05.12.2021 |
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BADAJOZ 0-1 RACING

El tren de las 18.41

Una potente y veloz jugada de Soko de área a área culminada con un gran remate de Cedric concede al Racing su primera victoria a domicilio | Parera había salvado antes a su equipo, que firmó sus mejores minutos del curso en la segunda parte

Un contragolpe de Soko desde área propia y un gran remate de Cedric desnivelaron el partido. / Hardy
Un contragolpe de Soko desde área propia y un gran remate de Cedric desnivelaron el partido. / Hardy
El tren de las 18.41

El camino más corto entre dos puntos no es ni la línea recta ni la cuesta abajo, sino Patrick Soko. Es el mensajero perfecto, el ferrocarril de las tres y diez a Yuma convertido en tren bala. Ayer partió a las 18.41 de su propia área y en pocos segundos ya había hecho su trabajo en la contraria. Después cayó exhausto y se tuvo que marchar. No podía más. Le sucedió lo que al griego Filípides tras correr los más de cuarenta kilómetros que separan Maratón de Atenas para informar de la victoria conseguida contra el ejército persa. El esfuerzo de la locomotora africana fue más corto pero también más intenso y concentrado. Pero la diferencia no estuvo sólo ahí, sino también en que en sus pies no llevaba una noticia, sino la propia victoria, la primera a domicilio de su equipo esta temporada.

Un centenar de aficionados racinguistas estuvieron en Badajoz. / RRC Un centenar de aficionados racinguistas estuvieron en Badajoz. / RRC

La jugada que lo alteró todo bien podía haber formado parte de un sueño húmedo de su entrenador: buena acción defensiva, veloz contragolpe y gol. Sin disgresiones, sin tocar la pelota de manera artificial para ganar porcentaje de posesión ni toques fáciles para la galería. Al grano, directos, verticales y lo más rápido posible. En dos pases, mejor que en cinco. Y el hombre ideal para ese trabajo es Soko, el jugador bala, ese hombre imparable capaz de arrancar sin que nadie pueda atraparle. Ni siquiera negocia una falta a cambio de una amarilla. No dio opción a ello en el Nuevo Vivero, un buen escenario para enseñar una carta de presentación en el caso de que aún hubiera alguien que no tuviera su nombre subrayado en rojo.

Soko había bajado a su propia área a echar una mano a Jorrín, que tuvo que entrar en los primeros compases del segundo tiempo para sustituir a Unai Medina, a quien el gemelo le volvió a dar la lata. Y el extremo rival le quiso ganar en velocidad. ¡Qué iluso! El camerunés se quedó sobrado con el balón, giró sobre sí mismo, intuyó un pasillo y arrancó. Si lo hubiera hecho cualquiera de los otros 21 futbolistas que había sobre el terreno de juego habría sido una acción suicida por el peligro evidente de perder la posesión en campo propio, pero cuando arranca Soko, lo haga desde donde lo haga, lo que hacen los racinguistas es salivar. Si el camerunés pone la directa, se vienen cosas, que dirían los modernos.

Nadie pudo frenarle, interrumpir su carrera, arrancar una de las vías por donde debía pasar la locomotora. Él sólo miró hacia delante hasta que, ya en campo contrario, levantó la cabeza. Y lo que vio fue a otros cuatro compañeros. No es un dato baladí teniendo en cuenta que sólo un par de segundos antes era el Badajoz el que estaba atacando en el interior del área verdiblanca. Los futbolistas del Racing habían acompañado a Soko porque le conocen y son conscientes de que algo va a suceder. Quien avanzó como un torbellino por banda izquierda fue Álvaro Bustos, que estaba fresco como una mañana de primavera al haber entrado al partido apenas siete minutos antes. No tenía a nadie frente a él, parecía tener la puerta abierta y, para colmo, el extremo africano estaba trazando una diagonal hacia su banda. Sin embargo, éste alteró la lógica y buscó al que mejor remata a gol.

En cuanto Cedric recibió el pase de Soko, ya no hubo espacio para más. Sus compañeros ya sabían que sólo podían aspirar a recibir un rechace. El delantero puso su mirada del tigre, esos ojos que dicen bien claro que la jugada la va a terminar él. Y el resto lo acepta. A quien viste el nueve se le perdona la voracidad. Y más aún cuando es bueno. El ariete hizo primero un amago, después hizo otro y por fin remató con su pierna buena no al bulto, sino con una mala intención matadora. Le dio una parábola potente al balón para que éste se fuera desplazando hacia el palo izquierdo del portero, que no tuvo capacidad de respuesta.

El gol fue la culminación a un partido convertido en candidatura, un triunfo de calidad que, además, fue el primero del Racing a domicilio hasta la fecha. Esperó al mejor momento, a dar un verdadero golpe de autoridad tras sobrevivir a los malos momentos y aprovechando esa tremenda calidad que tienen sus hombres de arriba. El 0-1 llegó en un tramo final del encuentro en el que daba la sensación de que el conjunto cántabro había visto pasar su oportunidad de someter a un Badajoz que había afrontado la cita pletórico. Y lo lógico habría sido que éste se hubiera adelantado en alguna de las diversas ocasiones claras que tuvo, pero no lo consiguió y dio vida a un conjunto cántabro que fue superior en el segundo tiempo y que, por encima de todo, no perdonó tanto.

