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Antifascistas rayan el coche de Roro por ayudar a asociaciones patriotas en Valencia

No es solo un ataque al individuo, sino a toda una sociedad que, en teoría, aboga por el respeto y la convivencia
La influencer RoRo posa en la alfombra roja. / Alberto Ortega
La influencer RoRo posa en la alfombra roja. / Alberto Ortega

La escalofriante intolerancia de los "antifascistas" sigue sin límites. Esta vez, el blanco de su odio no fue solo una figura pública o alguien que se haya expresado de forma provocadora. No, esta vez decidieron atacar a una persona inocente, completamente ajena a cualquier disputa política, simplemente por haber mostrado su apoyo a causas patriotas. El objetivo: Roro, quien, tras colaborar con asociaciones patriotas en Valencia, sufrió un acto de agresión directa contra su círculo cercano.

La historia comienza con Roro, quien se encontraba en Málaga visitando a una amiga. Después de su encuentro, su amiga subió una foto en su cuenta de Instagram con él. Algo tan sencillo como compartir un momento entre amigos fue suficiente para que la rabia de la ultraizquierda se desatara. Pocos momentos después de que Roro regresara a Madrid, recibió un mensaje devastador: “Le han rallado el coche a mi madre.”

¿El motivo de este ataque? Nada más y nada menos que su relación con una amiga que, aparentemente, se asoció con grupos patriotas. ¿De qué forma respondieron los antifascistas? Vandalizando el coche de la madre de su amiga, Paqui, una mujer que, según todos los que la conocen, es “un sol”, una persona pacífica que nunca ha hecho daño a nadie. Las puertas del coche de Paqui fueron ralladas con furia, dejando claro que para ciertos grupos, cualquier vínculo con aquellos que defienden España y su identidad es motivo suficiente para desatar la violencia.

El odio no tiene lógica ni compasión

El relato de lo sucedido no puede ser más desconcertante. “No me lo puedo creer. O sea, a ver, ya está, que me hagas daño a mí, yo lo puedo llegar a entender. Porque me odias, porque no te gusta mi cara, porque no te gusto yo. Eso lo respeto, no puedo hacer nada para evitarlo,” dijo Roro al compartir su desconcierto por el ataque. Sin embargo, lo verdaderamente indignante es que la violencia no se limitó a él, sino que fue extendida a Paqui, una mujer que, como nos cuentan, nunca ha hecho daño a nadie.

Es incomprensible cómo la intolerancia de estos grupos alcanza niveles tan extremos. Si bien uno puede imaginar que alguien con opiniones diferentes pueda sentirse impulsado a atacar directamente a un oponente político, ¿dónde queda la decencia cuando esa violencia se extiende a personas completamente ajenas a la disputa? Paqui no tiene absolutamente nada que ver con los ideales de Roro ni con su activismo. ¿Por qué, entonces, arruinarle su propiedad?

La cara oculta del “antifascismo”

Este ataque pone en evidencia la hipocresía y la violencia inherente a algunos grupos que se autodenominan antifascistas. Bajo el pretexto de luchar contra el fascismo, ejercen el mismo tipo de odio, represión y destrucción que dicen combatir. En este caso, la política y la ideología se desvirtúan hasta el punto de no reconocer la humanidad del otro, convirtiendo a cualquier persona asociada, aunque sea de manera tangencial, con un “enemigo ideológico”, en un objetivo legítimo de su agresión.

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