20.01.2022 |
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RACING 1 - 1 UNIONISTAS

Racing vs Unionistas. Cuando el plan no sirve

El RAcing empató contra Unionistas, que se adelantó en el primer minuto | Esto hizo que la idea inicial de Romo, que sacrificó la banda izquierda, perdiera validez | Su equipo no funcionó hasta que no rectificó a los sesenta minutos

Sergio Marcos abraza a Pol Moreno tras marcar. / Hardy
Sergio Marcos abraza a Pol Moreno tras marcar. / Hardy
Racing vs Unionistas. Cuando el plan no sirve

Uno se puede pasar meses preparando un combate de boxeo, estudiando a su oponente y diseñando una estrategia con la que salir vencedor y que todo eso se vaya al traste al recibir una buena mano en el primer asalto. Quizá pueda seguir, pero todo lo preparado ya no valdrá para nada. Lo solía decir Mike Tayson, que era más de dar que de recibir pero que le dio tiempo a todo en sus muchos años entre las 16 cuerdas. Ayer le sucedió al Racing. Fernández Romo jugó a ser entrenador, rompió la lógica para intentar condicionar el juego de su oponente pero a los noventa segundos el plan ya no servía. Caducó. Estaba diseñado para el cero a cero pero con el 0-1 perdió buena parte de su valor. Ya no tenía sentido, pero tardó en rectificarlo. Ayer los minutos de la basura fueron los primeros sesenta.

Se supone que el Racing es un grande de la categoría. No es el más rico pero está lejos de ser el más pobre. Sin embargo, ayer dio dos vueltas de tuerca y sacó a gente de sitio para intentar condicionar el juego del rival. Tenía miedo el técnico a la salida del lateral y al juego por bandas del Unionistas, por lo que se le ocurrió volver a colocar a Íñigo en la banda izquierda. Como en Badajoz. Aquel día salió horrible, pero a él le debió gustar. Así que ayer hubo que ver al de Ampuero situado en el carril del once mientras dos extremos como Marco Camus y Álvaro Bustos empezaban en el banquillo. Semejante lujazo se dio el conjunto cántabro ayer. Romo quizá podría haber provocado que fuera Dani Mori quien estuviera pendiente de él como cuando metió a un segundo lateral para frenar al extremo santanderino. O como hizo por el otro costado, donde la sola presencia de Soko hizo que Salinas ni pasara de medio campo. Se puede jugar a grande o a pequeño.

Ya había adelantado el entrenador verdiblanco el día anterior que para frenar el potencial por bandas del Unionistas y evitar, sobre todo, que obligara a su equipo echar el culo atrás, debían ser más asimétricos. Y es lo que fueron los suyos: una cosa por la derecha y otra bien diferente por la izquierda. Dejó vacío el carril zurdo cada vez que atacaba porque por ahí sólo aparecía un Simón Luca que se tuvo que multiplicar y que obligaba a Fausto Tienza a cubrirle las espaldas. A Íñigo se le veía desubicado, sin saber muy bien si estaba a setas o a rolex. Se metía para dentro pero no conseguía el Racing generar las superioridades numéricas en la zona ancha que las alineaciones debían haber provocado.

Dani Mori, que no cambia por mucho que tuviera al Racing delante, mantuvo su 4-4-2 con dos únicos medio centros. Por su lado, el conjunto cántabro tenía a Fausto Tienza, Sergio Marcos, Pablo Torre e Íñigo. No hubo una alianza en torno al balón de los cuatro. No se intuyó mecanismo alguno. A menudo era Satrústegui quien tenía que iniciar aventuras más allá de su área de actuación pero la mayoría de las veces era Sergio Marcos quien buscaba aliados que no terminaba de encontrar. Fernández Romo sacrificó al medio centro más dinámico y de más kilómetros para apostar por una sala de máquinas más pastosa, sin fluidez y sin apenas ideas para superar el bien armado esqueleto salmantino. Ante esta situación, siempre queda llamar a Pablo Torre, pero éste tampoco tuvo ayer su mejor día. Hasta que apareció, claro.

La idea era la misma que en los últimos partidos, pero ésta se va a pastar si el primero que marca es el rival. Es ahí cuando al Racing se le ven todas las costuras. Más aún, si sacrifica una banda de partida, por lo que el juego se vuelve más previsible. Si ya de por sí Soko atrae hacia sí buena parte de la atención de los rivales, más aún lo hizo ayer sabiendo Unionistas que el conjunto cántabro apenas tenía profundidad por la zurda. Lo intentó Simón, pero a éste le faltaron amigos.

Lo peor de todo es que el gol fue altamente sospechoso, ya que parecía un fuera de juego cantado de Espina, lo que sucede es que la normativa parece que camina por sí misma. Tras un prometedor primer ataque racinguista, los de rojo montaron un rápido ataque que trazó una pequeña diagonal buscando a su delantero centro. Éste estaba claramente en fuera de juego. Sin discusión, pero un defensor verdiblanco quiso despejar con la cabeza consiguiendo al final prolongar el pase y dejar en perfecta situación al atacante.

