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Más allá de la costa: Las cinco joyas que no debes dejar de visitar en Cantabria

Vista aérea de Santillana del Mar. / A.S.
Cantabria no es solo mar. Sus montañas guardan tesoros que merecen ser explorados, pueblos que conservan su esencia y donde la historia sigue viva en cada piedra

Más allá de su espectacular costa y sus verdes praderas, Cantabria esconde en su interior pueblos con alma, lugares donde la historia ha dejado su huella en cada piedra, en cada puente de piedra, en cada casona montañesa. Montañas, ríos y tradiciones se entrelazan en estos cinco rincones de la geografía cántabra, donde el tiempo parece haberse detenido y donde cada calle empedrada cuenta una historia.

1. Liérganes: historia, arquitectura y leyenda

Liérganes es un pueblo de leyenda, y no solo por su impresionante conjunto histórico declarado Bien de Interés Cultural en 1978, sino porque en sus aguas nació una de las fábulas más fascinantes de Cantabria: la del Hombre Pez. Se dice que Francisco de la Vega, un joven aprendiz de carpintero del pueblo, desapareció en las aguas del río Miera en Bilbao y, años después, apareció en Cádiz con el cuerpo cubierto de escamas. Una estatua junto al puente recuerda su historia.

Más allá del mito, el casco antiguo de Liérganes es un auténtico museo al aire libre, con su arquitectura clasicista de los siglos XVII y XVIII reflejada en casonas como la Casa de los Cañones o la Casa de Rañada Rubalcaba. Su balneario, famoso por sus aguas termales, sigue atrayendo visitantes en busca de relajación y salud.

2. Santillana del Mar: la villa de las tres mentiras

Se dice que Santillana del Mar ni es santa, ni llana, ni tiene mar, pero lo que sí tiene es historia, arte y una arquitectura medieval impresionante. Pasear por sus calles es como viajar al siglo XIII, con su colegiata de Santa Juliana, las torres medievales de Merino y Don Borja, y los palacios nobiliarios que la convierten en uno de los conjuntos históricos mejor conservados de España.

Además de su riqueza patrimonial, Santillana del Mar es también la puerta de entrada a la Cueva de Altamira, conocida como la "Capilla Sixtina del arte rupestre". Y para los que buscan emociones más oscuras, el Museo de la Tortura muestra los crueles instrumentos de castigo utilizados entre los siglos XV y XIX.

3. Bárcena Mayor: un viaje al pasado en el corazón del Saja

Ubicado en el Parque Natural Saja-Besaya, Bárcena Mayor es el pueblo más antiguo de Cantabria y uno de los mejor conservados. Sus casas de piedra con balcones de madera y sus calles empedradas transportan al visitante a otra época. Conjunto histórico-artístico desde 1979, la villa es una muestra viva de la arquitectura montañesa tradicional.

Aquí no hay coches: el entramado de sus calles es peatonal, lo que refuerza su carácter de aldea detenida en el tiempo. La iglesia de Santa María (siglo XVII) y las antiguas casas rectorales son algunos de sus principales atractivos. Y para los amantes del senderismo, las rutas por el valle del Saja son un auténtico regalo.

4. Carmona: el encanto de la Cantabria rural

En el valle medio del Nansa, Carmona conserva su trazado urbanístico medieval, con casas montañesas de piedra que parecen haber resistido el paso del tiempo. Es un pueblo donde aún se respira el espíritu rural de Cantabria, con sus antiguas costumbres y su artesanía en madera, en especial la elaboración de albarcas, el calzado tradicional cántabro.

Entre sus edificios más emblemáticos destaca el palacio Díaz Cossío y Mier (siglo XVIII), convertido hoy en alojamiento turístico, así como la iglesia de San Roque y las ermitas de Nuestra Señora de Guadalupe y Lindes, todas del siglo XVIII.

5. Potes: la joya de los Picos de Europa

Potes es la capital de la comarca de Liébana y un lugar de paso imprescindible para quienes recorren el Camino Lebaniego, que conduce hasta el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Conocida como la "villa de los puentes y las torres", Potes conserva un impresionante patrimonio medieval, donde destacan la Torre del Infantado y la Torre de Orejón de la Lama, testigos de las luchas entre los Mendoza y los Manrique.

Su gastronomía es otro de sus grandes reclamos: el famoso cocido lebaniego es una delicia para los paladares más exigentes. Además, su entorno es perfecto para rutas de senderismo, con los Picos de Europa como telón de fondo.

Desde los misterios del Hombre Pez en Liérganes, pasando por la majestuosidad medieval de Santillana del Mar, hasta la naturaleza salvaje de Potes, estos cinco destinos son una invitación a descubrir la Cantabria más auténtica y desconocida.