VALUARTES DE LA DESINFORMACIÓN

Ferreras, el brazo mediático de Sánchez: Newtral, la desinformación y Putin, el ex del KGB, "rizando el rizo"

Los guardianes de la verdad señalando a otros por hacer justo lo que ellos mismos han sido acusados de hacer. Porque, al parecer, en la guerra de la desinformación, todos son santos... hasta que se mira más de cerca.
"Rizando el rizo". Antonio García Ferreras, en Al Rojo Vivo, junto a un miembro de Newtral, debate sobre la desinformación del Kremlin de Putin, el exagente del KGB.
"Rizando el rizo". Antonio García Ferreras, en Al Rojo Vivo, junto a un miembro de Newtral, debate sobre la desinformación del Kremlin de Putin, el exagente del KGB.

Antonio García Ferreras, figura emblemática de la Sexta, protagonizó un segmento que invita a reflexionar sobre los límites entre la información y la propaganda. En su programa, Ferreras, quien no oculta su afinidad con las posiciones del Gobierno de Pedro Sánchez, entabló una conversación con un representante de Newtral, la conocida verificadora que se presenta como bastión de la transparencia informativa. El tema: una crítica al Kremlin de Vladímir Putin, el exagente del KGB durante la Unión Soviética, por su reciente incursión en el mundo de la verificación de datos con una iniciativa global.

La crítica de Ferreras: el Kremlin y su red de desinformación

Durante el programa, Ferreras describió con tono sarcástico la creación de la "Global Fact-Check Network", una red promovida por el gobierno ruso, a la que calificó como una "herramienta de propaganda disfrazada de verificación". Entre risas y gestos de comillas, aseguró que el Kremlin, señalado por él como "el mayor productor de bulos del mundo", busca afianzar su narrativa desinformadora a través de esta iniciativa.

Ferreras y su interlocutor de Newtral destacaron los estándares "muy duros" que supuestamente rigen a los verificadores adscritos a la International Fact-Checking Network (IFCN), red a la que pertenece Newtral. Según ellos, la transparencia y la independencia son la base de su trabajo, en contraste con la supuesta subordinación de la iniciativa rusa al gobierno de Putin.

Independencia: ¿predicar con el ejemplo?

Sin embargo, la crítica de Ferreras y Newtral al Kremlin no está exenta de ironías. Ambos actores han sido señalados en repetidas ocasiones por su supuesta falta de imparcialidad.

En el caso de Ferreras, su estrecha relación con el PSOE y su línea editorial abiertamente favorable al Gobierno han despertado dudas sobre su capacidad de ejercer un periodismo verdaderamente independiente.

Por su parte, Newtral, fundado por Ana Pastor, pareja de Ferreras y figura también cercana a los círculos progresistas, ha sido objeto de acusaciones de sesgo ideológico. Sus detractores señalan que las verificaciones que realizan a menudo coinciden con los intereses políticos del establishment occidental, lo que pone en entredicho su supuesta imparcialidad.

El contraste con el Kremlin: ¿propaganda contra propaganda?

Criticar al Kremlin por usar herramientas mediáticas para consolidar su narrativa resulta paradójico cuando el propio ecosistema mediático español refleja dinámicas similares, aunque disfrazadas de profesionalismo y transparencia. La narrativa de Ferreras sobre Rusia como un "gran productor de bulos" bien podría aplicarse a las estrategias de muchos gobiernos occidentales, que también han instrumentalizado los medios de comunicación para legitimar sus agendas.

El Kremlin no oculta su intención de utilizar la "Global Fact-Check Network" como un brazo propagandístico. Sin embargo, ¿en qué se diferencia esto de un programa donde Ferreras y Newtral defienden la independencia de su labor mientras obvian cualquier autocrítica sobre su cercanía al poder político en España?

¿Guardianes de la verdad o herramientas del poder?

El discurso de Ferreras y Newtral sobre la desinformación del Kremlin plantea una pregunta fundamental: ¿puede el periodismo criticar la manipulación informativa de otros sin reconocer sus propios sesgos? Al señalar al Kremlin como un actor desinformador, Ferreras evita abordar los cuestionamientos sobre su propio papel como "brazo mediático" del Gobierno español, reforzando una narrativa polarizadora que dibuja a Occidente como el defensor de la verdad absoluta.

Mientras tanto, las verificadoras como Newtral son cada vez más percibidas como extensiones de los intereses políticos y económicos del establishment, lejos de ser los árbitros neutrales que pretenden ser. Si bien es cierto que las iniciativas rusas tienen objetivos propagandísticos claros, ignorar los paralelismos con las prácticas occidentales no hace más que alimentar la desconfianza hacia los medios. 

En un escenario donde las fronteras entre el periodismo y la propaganda se desdibujan, el debate sobre la desinformación no puede limitarse a señalar al Kremlin como el único culpable. Ferreras y Newtral, al presentarse como guardianes de la verdad, deben ser conscientes de sus propios vínculos con el poder político y económico. De lo contrario, sus críticas se convierten en un ejercicio de hipocresía que erosiona aún más la credibilidad del periodismo.

Si el objetivo es combatir la desinformación, el primer paso es mirar hacia dentro y reconocer que, en esta guerra de narrativas, todos los bandos tienen intereses que moldean su versión de la verdad. La pregunta clave para la ciudadanía sigue siendo: ¿quién se beneficia de cada narrativa y a qué precio? 

Un golpe al periodismo independiente

Las verificadoras nacieron con la promesa de combatir la desinformación, pero su impacto en el ecosistema mediático ha sido, en muchos casos, contraproducente. En lugar de fortalecer el periodismo, han contribuido a centralizar el control de la información, erosionar la credibilidad de los medios y limitar el debate público.

Para que el periodismo recupere su papel como pilar de la democracia, es necesario que las verificadoras actúen con total transparencia, sean verdaderamente independientes y abandonen su rol como árbitros supremos. De lo contrario, seguirán siendo vistas como herramientas al servicio de agendas políticas y económicas, y no como aliados del periodismo libre y plural.

Comentarios