Gastronomía

El cocido montañés es solo el principio: descubre lo que Cantabria cocina en diciembre

Diciembre en Cantabria es sinónimo de hogar, mesa llena y platos que abrigan más que una bufanda. Si no sabes lo que es el calor servido en plato hondo, ven con hambre

Un plato de cocido montañés. / EP
Un plato de cocido montañés. / EP

Cuando el frío arrecia en diciembre, hay algo que nunca falla en Cantabria: la buena mesa. La gastronomía regional ofrece un refugio de sabores intensos, tradición y platos que reconfortan cuerpo y alma. Comer en Cantabria en invierno no es solo alimentarse, es celebrar la identidad de una tierra rica y generosa.

Platos de cuchara que saben a hogar

Nada como un buen cocido montañés para combatir el frío. Elaborado con berza, alubia blanca y compango (chorizo, morcilla y tocino), es una auténtica institución culinaria. En Liébana, el cocido lebaniego -con garbanzo pequeño, cecina, morcilla y relleno- ofrece una variante igual de contundente y deliciosa.

Otros imprescindibles son las sopas de ajo, el marmite de bonito (aun fuera de temporada, muchos lo cocinan con pescado congelado) y las alubias con chorizo, todo acompañado de un buen pan de pueblo.

Quesos y embutidos con sabor a montaña

Cantabria es tierra de quesos con carácter. El queso picón de Bejes-Tresviso, de sabor fuerte y azul intenso, es un manjar perfecto para servir con membrillo o en tostadas calientes. El queso de nata de Cantabria, más suave, acompaña bien embutidos como el salchichón casero o el lomo embuchado.

En los valles pasiegos, no puede faltar el sobao pasiego y la quesada, dos postres que calientan el corazón y se disfrutan mejor al lado del fuego.

Dulces y licores para las sobremesas largas

Diciembre es tiempo de turrones artesanos, de corbatas de Unquera, de polkas de Torrelavega y de bizcochos con recetas que pasan de abuelas a nietos. En muchas casas se elaboran postres tradicionales con huevos de corral y leche fresca de la zona.

Y para entrar en calor, nada como un chupito de orujo de Liébana, ya sea blanco o de hierbas, o un vaso de vino caliente especiado, cada vez más popular en mercadillos navideños.

En toda la región, desde casas de comida familiares hasta restaurantes con estrella Michelin, diciembre es un mes para disfrutar de menús de invierno pensados para el disfrute sin prisa. Lugares como El Remedio en Ruiloba, El Nuevo Molino en Puente Arce o La Solana en Ampuero combinan producto local con creatividad y respeto por la tradición.

Muchos obradores y tiendas gourmet ofrecen lotes navideños con productos cántabros: quesos, embutidos, dulces, mieles, sidra y orujos. Una excelente opción para sorprender en Navidad con un pedazo de tierra en cada bocado. En Cantabria, el invierno entra por la puerta... pero se combate desde la cocina. Porque aquí, el calor también se sirve en plato hondo.

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