27.05.2022 |
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Doce jugadores con contrato

Romo podrá contar el próximo año con el once al que ha dado continuidad en la segunda vuelta excepto Pablo Torre y Soko | Antes de tomar decisiones, ha de llegar el director deportivo

Guillermo Fernández Romo, junto al director deportivo, tendrá que tomar decisiones. / ALERTA
Guillermo Fernández Romo, junto al director deportivo, tendrá que tomar decisiones. / ALERTA
Doce jugadores con contrato

Si para algo ha servido alcanzar tan pronto el objetivo es para ganar tiempo. Lo normal a estas alturas sería estar preparando dos proyectos diferentes para el próximo curso: uno por si el equipo sigue en Primera RFEF y otro para jugar en Segunda División. Lo que sus dirigentes tuvieran ya preparado para el primer escenario lo pueden tirar a la basura porque el Racing ya sabe que jugará en la categoría de plata. Sólo ha de centrarse en encontrar la manera de, al contrario que en sus últimas experiencias, resultar por fin competitivo en el fútbol profesional. El primer paso ha de ser la contratación de un director deportivo, algo que, en principio, no se demorará demasiado. Una vez que esta figura ya esté sentada en su despacho, tocará tomar decisiones.

Y las primeras a tomar tendrán relación con la actual plantilla, ya que no todos tendrán sitio la próxima temporada. Los hay que ni siquiera tienen contrato en vigor y los que sí lo tienen conocen cómo funciona este negocio y son conscientes de que alguno de ellos también tendrá que buscarse el futuro fuera de Santander y Cantabria. Tras las grandes celebraciones, después siempre llegan las duras y a menudo hasta impopulares decisiones. No todo es alegría.

Lo cierto es que si el Racing así lo estima oportuno, podrá continuar con buena parte del equipo que ha conseguido el ascenso. El bloque lo tiene hecho porque, de los once jugadores que han formado el once inicial que ha pasado por encima de la categoría durante la segunda vuelta, sólo son seguras las salidas de Pablo Torre y de Patrick Soko, que jugarán en el Barça y el Huesca, respectivamente. El resto de futbolistas que más minutos de juego han acumulado e incluso los primeros recambios utilizados por Fernández Romo mantienen contrato en vigor.

A día de hoy, los jugadores del primer equipo que terminan contrato el próximo treinta de junio son Lucas Díaz, Álvaro Bustos y Patrick Soko, sobre quien no hay nada oficial. A éstos hay que sumar a los tres futbolistas que han defendido los intereses verdiblancos en condición de cedidos, que son Javi Vázquez, que llegó en enero en calidad de prestado por el Ibiza, Manu Justo, que hizo lo propio en verano pasado tras alcanzar un acuerdo con el Elche, equipo que tiene sus derechos desde hace tiempo pero con el que el delantero gallego no ha jugado ni un solo segundo, y Jack Harper, cedido por el Getafe.

El resto de futbolistas que lograron el ascenso un mes antes de que terminara la competición tienen contrato en vigor. Se trata de Miquel Parera, Unai Medina, Isma López, Álvaro Mantilla, Pol Moreno, Pablo Bobadilla, Eneko Satrústegui, Íñigo Sainz Maza, Borja Domínguez, Fausto Tienza, Cedric e incluso Arturo Molina. En la mayoría de los casos, cuando fueron fichados en su día ya lo hicieron por más de una campaña mientras que hay otros, como el del portero, que renovaron automáticamente al cumplir objetivos (22 partidos o más como titular) y otros, como Cedric o Mantilla, que aceptaron durante la temporada la propuesta del club para alargar su vinculación. En el caso de Arturo, ha sido el ascenso lo que ha alargado su contrato doce meses.

La experiencia dice que, a menudo, tener contrato no es garantía de nada. No todos entrarán en los planes del entrenador y, por ejemplo, a buen seguro que en las próximas semanas se intente llegar a un acuerdo con Isma López, que si no ha contado en Primera RFEF, será difícil que lo haga en Segunda División. Lo malo o, más bien, caro es alcanzar dicho acuerdo. Y es que, la renovación que ató el pasado verano el defensor navarro no fue ni por una ni por dos temporadas, sino incluso por tres. Su vinculación con el Racing se prolonga hasta el 30 de junio del 2024 y eso hace la negociación ciertamente complicada.

Con todo, todavía está por ver quién va a ser el encargado de tener la última palabra en la confección de la plantilla. Ahí se ha abierto una cierta pugna en el interior de las oficinas verdiblancas. Por un lado, el presidente quiere a un especialista en Segunda División que acepte de primeras que el equipo ya tiene un entrenador en el que el club tiene depositada su confianza. Sin embargo, este último no es nuevo y sabe bien que todo director deportivo tiene su agenda de técnicos de confianza con los que le gusta trabajar. Y sabe que a la mínima intentará poner a alguien de los suyos al frente de la plantilla. No hace falta irse muy lejos para ver un ejemplo de ello: sucedió con Amorrortu echando a Rozada sin motivo aparente para poner a su protegido Solabarrieta o, yendo un poco más lejos, a Emilio de Dios destituyendo a Luis Aurelio Gay para poner a su amigo Alejandro Menéndez.

Tras consumar el ascenso, Fernández Romo dejó caer en rueda de prensa que, a la hora de continuar al frente de la nave, algo que, lógicamente, le apetece mucho, quiere sentir una confianza total. Y con la espada de Damocles que podría significar tener por encima a un director deportivo que no conoce y que llega después que él cuando suele ser al contrario, el clima que se podría generar podría no ser el adecuado. Por eso junto a Víctor Alonso, que es con quien construyó el equipo el verano pasado, se ha movido por su cuenta para ofrecer a los propietarios de la entidad profesionales que pudieran ejercer de directores deportivos. Ellos mismos admiten que necesitan nuevas figuras que les ayuden a manejarse en el mercado y Alfredo Pérez ya tiene una propuesta encima de la mesa traída por su propio entrenador. Suena extraño pero quizá hasta sea más saludable. Toca tomar decisiones que pueden marcar toda la temporada. Como recordó el técnico madrileño el pasado fin de semana, haber ascendido con tiempo no permite ejecutar operaciones en un mercado que aún está por definir porque hay pocos clubes y, por tanto, jugadores que no saben dónde van a jugar el próximo curso, pero sí permite dejar cerrada la organización interna de la entidad y cómo van a funcionar a partir de ahora.

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