política

El legado incómodo de Revilla: ni pasado que reivindicar, ni futuro que ilusionar

La salida de Miguel Ángel Revilla abre una etapa inédita para el PRC, marcada por la falta de liderazgo, la ausencia de proyecto y una pugna interna que, lejos de renovar, amenaza con anclar al partido en el pasado

(I-2D) El vicesecretario de Acción Sectorial, Guillermo Blanco, la vicesecretaria de Organización del PRC, Paula Fernández Viaña, el presidente de Cantabria en funciones, Miguel Ángel Revilla, y el vicesecretario de Acción Territorial, Javier López Marcano. / Juanma Serrano
(I-2D) El vicesecretario de Acción Sectorial, Guillermo Blanco, la vicesecretaria de Organización del PRC, Paula Fernández Viaña, el presidente de Cantabria en funciones, Miguel Ángel Revilla, y el vicesecretario de Acción Territorial, Javier López Marcano. / Juanma Serrano

El Partido Regionalista de Cantabria se adentra en una nueva etapa marcada por la incertidumbre y la falta de liderazgo tras el anuncio oficial de las candidaturas de Paula Fernández y Pablo Diestro para suceder a Miguel Ángel Revilla, cuya figura ha monopolizado el poder interno y externo del partido durante más de cuatro décadas.

Pese a los discursos llenos de retórica emocional y llamadas a la unidad, la realidad es otra: el PRC afronta una de las transiciones más delicadas de su historia, sin proyecto definido, sin hoja de ruta, y con un legado que muchos de sus dirigentes prefieren silenciar antes que reivindicar con claridad.

El peso del pasado, la confusión del presente

En la carta enviada a los militantes, Paula Fernández, exconsejera y actual vicesecretaria de Organización, afirma dar este paso con "ilusión, determinación y humildad", pero evita hacer autocrítica alguna sobre la última legislatura, en la que formó parte del Gobierno PRC-PSOE que dejó Cantabria en una preocupante situación económica, con un tejido industrial estancado, una deuda creciente y una gestión administrativa marcada por la parálisis.

Fernández, discípula directa de Rafael de la Sierra, ha ejercido siempre como pieza clave en la maquinaria interna del partido, pero su perfil sigue siendo el de una tecnócrata de aparato, no el de una líder carismática capaz de recuperar el pulso político perdido por el regionalismo tras las elecciones de 2023.

Por su parte, Pablo Diestro, alcalde de Reocín y ex presidente de la Federación de Municipios, presenta su candidatura como "una apuesta por la ilusión y la experiencia", en una fórmula genérica que recuerda demasiado a campañas fallidas del pasado. Aunque ha demostrado solvencia local, su visión para Cantabria sigue siendo desconocida más allá de proclamas genéricas sobre el "trabajo conjunto" o el "proyecto común".

Un partido en busca de propósito

El verdadero problema del PRC no es quién suceda a Revilla, sino qué representa hoy el regionalismo tras años de gobernar sin reformas estructurales, sin una estrategia económica clara y con un discurso cada vez más difuso. El partido ha intentado erigirse como defensor de lo rural, del equilibrio territorial y de la "cántabridad", pero su paso por el poder dejó una región más dividida, dependiente y vulnerable a las decisiones de Madrid.

No es casual que la propia Paula Fernández apelase en su carta a "la unidad como valor histórico" del PRC. Pero esa unidad, en realidad, ha sido construida más por el control interno del aparato que por el debate democrático o la pluralidad de ideas. La resistencia del partido a abrirse a nuevas voces, a repensar su rol en una Cantabria que ha cambiado mucho desde 1995, es quizá su mayor debilidad.

¿Renovación o continuidad maquillada?

Ambas candidaturas se presentan como símbolos de renovación, pero la sensación que transmiten es la de una continuidad maquillada, con los mismos rostros, los mismos discursos y las mismas estructuras de poder que ya fueron rechazadas por los ciudadanos en las últimas autonómicas. El electorado cántabro ha evolucionado, pero el PRC sigue hablando como si estuviésemos en 2007.

Mientras tanto, el Gobierno del Partido Popular liderado por María José Sáenz de Buruaga trabaja en reformas clave como la Ley de Simplificación Administrativa, políticas activas de empleo, la recuperación de la competitividad ganadera y el refuerzo de la inversión pública en infraestructuras y servicios esenciales. Frente a esa agenda reformista, el PRC aún no ha explicado con claridad qué modelo de Cantabria propone para los próximos años.

El reto del consenso: ¿acuerdo real o imposición de aparato?

Revilla ha pedido públicamente que haya una única candidatura de consenso. Aunque su mensaje apela al orden interno, no deja de ser una forma encubierta de controlar desde la sombra una transición que debería ser libre, plural y abierta. ¿Existe realmente voluntad de debate interno o el objetivo es simplemente evitar el espectáculo de una pugna pública? Si el PRC quiere recuperar credibilidad, deberá demostrar que puede elegir a su líder sin imposiciones, sin tutelas y con ideas nuevas.

Con este arranque de primarias, el PRC se enfrenta a su mayor prueba desde su fundación: demostrar que puede sobrevivir y reinventarse sin su fundador y símbolo. Pero los primeros pasos, marcados por discursos vacíos, poca autocrítica y candidatos del aparato, apuntan más a una transición controlada que a una verdadera renovación.

Cantabria necesita partidos con propuestas claras, con liderazgos solventes y con capacidad de diálogo y gestión. Mientras el Partido Popular avanza con reformas estructurales y un proyecto de región competitivo, el PRC parece más preocupado por evitar fracturas internas que por ofrecer soluciones a los problemas reales de los cántabros.

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