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Silbidos, nervios y miedo a fallar: El Sardinero se contagia de ansiedad

El equipo que lideró la tabla con personalidad y juego, ahora transmite miedo y ansiedad, y lo que era un sueño de ascenso directo se ha convertido en una carrera por no descolgarse del playoff

Los jugadores del Racing durante el entrenamiento de ayer. / RRC
Los jugadores del Racing durante el entrenamiento de ayer. / RRC

El empate ante el Castellón ha hecho estallar todas las alarmas. No tanto por el resultado, que en otras circunstancias podría haber sido aceptable, sino por las sensaciones que deja el equipo. Porque este Racing, el mismo que ilusionó a una ciudad entera durante meses, ahora no se reconoce a sí mismo. El discurso que empieza a calar tanto en el vestuario como en la grada es uno de preocupación, de incertidumbre, de bloqueo. Y el mayor enemigo del Racing en este momento no es el calendario, ni los rivales, ni el golaveraje: es su propia mente.

José Alberto lo dejó claro en rueda de prensa: “No es un problema físico, es mental.” Y tiene razón. El Racing no está destrozado físicamente, pero sus jugadores parecen agarrotados, con miedo a tocar el balón, a fallar un pase, a encarar una jugada. La ansiedad por lo que hay en juego, sumada al recuerdo traumático del año pasado en Villarreal, donde se quedó sin play-off en la última jornada, se ha instalado como un fantasma difícil de espantar.

Desde la grada, el clima se ha tensado. El entusiasmo se ha tornado en dudas. Y esas dudas, expresadas a veces en pitos o murmullos, no ayudan a un equipo que necesita seguridad y confianza. Algunos jugadores, como Íñigo Vicente, lo están pagando más que otros. Criticado haga lo que haga, el de Derio sigue siendo de los pocos que baja a recibir, que genera, que no se esconde. Ante el Castellón dio tres pases que dejaron a compañeros en ventaja, pero recibió más silbidos que aplausos. En un momento así, los pitos no corrigen, destruyen; no motivan, bloquean.

Tampoco están bien otros nombres importantes. Víctor Meseguer atraviesa un momento muy bajo. Impreciso, errático, sin la claridad que en otras etapas sí ofrecía. Álvaro Mantilla, que regresó al once para aportar carácter, dejó muchas dudas con pérdidas peligrosas y fallos en la salida. El doble pivote ya no sostiene nada: Aldasoro ha bajado el nivel y Maguette, sancionado para Huesca, venía siendo el único con piernas y energía.

El juego colectivo también se ha resentido. El Racing se ha vuelto más previsible, más plano, más temeroso. Ha dejado de hacer daño con balón, ya no presiona como antes, y cuando no tiene el control, se echa atrás y se difumina. Contra rivales que pelean por no bajar, como Tenerife o Castellón, el equipo ha retrocedido en el campo y en la confianza. Y así no se sube a Primera.

En lo táctico, la pizarra de José Alberto parece haberse quedado sin respuestas. Aquella línea defensiva adelantada que marcó el paso en la primera vuelta, ahora titubea. La estrategia que sorprendía a los rivales ha sido descifrada, y el cuerpo técnico no ha dado con un plan B eficaz. El banquillo ofrece pocas alternativas. Rober González no ha dado el nivel esperado. Meseguer ha aportado más dudas que soluciones. El mercado invernal no ha servido para reforzar, y la plantilla se ha quedado corta para un tramo final tan exigente.

Y sin embargo, el Racing sigue vivo. Está tercero, con 60 puntos. Pero los números ya no cuadran como antes. El Elche lidera con 67 y tiene el golaveraje ganado. El Levante, segundo con 64, también tiene el cara a cara a favor tras su victoria por 3-1. Es decir, para alcanzar el ascenso directo, el Racing necesita recortar cuatro y siete puntos a dos equipos que, además, tienen ventaja extra. Lo peor: los de atrás se acercan peligrosamente.

Así está la situación del Racing... y es para estar muy alerta. Tras el empate ante el Castellón y la victoria del Huesca, la tabla de LaLiga Hypermotion se ha comprimido hasta un punto crítico. El Racing, con 60 puntos, sigue tercero, pero con el aliento de todos sus perseguidores en la nuca. Y lo más preocupante: el ascenso directo se escapa poco a poco y el margen para quedarse incluso fuera del playoff ya no es tan amplio.

CLASIFICACIÓN TRAS 35 JORNADAS

  1. Elche – 66 pts

  2. Levante – 63 pts

  3. Racing de Santander – 60 pts

  4. Mirandés – 59 pts

  5. Oviedo – 58 pts

  6. Huesca – 57 pts

¿Qué significa esto?

  • El Elche, con cinco victorias consecutivas y el golaveraje ganado ante el Racing (3-0 y 2-0), se ha escapado ya a 7 puntos de distancia. Prácticamente inalcanzable salvo debacle ilicitana.

  • El Levante, segundo, también con el cara a cara favorable (3-1 y 0-1), tiene 3 puntos más. Y aunque ha empatado esta jornada, sigue por delante con margen y mejor dinámica.

  • Por detrás, el Mirandés, con quien el Racing también ha perdido el golaveraje (0-1 en casa y 2-1 en Anduva), está a un solo punto. Y Oviedo y Huesca han entrado en plena lucha, a dos y tres puntos, respectivamente.

  • O lo que es lo mismo: de estar soñando con el ascenso directo, el Racing puede caer incluso fuera del playoff si no reacciona de inmediato.

Huesca, rival directo… y próximo destino

Para colmo, el próximo rival es la S.D. Huesca, ahora sexto, que llega en plena remontada y con la moral alta tras su última victoria. Será un partido crucial, de esos que pueden marcar un antes y un después.

Una derrota en El Alcoraz significaría:

  • Perder el golaveraje con otro rival directo (en la ida, el Racing perdió 0-1 en casa).

  • Ser alcanzado o superado por varios equipos.

  • Confirmar la mala dinámica y agudizar la crisis emocional del equipo.

Con 21 puntos aún por disputarse, el margen de reacción existe. Pero no es infinito. El Racing necesita un punto de inflexión inmediato, no solo en resultados, sino sobre todo en juego, actitud y confianza.

El vestuario debe recuperar la chispa, la alegría de competir, el espíritu colectivo que tanto le caracterizó. Si se vuelve a creer, es posible. Si se deja llevar por el miedo, todo lo construido puede venirse abajo.

El calendario, además, no es amable. Toca visitar a un Huesca que quiere engancharse al play-off, y luego llegan curvas: partidos directos, rivales exigentes y un ambiente que empieza a agrietarse. O se reacciona en El Alcoraz, o el ascenso puede escaparse. Pero incluso más preocupante que lo numérico es lo emocional. El Racing necesita sanar. Necesita recuperar la cabeza.

Los síntomas del derrumbe mental están ahí: jugadores que se esconden, que no arriesgan, que repiten errores por inseguridad. La presión les ha superado. La comunión con la grada se resiente. Lo que antes era motivación ahora parece una losa. Y el tiempo corre. El partido de Huesca no será solo un duelo por tres puntos. Será una prueba de carácter, de orgullo, de resiliencia. Porque si el Racing quiere subir, tiene que empezar a creer de nuevo en sí mismo. Y esa batalla se libra en el campo, sí, pero empieza en la cabeza.

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