Parolin lideraba... hasta que se retiró: el giro inesperado que catapultó a León XIV
En un ambiente cargado de expectativa y mística, mientras los ojos del mundo aguardaban expectantes el humo blanco sobre la Capilla Sixtina, el cónclave más numeroso y multicultural de la historia se decantó por un nombre inesperado para muchos, pero profundamente coherente con el rumbo pastoral de la Iglesia: Robert Francis Prevost, cardenal estadounidense con alma peruana y corazón agustiniano, ha sido elegido como Papa León XIV.
Su elección, culminada en la cuarta votación del segundo día, pone fin a un proceso marcado por la tensión entre continuismo y renovación, entre visiones pastorales inclusivas y apuestas más conservadoras. Pietro Parolin, hasta ahora Secretario de Estado vaticano y favorito en muchas quinielas, lideraba aún la tercera ronda con 49 votos frente a los 38 de Prevost. Pero, consciente de su techo y en un gesto de humildad, Parolin optó por retirarse, facilitando el llamado sorpasso.
Un Papa de todos los mundos
León XIV no solo se convierte en el primer pontífice nacido en Estados Unidos, sino también en un símbolo del cruce de caminos entre Norte y Sur, entre tradición y apertura. Nacido en Chicago, con raíces españolas, italianas y francesas, Prevost vivió dos décadas como misionero en Perú, donde fue obispo y conoció de primera mano la realidad de los más vulnerables. Esa experiencia lo marcó: su lenguaje es el de los pobres, sus prioridades pastorales las de los márgenes.
Como prefecto del Dicasterio para los Obispos, su labor silenciosa pero eficaz le ganó el respeto transversal de la Curia. Supo tender puentes, escuchar sin imponer, y elegir el perfil de pastores que encarnaran una Iglesia más cercana y compasiva. Esa capacidad para generar consensos fue decisiva en el cónclave: logró el apoyo de progresistas, moderados y hasta sectores conservadores que veían en él una figura más moderada que su predecesor, el querido Francisco, pero sin ruptura.
Un estilo que recuerda, pero no imita
La elección del nombre León XIV no es casual. Evoca a León XIII, el Papa de la encíclica Rerum Novarum, pionero de la doctrina social de la Iglesia, defensor de los obreros en plena revolución industrial. Como él, Prevost se proyecta como un Papa atento a las realidades sociales, defensor del diálogo y la justicia.
Pero también hay resonancias de su formación agustiniana. En su primer discurso desde la logia central de San Pedro, habló en italiano y español, con voz serena pero firme, apelando a la unidad en la diversidad, al servicio desinteresado y a la paz como horizonte evangélico:
“La paz es amada, humilde y perseverante. Viene de Dios, que nos ama a todos de manera incondicional.”
Una elección que incomoda a algunos sectores
Su elección, sin embargo, no ha estado exenta de controversia, sobre todo en su país natal. En los círculos católicos conservadores estadounidenses, algunos medios lo han tildado de “marxista”, prolongando los ataques que ya sufría Francisco. Su defensa de los inmigrantes, sus críticas veladas al trumpismo y su llamado a no jerarquizar el amor al prójimo han levantado ampollas. El exasesor de Trump, Steve Bannon, lo calificó de “antiamericano”, y otros han lamentado que “la Iglesia se incline ante la izquierda globalista”.
Pero más allá de los eslóganes, León XIV parece querer desmarcarse de las etiquetas. Su perfil, aunque reformista, no es rupturista. Más reservado que Francisco en cuestiones como el papel de la mujer en la Iglesia o el celibato, se espera de él un pontificado más sereno que combativo, pero igualmente comprometido con el Evangelio como mensaje de inclusión, dignidad y consuelo.
Un Papa que empieza en oración
Su agenda como Papa arrancó este viernes con una misa privada junto a los cardenales en la Capilla Sixtina, lejos de cámaras y protocolos. El domingo rezará el Regina Coeli desde el balcón, y el lunes ofrecerá su primera rueda de prensa. Pero su estilo ya ha calado: cercano, sin estridencias, con una sonrisa constante y una mirada que escucha antes que juzgar.
León XIV ha llegado. Y con él, una nueva página se abre en la historia de la Iglesia. No una revolución, sino una peregrinación paciente, como quien camina junto a los que sufren. “No vine a imponer, sino a acompañar”, dijo a los cardenales, según ha trascendido.
En tiempos de fractura global, su lema tácito podría ser: “unidad en la esperanza”. Y no es poco.