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Así es la ruta secreta de Cantabria que termina en el mirador más impresionante del norte

Entre los destinos más salvajes de Cantabria hay uno que permanece casi en secreto. Sin urbanización, sin chiringuitos… solo naturaleza en estado puro y vistas de otro mundo
Vista de la playa de Sonabia. / A.M.
Vista de la playa de Sonabia. / A.M.

En la costa oriental de Cantabria, escondido entre acantilados y bajo la atenta vigilancia del monte Candina, se encuentra Sonabia, un pequeño núcleo rural perteneciente al municipio de Liendo que, pese a su tamaño, encierra algunos de los paisajes más sorprendentes de la región. Dunas únicas, formaciones rocosas con forma de ballena, playas salvajes, historia minera y una colonia de buitres hacen de este lugar uno de los secretos mejor guardados del norte de España.

Una playa cambiante entre ría y mar abierto

A escasos kilómetros de Oriñón, localidad más conocida del entorno, y conectada por una carretera sin salida, la playa de Sonabia —también llamada playa de Valdearenas o simplemente "la salvaje"— sorprende por su estado virgen y su sistema dunar. La arena y el viento, moldeados por la orientación del monte Candina, han creado aquí un complejo sistema de dunas difícil de encontrar en otro punto de Cantabria. Detrás de la playa se extienden cordones dunares, dunas transversales, longitudinales y hasta barjanes, formando un paisaje natural de alto valor ecológico.

Con apenas 150 metros de longitud, la playa es conocida también por su fuerte oleaje, la práctica naturista y la absoluta ausencia de urbanización. Se trata de un arenal para los amantes de la naturaleza en estado puro, que además conecta con otras playas como la de Arenillas, en Islares, durante la bajamar.

La ballena de piedra que domina el horizonte

Muy cerca de este enclave se alza una de las formaciones más emblemáticas del litoral cántabro: la Ballena de Sonabia, también conocida como Cabo Cebollero. Su nombre oficial remite al cultivo de cebolla roja que antaño ocupó la zona, pero su perfil rocoso, que recuerda la silueta de un cetáceo, ha convertido esta formación en todo un símbolo local, hasta el punto de aparecer en el escudo del municipio.

Un hecho curioso refuerza esta identidad: en 1997, una ballena real quedó varada en la playa de Oriñón, lo que alimentó la leyenda en torno a este cabo rocoso. El camino hasta su cima es rocoso y requiere precaución, pero desde allí se obtienen algunas de las vistas más impresionantes del litoral cántabro.

Los Ojos del Diablo: miradores únicos sobre mar y montaña

Elevándose más de 400 metros sobre el nivel del mar, el monte Candina domina este territorio agreste. Sus laderas esconden las antiguas minas de Tueros, activas hasta principios del siglo XX, cuyos restos aún pueden rastrearse en forma de bocaminas, senderos y estructuras olvidadas.

Pero el verdadero espectáculo lo ofrecen los Arcos de Llanegro, popularmente conocidos como los Ojos del Diablo. Se trata de dos enormes huecos en la roca que funcionan como miradores naturales hacia el mar, con la Ballena de Sonabia en primer plano y el horizonte del Cantábrico como telón de fondo. Desde allí también se divisan el monte Buciero y el faro del Caballo, completando una panorámica que, al atardecer, se tiñe de tonos rojizos y dorados.

La mayor colonia de buitres junto al mar en Europa

El monte Candina es, además, hogar de la mayor colonia de buitres leonados de la costa cantábrica y la más cercana al mar de toda Europa. Estas aves, con una envergadura que supera los dos metros y medio, surcan el cielo con elegancia, aprovechando las corrientes ascendentes del acantilado. Verlas en vuelo, tan cerca del mar, es un espectáculo natural difícil de olvidar.

Cómo llegar y cuándo visitar

Sonabia se encuentra a unos 40 km de Santander, a medio camino entre Castro Urdiales y Laredo, y es accesible en coche por la autovía A-8. La zona carece de transporte público regular, por lo que el vehículo privado es la mejor opción. En verano, conviene madrugar para evitar problemas de aparcamiento.

La mejor época para visitar es entre primavera y otoño, cuando las temperaturas son suaves y el monte ofrece condiciones óptimas para el senderismo. En invierno, el ambiente es más salvaje y menos frecuentado, ideal para quienes buscan naturaleza sin interferencias.

Naturaleza salvaje, historia y leyenda en un mismo lugar

Sonabia no es solo una playa, ni solo una montaña. Es una experiencia completa de naturaleza, historia y leyenda. Un rincón donde el silencio es roto por las olas y el aleteo de los buitres, y donde el visitante se siente pequeño ante la grandeza del paisaje. Un lugar para quienes buscan vivir Cantabria lejos del turismo masivo, en contacto directo con lo esencial.

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