El restaurante de Cantabria donde nadie se queda con hambre
A pocos minutos de Cabárceno, hay un restaurante donde las mesas se llenan de platos generosos, sin artificios y con sabor de verdad
En un rincón tranquilo del municipio de Villaescusa, a escasos minutos del rugido lejano de los leones de Cabárceno, La Loma del Chonuco se ha ganado un lugar entre los restaurantes más frecuentados de Liaño, no por artificios ni modernidades, sino por aquello que a menudo se echa de menos: comida casera, abundante, variada y pensada para compartir.
Este restaurante ofrece una carta amplia y reconocible, donde el cliente encuentra lo que busca sin necesidad de reinterpretaciones conceptuales. Aquí, las rabas son rabas, los nachos llevan guacamole de verdad y las patatas bravas se sirven como debe ser: calientes, generosas y sabrosas.
Picoteo sin complicaciones, con sabor auténtico
Una de las claves del éxito de La Loma del Chonuco está en su enfoque del picoteo. Su carta despliega una selección que parece pensada para una tarde larga entre amigos, una comida en familia o una cena que empieza con la excusa de compartir platos al centro y termina en sobremesa.
Desde clásicos como los langostinos al ajillo o las alitas de pollo barbacoa, hasta propuestas más rotundas como los huevos rotos con jamón, torreznos con cachelos o una tabla de jamón y queso curados, cada plato busca lo esencial: sabor, sencillez y abundancia.
Ensaladas que no son una excusa
Lejos de ser un apartado decorativo, las ensaladas en La Loma del Chonuco están diseñadas para quienes buscan algo fresco pero con fondo. Con ingredientes como queso de cabra, pollo crujiente, ventresca, gulas o langostinos, cada una es un plato completo, cargado de matices dulces, salados y crujientes. No sorprende que muchas veces sean elegidas como plato único.
Hamburguesas con personalidad
Para quienes prefieren una comida más informal pero contundente, las hamburguesas de la casa son una apuesta segura. Con combinaciones que incluyen bacón, huevo, cebolla crujiente, cheddar o guacamole, se elaboran con mimo, se sirven con guarnición y llegan siempre con la intención de saciar sin defraudar.
El cachopo, protagonista indiscutible
Pero si hay un plato que define el carácter de este restaurante es el cachopo. Presentado como debe ser —grande, crujiente, relleno y acompañado—, aparece en varias versiones que van desde el clásico de jamón y queso hasta otros más creativos, con ingredientes como setas, queso de cabra o salsa de pimientos. Incluso hay un guiño internacional con el llamado cachopo mexicano, con carne picada, cheddar y guacamole.
Es un plato para compartir sin complejos, ideal para dos o incluso tres comensales, que ha hecho del Chonuco un punto de referencia para los amantes de este formato asturiano adaptado con maestría al paladar cántabro.
México al norte del norte
Un apartado especial merece su pequeña, pero sorprendente, incursión en la cocina mexicana. Tacos, burritos, nachos con carne o queso y tostadas crujientes de ternera componen una sección que añade variedad sin desentonar. Un detalle que amplía las posibilidades para quienes quieren cambiar de registro sin salir del mismo lugar.
Platos de siempre, postres caseros y menú infantil
La carta también reserva espacio para los clásicos: albóndigas caseras, bacalao a la vizcaína, huevos fritos con chorizo o jamón, y carnes a la plancha como entrecot o solomillo. Para los más pequeños, el restaurante dispone de un menú infantil equilibrado, con opciones como hamburguesas, nuggets, espaguetis o tortilla francesa, acompañado de postre y bebida. Una opción práctica que facilita la experiencia familiar.
Un lugar sin pretensiones, pero con mucho fondo
La Loma del Chonuco no necesita vender una historia. La suya se cuenta sola: una carta generosa, un ambiente cercano y una cocina que no engaña. Para quienes visitan Liaño, están de paso por Villaescusa o buscan dónde comer bien tras una jornada en Cabárceno, este restaurante ofrece lo esencial: platos honestos, servidos con ganas y sin adornos innecesarios.
Aquí se viene a comer. A llenarse. A repetir. Y esa, quizás, sea la mejor definición de éxito gastronómico.

