Racing de Santander

Cuatro años de lucha, lealtad y amor eterno por Santander

El central catalán Pol Moreno cierra una etapa marcada por el ascenso, la resiliencia y el profundo vínculo emocional con Cantabria
El exjugador del Racing Pol Moreno. / x
El exjugador del Racing Pol Moreno. / x

Tras cuatro temporadas de compromiso inquebrantable y casi 7.000 minutos sobre el césped defendiendo con firmeza la camiseta del Real Racing Club, el central Pol Moreno (Barcelona, 1994) ha puesto punto final a su etapa en Cantabria. Lo hace con el orgullo de quien ha entregado alma, físico y corazón en cada duelo, con la serenidad de saberse parte esencial de una generación que recuperó la identidad y el pulso competitivo del conjunto verdiblanco. Su marcha se hizo oficial el pasado lunes, aunque fue este sábado cuando el club comunicó públicamente su salida a través de sus canales digitales. Poco después, el jugador atendió a los micrófonos de La Ventana de Cantabria (Cadena SER), donde ofreció sus primeras palabras ya como exracinguista.

“No soy mucho de redes, no he podido leer todo, pero estoy agradecido de corazón por tantas muestras de cariño”, confesó con una mezcla de pudor y emoción. “Me siento muy orgulloso de haber formado parte de este club”.

El inicio de esta historia se remonta a hace cuatro veranos, cuando el entrenador Guillermo Fernández Romo, recién fichado por el Racing, apostó por él tras coincidir juntos en el Cornellà. “Vi que era el Racing y no tuve ninguna duda. Independientemente de la categoría, este escudo pesa. Probablemente ha sido la mejor decisión de mi vida profesional”, relató Moreno. Desde entonces, el central catalán ha sido mucho más que un jugador: ha sido líder silencioso, hermano de vestuario, referente en la adversidad.

Durante estos cuatro años, su vida ha cambiado dentro y fuera del campo. “Me casé, tuve una hija, crecí como persona y como profesional. Pasé por lesiones, partidos desde el banquillo, momentos duros y otros inolvidables. Pero siempre intenté aportar, incluso desde el silencio”, confesó. Las cifras hablan por sí solas: casi 100 partidos oficiales, miles de kilómetros recorridos sobre el césped y una actitud que nunca conoció el desánimo.

Sobre su crecimiento en Santander, Moreno no oculta que ha sido una experiencia transformadora. “Cuando compartes vestuario, viajes y derrotas, cuando celebras victorias con esa gente que te abraza como si fueras familia, creas un vínculo que va más allá del fútbol. Esto no pasa en todos los trabajos”. No olvida a quienes han caminado a su lado: compañeros, técnicos, empleados del club. “Les dije que si alguna vez pasaban por Barcelona, ahí tienen un amigo para todo… menos dinero, todo lo demás”, dijo entre risas.

Preguntado por los momentos que se lleva, se niega a elegir uno solo. “Sería egoísta. Me llevo el ascenso, los comienzos difíciles en Segunda, la llegada de José Alberto, el cambio de dinámica, los sueños casi cumplidos… Me lo llevo todo”. Porque para Moreno, cada entrenamiento, cada jornada, cada charla en la caseta ha sido una parte de sí mismo que queda para siempre en los Campos de Sport de El Sardinero.

El sueño del ascenso a Primera, sin embargo, fue el gran anhelo que no se cumplió. “Me jode no haberlo logrado. Lo hablaba mucho con Miquel Parera, que sería mágico dejar al equipo en Primera. Pero no pudo ser. Luché todo lo que pude, incluso cuando no jugaba, con esa rabia interna que sentimos todos los que amamos este juego”.

Y no podía faltar una palabra para los que estuvieron siempre, en las buenas y en las malas: la afición. “Son el impulso cuando estás roto, la voz que te levanta cuando no puedes más. Me llevo momentazos del campo lleno, medio lleno, hasta en días grises. Me quedo con todo eso, lo guardaré para cuando tenga 40 o 50 años y mire atrás con una sonrisa”.

Ahora, con ofertas desde la India y la Primera Federación, el defensa se toma un respiro. Vacaciones, familia, reflexión. “El futuro puede esperar. Hoy toca agradecer”, dice con la misma honestidad con la que defendió el escudo verdiblanco.

Se va Pol Moreno. Queda su legado. Un futbolista de los que dejan huella, no solo por su rendimiento, sino por su honestidad, su compromiso silencioso y su forma de sentir el fútbol como quien vive, sufre y ama intensamente. En Santander, su nombre no se olvida. Y no se olvidará.

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