300 y los 1600 metros de altitud, está salpicado de bloques erráticos, conocidos como los Cantos de la Borrica, arrastrados por antiguos glaciares que dejaron en la pradera huellas de su colosal tránsito. Uno de estos cantos parece sujetado por una cabaña pastoril, como si temieran que pudiera rodar colina abajo: símbolo perfecto del diálogo entre naturaleza e ingenio humano.

Los pastos de verano de Sejos llevan siglos —desde al menos el siglo IX— acogiendo al ganado de los valles en una práctica ancestral conocida como “la braña”. La gestión compartida por los municipios mancomunados de Campoo-Cabuérniga mantiene vigente esta tradición, que aún se celebra con la bajada ganadera del otoño: la Pasá de Carmona y la Campaná de Valle.

Santuarios de piedra y cielo abierto

Uno de los mayores tesoros de este enclave se encuentra en el Collado de Sejos, donde cinco menhires caídos (y otro semilevantado, la llamada Piedra Jincá) forman parte de lo que se presume fue un crómlech prehistórico de más de 4500 años. Este conjunto megalítico, conocido como la Estación del Collado de Sejos-Cuquillo, fue declarado Bien de Interés Cultural en 2013 y constituye uno de los restos arqueológicos más relevantes de la Edad del Bronce en el norte ibérico.

Estas piedras, aún hoy envueltas en misterio, están impregnadas de leyendas como la que recogió José María de Cossío, quien afirmaba que los cantos megalíticos de Sejos fueron piedras que el Diablo intentó trasladar para construir el acueducto de Segovia… y que aquí se le cayeron.

Paisaje sonoro y vida salvaje

Recorrer Sejos es sumergirse en una sinfonía natural. El silencio es absoluto, solo roto por el viento, el rumor de los arroyos o el sonido de los campanos del ganado. Entre sus praderas habitan o sobrevuelan algunas de las especies más emblemáticas de la fauna ibérica: águilas reales, buitres leonados, lobos, osos, ciervos, jabalíes, tejónes y hasta el esquivo urogallo. Una red viva que recuerda que esta tierra es todavía territorio de lo salvaje.

Las cabañas pastoriles, algunas centenarias, salpican el paisaje y sirven de refugio tanto a los pastores como a los caminantes que alcanzan estas alturas. La vegetación alpina, los matorrales de brezo y aliagas y los prados ricos en biodiversidad dibujan un tapiz natural que cambia con cada estación.

Relatos en la literatura

Los Puertos de Sejos han fascinado a escritores desde el siglo XIX. José María de Pereda los describe con crudeza en Peñas arriba, donde compara sus llanuras y roquedos con “una piel de leproso”. Rosario de Acuña, en 1898, encuentra descanso bajo un haya mientras contempla la bravura del paisaje; Amós de Escalante y José María de Cossío también les dedican líneas admiradas, reconociendo su carácter épico y legendario.

Cómo llegar y recorrerlos

Las rutas que conducen a Sejos son tantas como sus encantos. Algunas de las más destacadas son:

  • Desde Palombera, por la pista forestal de Bustandrán.

  • Desde Uznayo, en el valle de Polaciones.

  • Desde el Pozo del Amo, atravesando la espectacular Canal de Cureñas, una de las más bellas y agrestes del entorno.

Cada senda ofrece una experiencia distinta, pero todas convergen en un mismo espíritu: el de la conexión profunda con un paisaje que aún conserva el pulso de la historia y el latido de la naturaleza.

Un tesoro de Cantabria que hay que descubrir con respeto

Los Puertos de Sejos no son solo un lugar donde hacer senderismo o buscar vistas. Son una reserva emocional y cultural, un espacio donde el tiempo parece plegarse sobre sí mismo. Aquí, donde los menhires miran al cielo y el ganado rumia en silencio, se custodia una parte esencial del alma de Cantabria. Visitar Sejos es escuchar a los antiguos y recordar, aunque sea por unas horas, cómo era vivir en equilibrio con la tierra.

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