El café de Bilbao que parece un palacio y que pocos conocen por dentro
En el corazón de Bilbao, frente a los elegantes Jardines de Albia, se encuentra uno de los establecimientos más emblemáticos de la ciudad: el Café Iruña. Inaugurado en 1903, este histórico local ha sido durante más de un siglo un punto de encuentro imprescindible para bilbaínos y visitantes, un espacio donde la historia, la arquitectura y la gastronomía vasca se combinan en un ambiente único.
Entrar en el Café Iruña no es solo sentarse a tomar algo o disfrutar de una comida. Es, en cierto modo, entrar en una parte viva de la historia de Bilbao.
Más de un siglo de historia en el centro de la ciudad
El Café Iruña abrió sus puertas el 7 de julio de 1903, impulsado por el promotor navarro Severo Unzue Donamaría, que imaginó un café elegante que se convirtiera en lugar de reunión para la sociedad bilbaína.
La idea funcionó desde el primer momento. Gracias a su ubicación privilegiada, su amplio espacio y su oferta gastronómica, el café se convirtió rápidamente en un centro social de referencia en Bilbao. Durante décadas fue lugar habitual de tertulias, encuentros culturales, reuniones de negocios y celebraciones familiares.
Con el paso del tiempo, el establecimiento se consolidó como uno de los cafés históricos más importantes de España, hasta el punto de que muchos bilbaínos lo consideran parte del patrimonio sentimental de la ciudad.
Un interior sorprendente de inspiración mudéjar
Uno de los aspectos que más llaman la atención del Café Iruña es su espectacular decoración interior. El local cuenta con unos 300 metros cuadrados de superficie, distribuidos en diferentes espacios que mantienen una estética singular inspirada en el arte mudéjar.
El visitante se encuentra con azulejos ornamentales, techos policromados y murales decorativos que convierten el lugar en algo más que un restaurante. El ambiente recuerda a los grandes cafés históricos europeos, donde la arquitectura y el arte forman parte esencial de la experiencia.
La importancia patrimonial del local fue reconocida oficialmente en 1980, cuando el establecimiento fue declarado Monumento Singular, consolidando su valor dentro del patrimonio cultural de Bilbao.
Gastronomía vasca en un entorno histórico
Además de su historia y su arquitectura, el Café Iruña destaca por su oferta gastronómica variada, basada en la tradición culinaria vasca.
El establecimiento ofrece diferentes opciones para los clientes a lo largo del día: desayunos, pintxos variados, platos para compartir, menús especiales y celebraciones de grupo. Sin embargo, uno de sus grandes atractivos es el menú del día, disponible entre semana y muy popular entre quienes trabajan en el centro de la ciudad.
Este menú suele incluir varias opciones de primeros y segundos platos con ingredientes de calidad, además de postre y bebida. Entre las propuestas pueden encontrarse platos como ensalada templada de bacalao con pilpil, risotto de boletus, pochas a la marinera, merluza a la plancha o chuleta de vaca con pimientos del país, reflejando la tradición gastronómica del norte.
Los postres caseros, como tostada caramelizada con helado de vainilla o crepes rellenos de fruta, completan una experiencia culinaria que combina cocina clásica con productos de temporada.
Un café premiado y reconocido
El prestigio del Café Iruña ha trascendido las fronteras de Bilbao. En el año 2000, el establecimiento recibió el Premio Especial al Mejor Café de España, concedido por la prestigiosa guía británica Café Crème Guide to the Cafés of Europe, especializada en cafés históricos del continente.
Este reconocimiento consolidó al Café Iruña como uno de los cafés más representativos de Europa, reforzando su posición dentro del panorama gastronómico y cultural.
Un lugar que sigue siendo parte de la vida de Bilbao
Más de 120 años después de su inauguración, el Café Iruña continúa siendo un espacio lleno de vida. Con capacidad para unas 200 personas, terraza exterior durante gran parte del año y apertura todos los días, sigue funcionando como un punto de encuentro para ciudadanos y visitantes.
Para muchos bilbaínos, el café no es solo un restaurante. Es un lugar asociado a recuerdos, celebraciones y conversaciones. Un espacio donde generaciones enteras han pasado horas alrededor de una mesa.

