El odio pinta las paredes de Suances: “Cayetanos fuera”
En un año donde Cantabria ha vuelto a destacar como destino nacional de primer orden, la belleza de enclaves como la Playa de los Locos en Suances ha quedado empañada por un fenómeno preocupante: el auge del odio político a pie de acera.
Varios contenedores y estructuras del puesto de la Cruz Roja han sido vandalizados con frases como “Cayetanos fuera” y “Cantabria no es infinita”, en referencia despectiva a los visitantes madrileños o de clase media-alta, convertidos ahora en diana de una narrativa excluyente y radicalizada.
El graffiti como termómetro del malestar
Las imágenes, difundidas en redes sociales y medios locales, han reavivado un debate social incómodo: ¿hasta qué punto la turismofobia y el discurso político agresivo están calando en la convivencia cántabra?
Algunas de las pintadas más recientes van incluso más allá del insulto: “Cayetanos a tomar x culo. Viva Suances”, reza una de ellas, junto a emblemas y colores asociados a sectores radicales de ultraizquierda.
Desde el Ayuntamiento, fuentes consultadas por eldiarioalerta.com aseguran que se han iniciado labores de limpieza, pero reconocen que la raíz del problema es mucho más profunda.
¿Quiénes son los “Cayetanos”? Un enemigo fabricado
El término “Cayetano”, nacido en redes sociales y promovido por sectores de la izquierda más radical, ha dejado de ser una burla inofensiva para convertirse en una etiqueta tóxica. Apunta a jóvenes urbanos de clase alta, principalmente del centro del país, a quienes se atribuyen —sin más prueba que la percepción— comportamientos elitistas, contaminantes o ajenos al “espíritu del norte”.
Una simplificación que esconde una peligrosa carga ideológica: la criminalización del diferente, del que viene de fuera, del que habla con otro acento o viste con otra marca.
Una identidad manipulada desde los extremos
La campaña “Cantabria no es infinita”, parodia del lema oficial de la región, ha sido utilizada para justificar ataques vandálicos y un revisionismo territorial excluyente. Bajo la bandera del “veraneo responsable” se cuelan mensajes que rayan el odio de clase y la fractura civil.
Y todo ello en nombre de una supuesta autenticidad local que ni todos comparten ni todos defienden. Porque Cantabria, históricamente tierra de acogida y hospitalidad, no puede ser rehén de quienes siembran el enfrentamiento con brocha gorda y consignas sectarias.
¿Turismo o enemigo interno?
El fenómeno no es exclusivo de Suances. En otros puntos de la región como Comillas, Somo o Loredo, se han detectado mensajes similares durante los meses estivales. Un patrón que preocupa tanto a empresarios turísticos como a vecinos que ven cómo el mensaje de bienvenida se sustituye por la trinchera ideológica.
“Nos cuesta atraer gente en invierno, y en verano la señalamos como enemigos”, lamentaba un hostelero en declaraciones recogidas en un reportaje anterior de este diario.
Una advertencia para la convivencia
Las pintadas se borrarán. Las heridas sociales no tanto. Cantabria no puede permitirse normalizar el sectarismo ideológico ni convertir sus espacios públicos en lienzos del odio. Ni “Cayetanos” ni “puretas locales”: todos caben en una tierra que ha sido siempre más sabia que sus extremos.
La política no puede convertir a los vecinos en enemigos. Ni a los turistas en culpables. Es tiempo de reconstruir desde la razón, no de destruir con consignas.