El Gobierno se atrinchera tras los mensajes filtrados: nerviosismo y sobreactuación en el Congreso
En la sesión de control más tensa del curso político, el Ejecutivo opta por la sobreactuación y el sarcasmo para capear el temporal de los mensajes entre Sánchez y Ábalos
Pedro Sánchez y sus ministros llegaron este miércoles al Congreso con un guion claro: evitar la imagen de un Gobierno desbordado por el escándalo de los mensajes filtrados y, al mismo tiempo, cargar contra el PP con toda la artillería propagandística habitual. Pero la sobreactuación, las sonrisas impostadas y los chascarrillos de brocha gorda no lograron disimular el nerviosismo creciente en el ala presidencial del Gobierno.
El humor como muro de contención
María Jesús Montero y Pilar Alegría, fieles al estilo de defensa por ataque, resucitaron el ya ajado recurso de la foto de Feijóo con el narco Marcial Dorado, lo repitieron por partida doble y añadieron a la mezcla los clásicos: Gürtel, Púnica, sobresueldos y la reforma de Génova 13. Todo, menos hablar de los mensajes que hoy incomodan hasta a los más fieles del sanchismo.
Sánchez, en su turno, se permitió advertencias irónicas. Al presidente del PP le espetó: «Ándese con ojo, señor Feijóo, que uno entra Papa y sale cardenal», en referencia al congreso interno que celebrarán los populares en julio. A Santiago Abascal, líder de Vox, le ofreció la posibilidad de presentarse: «Ha ganado la batalla ideológica, quizá gane también la del liderazgo».
Mientras tanto, Yolanda Díaz reía a mandíbula batiente junto a Montero, como si la comparecencia fuera una sobremesa distendida y no la sesión más delicada desde el inicio de legislatura.
Una sobreactuación que delata debilidad
A pesar del tono desenfadado, el lenguaje corporal del presidente lo traicionó. Cuando Montero acusó de «violación de la intimidad» la publicación de los mensajes, Sánchez bajó la mirada por primera vez en todo el debate y asintió con insistencia. Gesto poco habitual en él, pero revelador.
Desde el PP, Feijóo fue directo: «Váyase, convoque elecciones, algo de bochorno les ahorrará a los españoles». Borja Sémper reiteró el mensaje: «Disuelvan estas Cortes, den la palabra a los ciudadanos». Y Abascal fue aún más duro: «Señor de la guerra, de la corrupción y de las calamidades».
El PSOE, en modo fortaleza sitiada
Los ministros Óscar Puente y Óscar López, dos de los más beligerantes en el hemiciclo, estuvieron ausentes: el primero por permiso de paternidad tras el nacimiento de su hijo, el segundo sin preguntas asignadas. Sus ausencias dejaron más protagonismo a un Félix Bolaños que intentó rebajar la tensión con ironía, pero no aportó claridad: «Cuídese, señor Feijóo, que les conocemos».
Pero el verdadero indicador del desconcierto gubernamental fue el gesto con el que Sánchez dio por buena la línea de defensa que sus ministros han activado: denunciar judicialmente la filtración. La Abogacía del Estado amenaza con presentar una causa separada si los tribunales no investigan quién entregó los mensajes de WhatsApp a El Mundo.
Socios alineados… por conveniencia
Ni rastro de crítica desde los aliados parlamentarios. Gabriel Rufián, portavoz de ERC, alertó del peligro de un «golpe de Estado blando». Ione Belarra, desde Podemos, denunció la existencia de una «guerra sucia mediática». Y Yolanda Díaz calificó de «gravísima» la publicación de los mensajes, aunque no criticó su contenido, sino su difusión.
Silencio en cambio ante el hecho de que los mensajes revelan una estrategia deliberada para silenciar a barones críticos con las decisiones más controvertidas del Ejecutivo: los indultos, los pactos con Bildu, y la dependencia de los partidos independentistas.
El Gobierno exhibe unidad en público, pero tras las cámaras se multiplican las dudas. Las grabaciones de Koldo, la posible imputación de Santos Cerdán, la tensión con los barones, y ahora la evidencia de un liderazgo que se protege más del fuego amigo que del adversario.
Mientras, la oposición gana terreno en el relato y la opinión pública empieza a preguntarse: ¿cuánto más puede sostenerse un Gobierno que ya no logra disimular su inquietud ni con los mejores asesores de escena?