el animalismo

Cuando cuatro vacas de Cantabria moviliza más gente que las personas: ¿Vamos mal como sociedad?

Dos luchas, dos historias: la defensa de unas vacas moviliza a más de 150 personas, mientras que la huelga de 70 trabajadores de Solvay transcurre casi en silencio. ¿Qué dice esto de nuestras prioridades como sociedad?

A la izquierda, manifestantes defendiendo las vacas del refugio La Manada Cántabra en Escobedo de Camargo. A la derecha, trabajadores de Katoen Natie en huelga frente a Solvay en Barreda, reclamando mejoras laborales. Un contraste que invita a reflexionar sobre las prioridades sociales.
A la izquierda, manifestantes defendiendo las vacas del refugio La Manada Cántabra en Escobedo de Camargo. A la derecha, trabajadores de Katoen Natie en huelga frente a Solvay en Barreda, reclamando mejoras laborales. Un contraste que invita a reflexionar sobre las prioridades sociales.

El reciente enfrentamiento en torno a las vacas del refugio La Manada Cántabra en Escobedo de Camargo ha dejado imágenes que invitan a la reflexión. Más de 150 personas , llegadas de distintos puntos de España, se atrincheraron para impedir que la Guardia Civil cumpliera con una orden judicial que devolvía a los animales a su dueño original. Con pancartas, proclamas y una determinación férrea , lograron que, al menos por ahora, los animales permanecieran en el refugio. Este acto de solidaridad hacia los animales ha sido aplaudido por muchos .

Sin embargo, contrasta amargamente con la indiferencia mostrada hacia otro colectivo que también lucha por lo que considera justo: los trabajadores de Solvay .

Desde el pasado 3 de diciembre , los 70 empleados de Katoen Natie , concesionaria del servicio de logística de la fábrica de Solvay en Barreda, llevan en huelga general indefinida . A pesar de las concentraciones previas, los paros parciales y las reiteradas denuncias sobre sus condiciones laborales , su movilización apenas ha contado con apoyo externo . Ni asociaciones, ni simpatizantes de otros puntos del país, ni siquiera el respaldo multitudinario de sus propios vecinos. Su lucha parece transcurrir en un silencio ensordecedor .

 

¿Por qué ocurre esto?

La disparidad en la respuesta social hacia estas dos causas pone en evidencia algunas prioridades cuestionables de nuestra sociedad.

Las vacas de Escobedo han generado empatía inmediata : son animales visibles , su situación es entendida como un acto de injusticia evidente y cuentan con el respaldo mediático y de figuras públicas que impulsan el mensaje.

Por otro lado, los trabajadores de Katoen Natie se enfrentan a una lucha más abstracta para muchos. Reclaman derechos laborales subrogados , complementos por penasidad y mejoras en la prevención de riesgos laborales . Problemas que, a pesar de ser esenciales para sus vidas , no resuenan del mismo modo en la conciencia colectiva .

El problema del fondo

Este contraste no debería convertirse en una competición sobre qué causa es más válida . Ambas luchas tienen su importancia y merecen atención.

Sin embargo, cuando como sociedad priorizamos los derechos de unos animales sobre las condiciones laborales y la dignidad de las personas , algo parece estar fallando .

Las luchas laborales han sido históricamente el motor de los derechos sociales que disfrutamos hoy en día: jornadas laborales justas, vacaciones, seguridad en el trabajo … Son conquistas que se lograron gracias al esfuerzo colectivo .

Sin embargo, la desconexión actual con las problemáticas laborales refleja un alejamiento de estas raíces.

Reflexión necesaria

No se trata de restablecer valor a la defensa de los animales, sino de ampliar la mirada . Si la sociedad es capaz de movilizarse con tanta fuerza por unas vacas, ¿por qué no hacerlo también por personas que luchan por sus derechos básicos ?

La falta de apoyo masivo a los trabajadores de Solvay debería preocuparnos , porque señala un problema más profundo: la erosión de la empatía hacia los problemas de otros humanos y una peligrosa normalización de las injusticias laborales .

Es hora de preguntarnos: ¿hacia dónde vamos como sociedad si la lucha por un salario justo y condiciones dignas de trabajo no genera ni una fracción de la movilización que lo hace un animal en peligro ?

Si la respuesta no nos gusta, quizás es momento de cambiarla .

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