Gastronomía

Croquetas, cocidos y estrellas Michelin: los 10 restaurantes donde se come mejor que en casa

Plato de cocido del restaurante. / A.J.

Desde el lujo de tres estrellas Michelin hasta la tradición de las casas de comidas, estos son los 15 restaurantes de Cantabria que mejor representan el equilibrio entre producto local, técnica y autenticidad, según el periodista gastronómico Igor Cubillo

La cornisa cantábrica —ese enclave donde la tradición, la lluvia y la tierra se dan la mano— no sólo regala paisajes, sino también cocina de altísimo nivel. En Cantabria, la cultura del buen comer no es moda, es parte del carácter. Aquí el mantel, aunque sea de papel, es sagrado. La croqueta, si es buena, vale tanto como el trampantojo. Y la calidad del producto no se negocia.

Esta selección elaborada no pretende ser un ranking absoluto, sino una muestra plural y representativa de lo mejor de Cantabria: casas centenarias, tabernas marineras, estrellas Michelin, asadores con historia y proyectos jóvenes con mucha identidad.

Los imprescindibles de Cantabria para comer (muy) bien

1. Cenador de Amós (Villaverde de Pontones)
Estrella Michelin: ✧✧✧ + Estrella Verde
Enclavado en una casona del siglo XVIII, el restaurante dirigido por Jesús Sánchez es el máximo exponente de la alta cocina en Cantabria. Con tres estrellas Michelin y una estrella verde por su compromiso con la sostenibilidad, ofrece una experiencia sensorial que fusiona vanguardia y tradición. Su propuesta recorre sabores de la infancia y del paisaje, reinterpretados con técnica impecable. Un destino gastronómico de culto a nivel nacional.

2. El Serbal (Santander)
Estrella Michelin: ✧
Situado frente a la playa del Sardinero, El Serbal ofrece una cocina creativa con raíces clásicas. La calidad del producto se impone en platos como el bogavante estilo chili crab o el arroz con mole almendrado. Rafael Prieto y su equipo han logrado una cocina refinada pero cercana, con una bodega que incluye más de 1.200 referencias. Ideal para quienes buscan sofisticación sin frialdad.

3. Solana (Ampuero)
En un antiguo establo convertido en templo gastronómico, los hermanos Nacho e Inma Solana han hecho de la tradición rural una experiencia contemporánea. Su menú incorpora croquetas, guisos, carnes y pescados locales con un toque creativo, sin perder nunca el respeto al origen. Su taberna anexa permite disfrutar de la misma calidad de producto en un formato más desenfadado.

4. Casa Cofiño (Caviedes)
Un clásico entre los clásicos. Desde 1963, esta casa es sinónimo de cocina montañesa sin concesiones. Su cocido, las albóndigas gigantes, las carnes de vaca a la brasa y los quesos locales forman parte del alma culinaria de Cantabria. La bodega sorprende con más de 700 referencias, muchas de ellas antiguas y bien conservadas. Sencillez y sabor en estado puro.

5. La Casona del Judío (Santander)
Sergio Bastard dirige este restaurante con una propuesta que aúna sostenibilidad, investigación y sabor. En una casona indiana, combina producto local, fermentaciones, cocina con ozono y reaprovechamiento de ingredientes para ofrecer una experiencia gastronómica que se adelanta al futuro sin renunciar al territorio. Destaca por su huerto propio y su discurso coherente en cada plato.

6. Ronquillo (Ramales de la Victoria)
El chef David Pérez, formado en cocinas como El Bohío o Nerua, lidera una cocina que reinterpreta el recetario cántabro desde una óptica arqueogastronómica. Menús temáticos inspirados en la cocina prehistórica, platos de caza, fuego y escabeches. La cocina de sus padres, reinventada con talento y pasión por el territorio.

7. Ibidem (Arnuero)
En una casona solariega de cuento, Rubén Abascal despliega una cocina lúdica y sorprendente. Cocido lebaniego deconstruido, foie con forma de naranja, trampantojos y platos visualmente impactantes componen un menú degustación que apuesta por la emoción, el juego y la narrativa gastronómica. Un restaurante para quienes buscan una experiencia inesperada.

8. Pan de Cuco (Suesa)
En este pequeño bar de carretera, Álex Ortiz (ex jefe de cocina de La Bodega del Riojano) recupera los sabores de siempre con un punto de fine dining. Croquetas, arroz con pollo picasuelos, platos de cuchara y postres caseros como el flan de huevo se sirven con una ejecución impecable y sin pretensiones. Un ejemplo de cocina honesta con criterio.

9. La Bombi (Santander)
Taberna marinera reconvertida en referente gastronómico, La Bombi lleva desde 1935 defendiendo el mejor producto del mar. Albóndigas de machote, centollo, lubina marinada y bocartes rebozados son algunos de los clásicos que nunca fallan. Clasicismo bien entendido, trato profesional y una bodega de 200 vinos.

10. Las Piscinas (Villacarriedo)
En el corazón de los Valles Pasiegos, este restaurante familiar lleva tres décadas ofreciendo cocina de mercado con alma rural. Huevos con foie, callos de wagyu, merluza en tempura, lechazo al horno y una tarta de queso legendaria. Buena relación calidad-precio y el cariño de una pareja que lleva el alma del local en cada plato.