Naturaleza, leyenda y aventura en familia

El mejor plan para disfrutar de Cantabria con niños

Una ruta sin dificultad, con cascadas escondidas, una fuente que se apaga sola… y la promesa de vivir una aventura que parece irreal
Una de las cascadas de Lamiña. / A.E.
Una de las cascadas de Lamiña. / A.E.

En plena Reserva Natural del Saja, en uno de los entornos más verdes, tranquilos y hermosos de Cantabria, se encuentra una ruta que combina paisajes de cuento, accesibilidad familiar, leyendas cántabras y agua cristalina: el sendero hacia las Cascadas de Lamiña, culminado con una visita a la mágica Fuentona de Ruente.

Esta escapada, ideal para realizar con niños, ofrece una experiencia completa en la naturaleza, apta para todas las edades, sin dificultad técnica, pero con suficientes sorpresas como para despertar el interés de grandes y pequeños.

Punto de partida: el pueblo de Barcenillas

El inicio más habitual de la ruta se encuentra en Barcenillas, un pequeño pueblo del Valle de Cabuérniga que conserva la arquitectura tradicional de Cantabria, con casonas de piedra del siglo XVI, balconadas, calles empedradas y un ambiente sereno. También puede comenzarse desde Lamiña, un poco más al norte, pero Barcenillas suele ser la opción más popular para quienes van en familia por la calidad del camino.

Desde aquí parte una pista forestal bien trazada que bordea el arroyo Barcenillas, rodeada de robles, castaños, servales, avellanos y alisos. El murmullo constante del agua, el canto de las aves y el aroma a tierra húmeda acompañan a los caminantes en cada paso.

Una ruta pensada para todos

La ruta completa tiene una longitud aproximada de 8 kilómetros (ida y vuelta), pero puede reducirse si se accede en coche por la pista forestal hasta un claro señalizado, donde es posible aparcar sin molestar a vecinos o senderistas. De este modo, la distancia se acorta a poco más de 5 kilómetros, manteniéndose como una excursión accesible incluso para niños pequeños y personas mayores.

Es importante tener en cuenta que el último tramo no es apto para carritos, por lo que si se va con bebés o niños que aún no caminan, se recomienda llevar una mochila portabebés. El terreno es cómodo, con una pendiente suave, y durante gran parte del recorrido se camina por una pista ancha.

El último tramo de la senda es especialmente encantador. A medida que se avanza, se cruza el arroyo por pequeños pasos o vados naturales, se pasa junto a bosques mixtos de ribera y se empieza a escuchar a lo lejos el sonido del agua cayendo. Al final, tras un breve desvío señalizado, el sendero se estrecha y se adentra en un bosque húmedo y sombrío, hasta alcanzar las Cascadas de Lamiña, también conocidas como Cascadas de Úrsula.

Un espectáculo de agua y vegetación

Las Cascadas de Lamiña no son grandes ni ruidosas, pero sí bellísimas. Se trata de una serie de saltos de agua encadenados, rodeados por un bosque profundo y una vegetación densa que confiere al lugar una atmósfera casi mágica. Aquí el tiempo parece detenerse. El lugar invita a sentarse, descansar, hacer fotos, observar las libélulas y ranas, o simplemente escuchar el fluir del agua.

En temporada cálida, muchos visitantes se animan a meter los pies en las pozas, que, aunque frías, resultan muy tentadoras tras la caminata. En otoño, el espectáculo cromático de las hojas caídas sobre el agua crea una imagen de postal. Y en invierno o primavera, con más caudal, las cascadas adquieren mayor fuerza y belleza.

La Fuentona de Ruente: leyenda viva de Cantabria

A pocos kilómetros de las cascadas, en el vecino pueblo de Ruente, se encuentra uno de los lugares más singulares y emblemáticos de Cantabria: la Fuentona. Se trata de una surgencia natural de agua cristalina que da lugar al nacimiento de un afluente del río Saja, y que ha sido objeto de observación y fascinación durante siglos.

La particularidad de la Fuentona reside en que, de forma totalmente imprevisible, deja de manar agua durante horas, para luego volver a fluir con la misma intensidad. Este fenómeno, llamado “seca”, carece aún de una explicación científica definitiva, y ha dado pie a leyendas y mitos locales, siendo la más popular la de la Anjana, el hada protectora de los bosques cántabros, que se esconde en la cueva de la fuente.

El entorno de la Fuentona es perfecto para descansar tras la excursión. Dispone de zona de recreo con mesas, bancos y sombra, lo que lo convierte en un lugar muy apreciado por familias. Desde aquí se puede visitar también el Puente de Nueve Ojos, una construcción medieval que cruza el arroyo y añade al lugar un aire aún más legendario.

Es recomendable llevar agua, calzado cómodo, protección solar y algún tentempié, sobre todo si se viaja con niños. La ruta es practicable todo el año, aunque después de lluvias puede estar resbaladiza, por lo que conviene extremar la precaución. También es buena idea llevar ropa de repuesto si se planea mojarse en las pozas.

Una experiencia que queda en el recuerdo

La combinación de paisaje, historia, naturaleza, leyenda y accesibilidad convierten esta excursión en una de las más completas de Cantabria para realizar en familia. Es una inmersión en la belleza más auténtica, donde los niños pueden conectar con el bosque, con el agua y con los relatos que forman parte del alma de esta tierra.

Una caminata sencilla, entre árboles centenarios y riachuelos, coronada por un conjunto de cascadas escondidas y una fuente encantada. Así es la ruta de las Cascadas de Lamiña y la Fuentona de Ruente. No es solo una excursión. Es una forma de vivir Cantabria.

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