Tres años «después del ridículo ferroviario», nadie sabe cuándo llegarán los trenes
El Gobierno sigue sin dar fechas claras mientras ahora sitúa en 2027 la entrada en servicio de unos convoyes marcados por errores y retrasos
La paciencia de Cantabria con los nuevos trenes de Cercanías parece agotarse. Tres años después del escándalo de los convoyes que no cabían por los túneles, la comunidad sigue sin una fecha clara para una infraestructura clave que acumula retrasos, errores y promesas incumplidas.
La historia arrastra años de incertidumbre. Ya en anteriores ocasiones se advertía de más retrasos en la llegada de los trenes, mientras crecía la sensación de que el calendario oficial no se ajustaba a la realidad del proyecto.
El conocido como «ridículo ferroviario» obligó a rediseñar completamente los convoyes, tras detectarse errores en los gálibos que hacían imposible su circulación. Desde entonces, la cronología ha estado marcada por continuos cambios, como ya reflejaba el hecho de que Cantabria perdiera la paciencia ante la falta de fechas claras.
Una cadena de errores que sigue pasando factura
El origen del problema se remonta a una mala planificación técnica que derivó en la paralización del contrato y en un sobrecoste cercano a los 20 millones de euros. Una situación que ha sido denunciada en múltiples ocasiones, incluso con advertencias de que los trenes no estarían listos ni en 2026.
Mientras tanto, los usuarios siguen sufriendo las consecuencias de una red obsoleta. Averías constantes, retrasos y problemas técnicos forman parte del día a día, como quedó patente en episodios recientes de parones totales en Cercanías o incidencias que han llevado a calificar el servicio como propio de «otro tiempo» debido a averías y retrasos continuos.
Usuarios atrapados en la incertidumbre
La falta de certezas ha convertido este proyecto en símbolo de una gestión fallida. Mientras el Gobierno central defiende sus inversiones, lo cierto es que los cántabros continúan esperando una mejora que no llega.
La situación ha generado incluso conflictos laborales y movilizaciones, como la huelga en Renfe en Cantabria, reflejo del deterioro del sistema.
Todo ello en un contexto en el que la comunidad lleva años reclamando avances en infraestructuras ferroviarias, como recoge también el debate sobre la alta velocidad y la mejora de la red de FEVE.
Puente vuelve a cambiar los plazos
En este escenario, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha asegurado ahora que los trenes comenzarán a circular «en la primera mitad de 2027».
Un nuevo horizonte que llega después de que incluso se llegara a reconocer que los trenes no llegarían antes de 2027, contradiciendo anuncios anteriores.
Después de tantos cambios, la credibilidad del calendario oficial vuelve a quedar en entredicho. La pregunta ya no es solo cuándo llegarán los trenes, sino cuántas veces más se modificará la previsión.
Un problema que trasciende los trenes
Lo ocurrido con los trenes de Cantabria no es un caso aislado, sino el reflejo de un problema más amplio en la gestión de las infraestructuras en España.
Mientras tanto, en Cantabria la sensación es clara: la «paciencia ferroviaria» se agota, como ya se venía advirtiendo ante las continuas demoras en proyectos clave para la movilidad de la región.
Y es que, tras años de anuncios, retrasos y rectificaciones, los ciudadanos siguen esperando una respuesta definitiva a una pregunta cada vez más repetida: cuándo llegarán, de verdad, los trenes.