Parera fue quizá el mejor de su equipo ayer en Badajoz. / Hardy Parera fue quizá el mejor de su equipo ayer en Badajoz. / Hardy

Lo primero que hizo Fernández Romo fue sorprender con una alineación de la que se quedó fuera Álvaro Bustos para hacer coincidir sobre el terreno de juego a Fausto Tienza, que probablemente completó ayer su mejor actuación con el Racing, a Borja Domínguez y a Íñigo. Hubo cierto temor a que el entrenador, como ya hiciera en Avilés durante un puñado de minutos, colocara a Pablo Torre en la banda izquierda, pero fue el de Ampuero quien se situó por allí. El teórico objetivo debía ser acumular jugadores por dentro, tener herramientas suficientes que agrupar en torno al balón y discutir la posesión al Badajoz. Y durante la primera media hora lo consiguió, pero sin sacar nada a cambio porque al equipo le siguió faltando profundidad y creatividad para llevar balones claros a la zona de ataque. Más aún, tras sacrificar uno de los costados, ya que no se puede esperar demasiado, ofensivamente hablando, de un carril zurdo construido con Satrústegui e Íñigo, dos jugadores fuera de sitio que, sobre todo, funcionan por el camino central del campo.

De este modo, el Racing sólo apareció en ataque en el primer tiempo cuando lo hizo Pablo Torre. Sucedió dos veces y ambas jugadas, como no podía ser de otra manera, tuvieron su desarrollo por la banda derecha. La primera, cerca del cuarto de hora, la culminó el de Soto de la Marina tras una buena combinación con Soko que le permitió lanzar a puerta en el corazón del área pacense obligando a intervenir a Limones. Sólo siete minutos después, la asociación fue con Tienza, que le dio un pase en profundidad que, aunque el canterano logró rematar, fue abortado por la rapidez de Núñez, que desvió el esférico fuera.

Nada más hizo el conjunto cántabro en ataque. Las ocasiones de verdad fueron, claramente, de un Badajoz que debía haberse puesto por delante en sólo dos minutos. El Racing acumuló ayer a muchos jugadores de contención, quiere ser un equipo defensivo pero lo cierto es que defender es casi lo que peor hace. Quedó acreditado en esa acción en el arranque de la contienda en la que el conjunto cántabro le puso una alfombra roja a Isi Gómez. Hizo lo que quiso primero librándose de una presión en la frontal de Tienza y Satrústegui para meterse después en el corazón del área sin nadie que le expulsara de allí. Le sirvieron té con pastas y pudo rematar a placer. Buscó la base del palo izquierdo de Parera pero la pelota se fue fuera por no más de diez centímetros.

No tuvo que actuar en esa ocasión el portero balear, pero acabó salvando al equipo de tener que ir a remolque. A los 34 minutos, cuatro después de que Sergio Benito le ganara la espalda a Bobadilla y Pol Moreno para rematar, finalmente, excesivamente cruzado, Parera atajó un cabezazo de David Concha que lo más normal es que hubiera terminado en gol. Porque estaba completamente solo en un punto intermedio entre el punto de penalti y el área pequeña. Es decir, en un lugar donde ningún jugador del Badajoz debería estar sin acompañar. Clemente se sacó un centro perfecto que el cántabro, ayer alejado de la banda, cabeceó picado pero demasiado centrado. Sólo unos segundos después, fue un taconazo de Núñez lo que debería haber sorprendido al meta verdiblanco pero no lo hizo, ya que estaba bien colocado y atajó bien la pelota.

Sólo esas dos acciones ya habrían servido para afirmar que ayer Parera le dio puntos al Racing, pero la que de verdad saldrá en todos los resúmenes fue la que abortó un cabezazo de Sergio Benito a los 55 minutos tras otro centro de Clemente. El meta se le echó encima manteniendo la igualada en el marcador y permitiendo que a partir de ahí cambiara la historia y fuera su equipo quien empezara a dominar de cabo a rabo la contienda.

El primer tiempo, justamente a partir de esa doble ocasión pacense, había terminado con el Badajoz jugando continuamente en el área cántabra, pero en el segundo tiempo cambió la historia. Lo hizo a partir de cerrar el agujero que, paradójicamente, se había generado por esa novedosa banda izquierda cargada de hombres con perfil defensivo. Clemente ya no participó tanto y fue el Racing quien comenzó a crecer hasta conseguir que se jugara prácticamente por entero en el campo local. Fueron, probablemente, sus mejores minutos incluso de la temporada, ya que por fin logró someter al rival con balón, algo que no había logrado nunca antes. Cierto es que la productividad ofensiva tampoco era excesiva, pero se mascaba el gol.

Un par de remates altos de Tienza, otro desviado de Pablo Torre tras un buen robo de Borja Domínguez y un cabezazo de Pol Moreno fueron ganando puntos a favor del Racing, que fabricó su mejor jugada a los 68 minutos. La perla de Soto de la Marina vio incorporarse por la izquierda a Borja Domínguez y éste, que ve el fútbol como pocos, envió el balón al segundo palo, donde a Soko le dio tiempo a controlarlo, bajarlo y rematarlo a portería. Sin embargo, no le salió un remate, sino un centro que Cedric sólo debía empujar a gol, pero el delantero no se esperaba ese balón y no lo hizo bien.

Fernández Romo se resistió a tocar nada pero acabó haciendo cambios. El partido había empezado a cambiar con la entrada de Otegui en el Badajoz, un hombre que ayudó a recuperar la posesión. Y terminó de hacerlo con la doble maniobra del técnico verdiblanco. El dominio del Racing se terminó y dio la impresión de que el equipo pacense iba a terminar mejor, pero dieron las 18.41 y arrancó el tren de Soko.

El tren de las 18.41
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