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El pueblo cántabro donde el invierno se vive como en la Belle Époque

Este pequeño pueblo de Cantabria es un destino de invierno para quienes buscan historia, calma y experiencias con alma
Vista de la localidad de Solares. / A.S.
Vista de la localidad de Solares. / A.S.

Hay destinos que invitan al asombro y otros, como Solares, que susurran una elegancia antigua. En diciembre, cuando las luces navideñas titilan entre palacios históricos y la humedad del norte acentúa el olor a castañas, este pequeño pueblo de Medio Cudeyo se transforma en una postal viviente de la Belle Époque. La historia termal de sus aguas, los paseos lentos entre jardines decimonónicos y el ambiente recogido lo convierten en uno de los lugares más singulares para una escapada invernal en Cantabria.

Un corazón termal: el balneario de Fuencaliente

Desde el siglo XVIII, las aguas de Solares han sido valoradas por sus propiedades terapéuticas. En 1827 se levantó la primera casa de baños sobre el manantial de Fuencaliente, germen del actual Castilla Termal Solares, un hotel-balneario que conserva las líneas sobrias de la arquitectura termal decimonónica. Sus galerías acristaladas, salones señoriales y jardines centenarios recuerdan el tiempo en que la burguesía santanderina acudía en busca de salud, conversación y descanso.

Patrimonio y arquitectura: más palacios que habitantes

El Palacio de los Marqueses de Valbuena, el Palacio de los Rubalcaba, la ermita de San Pedro o el yacimiento medieval del Pico Castillo (BIC) trazan el mapa cultural de Solares. No es exagerado decir que este pueblo, con poco más de 3.000 habitantes, cuenta con más edificios nobles que algunas capitales de comarca. En ellos se adivinan las huellas de quienes apostaron por convertir la villa en un destino de referencia para el ocio refinado del norte de España.

Qué hacer en Solares: entre jardines y mitología

Más allá del balneario, Solares propone una forma de viajar a cámara lenta. El Parque Mitológico de la Mina Pepita, antigua explotación minera, conecta historia y leyenda con figuras de la mitología cántabra. Desde allí, parten rutas hacia el Macizo de Peña Cabarga o las marismas de Solía, espacios naturales que combinan el sosiego con el espectáculo de las aves migratorias. Para los caminantes, la Ruta Termal entre Solares y Liérganes (7 km) es una travesía de bienestar y memoria.

Gastronomía local: del balneario a la mesa

En la cocina de Solares se cruzan productos del Cantábrico —pescados, mariscos— con las carnes de ganaderías pasiegas y hortalizas de temporada. La oferta gastronómica apuesta por lo local, lo artesano y lo bien hecho. Desde quesos elaborados en el propio valle hasta platos tradicionales como alubias blancas, cocido montañés o dulces como las sobao pasiegos, Solares ofrece una experiencia sabrosa, sin artificios ni concesiones al turismo masivo.

Un lujo sin ostentación

Viajar a Solares en diciembre no es buscar fuegos artificiales, sino conectar con una forma antigua de descanso. Aquí el lujo es la calma, el vapor que sube de las piscinas termales mientras cae la lluvia, el silencio en un salón de columnas o una cena tranquila tras un paseo por jardines húmedos. Solares no necesita escaparates: es la confirmación de que el turismo en Cantabria puede ser elegante, íntimo y profundamente auténtico.

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