Los cinco restaurantes que todo cántabro recomienda en secreto
Cantabria es mucho más que mar: entre montañas, ríos y valles se esconden auténticos templos del buen comer, donde la naturaleza y la cocina se funden en experiencias memorables. Aquí te presentamos una selección de restaurantes que combinan sabor, entorno y tradición, ideales para disfrutar del verano en su versión más verde y sabrosa.
La Cartería (Cartes)
En el corazón medieval de Cartes, uno de los pueblos más bellos de Cantabria, se alza La Cartería, un restaurante ubicado en una antigua oficina de correos del siglo XVII. Su propuesta, firmada por Enrique Pérez y Noelia Sánchez, se estructura en tres experiencias: carta, menú de mercado y degustación. Cada plato es un homenaje a la cocina de temporada cántabra, llena de raíces y sabor, servida en un entorno de piedra, historia y calma.
Del Oso (Cosgaya)
Entre prados verdes y el cauce del río Deva, Del Oso es el restaurante del emblemático hotel del mismo nombre, en pleno Valle de Liébana, a los pies de los Picos de Europa. Aquí la cocina sabe a hogar, con platos como el cocido lebaniego, el montañés y quesos artesanos del valle. Un comedor rústico, cálido y elegante, donde el tiempo parece detenerse y cada bocado revive la memoria culinaria cántabra.
Bar Solana (Ampuero)
La propuesta más informal del chef con estrella Ignacio Solana, Bar Solana combina la esencia de una taberna con la exigencia de la alta cocina. En el mismo edificio que su restaurante gastronómico, este local ofrece una carta de barra viva y sabrosa, con rabas frescas, croquetas premiadas, guisos y pescados del día. Todo elaborado con producto de proximidad y servido en un ambiente acogedor donde la tradición se reinventa con talento.
Pan de Cuco (Suesa)
En el barrio Calabazas de Suesa, Pan de Cuco brilla como una casona gastronómica que rinde homenaje al producto y la identidad cántabra. Tres ambientes —terraza, gastrobar y comedor— donde disfrutar desde una ensaladilla inolvidable hasta pescados frescos de lonja, pasando por un steak tartar de culto. Su cocina es sencilla pero afinada, ideal para quienes buscan sabor sin artificio en un entorno tranquilo y natural.
La Yerbita (Sobarzo)
Muy cerca del Parque de Cabárceno, La Yerbita mezcla lo mejor de la cocina de madre y abuela con una presentación creativa y moderna. Canelones caseros, rabas de chipirón, pastel de centollo gratinado o tortilla de su madre son algunos de los imprescindibles. Y para los más golosos, la tarta de queso, el flan de avellana o el mousse de chocolate redondean la experiencia en este refugio campestre que es puro mimo.
Estos restaurantes no solo ofrecen platos deliciosos, sino que permiten desconectar, respirar hondo y disfrutar de la belleza natural de Cantabria. Si buscas ese rincón con sabor a verano, tradición y paisaje, cualquiera de estos destinos te regalará una experiencia que va mucho más allá del mantel.