Se generó un desconcierto generalizado que aprovechó Espina para retar en el interior del área a Unai Medina, que no entendía por qué no sonaba el silbato. El delantero le recortó bien y armó rápido su remate, ante el que poco pudo hacer Parera. A continuación llegaron las protestas, pero aquí no hay VAR. No había espacio para una rectificación. El gol podía haber sido un accidente en cualquier otra situación pero los jugadores verdiblancos eran bien conscientes de que para ellos suponía mucho más. Su plan pasaba por mantener la portería a cero y, a partir de ahí, ver qué pasaba, pero lo primero que pasó ayer fue el gol del rival.

A Unai Medina le debió sentar fatal que el gol llegara delante de sus narices, ya que pasó de ser un jugador solvente y seguro a otro fallón e impreciso en los primeros 45 minutos. En los segundos mejoró. No fue el único. Quizá ayudó el blando estado del terreno de juego, que, teniendo en cuenta el estropicio que había sufrido 48 horas antes, estuvo más que digno. Con todo, si hubo alguien que de verdad estuvo desafortunado fue el de negro, que tenía nombre de árbitro (De Ena Wolf) pero que estuvo especialmente desafortunado sacando de quicio a algunos jugadores locales.

Con todo, lo que de verdad sacó de quicio a los futbolistas del Racing fue su propia impotencia. No encontraban el camino y desde el banquillo no les daban soluciones. La opción del entrenador podía haber sido cambiar el plan ideado pensando en el cero a cero porque, con 0-1, ya no valía, pero esperó. Lo podría haber hecho al cuarto de hora, pero ni siquiera lo hizo en el descanso. A pesar de todas las limitaciones que estaba encontrando su equipo, nadie calentó en todo el primer tiempo. A nadie le gusta reconocer sus errores. De hecho, siguió el guión como si los planes le estuvieran saliendo igual de bien que como ante Bilbao Athletic y Zamora, partidos en los que cada uno jugó en su sitio. De ahí que la aparición de Marco Camus para terminar con esa asimetría de la que quiso presumir el técnico no llegara hasta el minuto 60. Lo mejor fue que en cuanto entró ya desbordó a su defensor y se metió en el área para poner un centro de los que, si alguien toca el balón, se va para dentro.

Sólo un par de arrancadas de Soko generaron cierta incertidumbre durante todo el primer tiempo en un Unionistas muy seguro de sí mismo. Logró que Cedric sólo recibiera de espaldas y que el conjunto cántabro no rematara entre palos hasta el minuto 64, cuando el equipo ya había vuelto a la normalidad, cuando Íñigo ya dejó de ser un interior desorientado para volver a ser el medio centro del equipo, cuando por fin hubo un extremo zurdo sobre el verde y cuando apareció Pablo Torre, que había estado ciertamente desafortunado hasta ese momento. Sin embargo, en ese instante, controló un balón en la zona de tres cuartos, levantó la cabeza y metió la pelota a la olla, donde Pol Moreno metió el pie lo justo para empatar. Máxima eficacia.

No volvería a rematar mucho más el Racing. Sólo dos veces. La primera, a los setenta minutos, coincidió con la primera vez que Cedric no recibió de espaldas. Lo hizo perfilado en  la frontal del área, en seguida recortó y armó un disparo con la diestra que quiso ir colocado pero que fue directamente al portero. Mucho más mérito tuvo la actuación de Salva, que era como se llamaba el guardameta del conjunto salmantino, cuando el encuentro ya agonizaba. Quedaban dos para el final cuando el Racing armó un rápido ataque. Lo lideró Íñigo por la parcela central, jugó con Bustos, que se la devolvió ya en el interior del área. Buscó remate pero no lo encontró y el balón llegó a Manu Justo, que armó rápidamente un disparo duro y bien dirigido al que reaccionó a lo grande el cancerbero.

Esa acción fue una excepción a un último tramo de encuentro en el que el Racing perdió la chispa que le había dado la entrada de Marco Camus. Le faltó motor en el centro del campo porque Sergio Marcos ya estaba con la lengua fuera. Y su entrenador miró al banquillo y no tenía recambio. Llevaba semanas  convocando a Dani González sabiendo que tenía muy pocas opciones de jugar al tener cuatro por delante y ayer, que no estaba Borja Domínguez y que, para colmo, alineó de inicio a los otros tres que tenía, no le llamó.

De este modo, tuvo que ser Pol Moreno quien adelantara su posición para que Mantilla se situara como central. Además, Camus se apagó por banda derecha cediendo el protagonismo a Bustos. Se volvió a atascar el encuentro aunque cerca estuvo de sacar provecho de ello el Racing con aquella acción de Manu Justo. La respuesta de Unionistas, que no había vuelto a inquietar desde su gol y que en todo el segundo tiempo apenas merodeó el área verdiblanca, tuvo la última. La ultimísima. Con el tiempo ya cumplido (sólo dos minutos de prolongación, se ve que el árbitro tenía frío), dispuso de una falta lateral el equipo de rojo que llegó a la mismísima cabeza de Pitu en el corazón del área. Remató y lo hizo con la buena fortuna para el Racing de que le llegó directamente a Parera. Aquello podría haber consumado la tragedia.

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