turismo

La puerta de entrada a Liébana: así es la primera parada tras la Hermida

Al salir del Desfiladero de la Hermida, lo primero que encuentra el viajero es un pequeño núcleo rural. / A.G.

Su ubicación estratégica, a los pies del desfiladero de la Hermida y a un paso de Potes, lo convierte en un enclave privilegiado para quienes buscan montaña y calma

Pequeño en tamaño, pero clave en el mapa de la geografía cántabra, Tama es mucho más que una aldea al pie de la montaña. Esta localidad del municipio de Cillorigo de Liébana, con apenas 48 habitantes censados en 2024, ocupa un lugar estratégico en el corazón del valle y es considerada por muchos como la entrada natural a la comarca de Liébana, tras dejar atrás el imponente Desfiladero de la Hermida.

Un enclave privilegiado a los pies de los Picos de Europa

Tama se sitúa a 259 metros de altitud, en un terreno quebrado y verde que forma parte de uno de los paisajes más espectaculares del norte de España. Desde sus calles se abren vistas únicas hacia las cumbres de los Picos de Europa, lo que convierte a este lugar en una parada imprescindible para los amantes de la montaña, la fotografía o simplemente el sosiego rural.

Su ubicación es también una ventaja logística: se encuentra a solo 2 kilómetros de Potes, capital comarcal, y a 114 km de Santander, lo que la convierte en una base excelente para quienes desean explorar Liébana sin renunciar a la tranquilidad.

Centro de Visitantes SOTAMA: cultura, naturaleza y divulgación

Uno de los principales puntos de interés de Tama es el Centro de Visitantes SOTAMA (Sostenibilidad Territorial de los Picos de Europa), un espacio de referencia para conocer el Parque Nacional de los Picos de Europa. Inaugurado en 2005 y diseñado por los arquitectos Conrado Capilla y Pucho Vallejo, el edificio se integra de forma armónica en el paisaje montañoso.

El centro ofrece exposiciones permanentes, material didáctico y audiovisual, y sirve como punto de información para rutas de senderismo, observación de fauna o interpretación geológica. Su papel como nexo entre el visitante y el parque lo convierte en un recurso muy valorado tanto por turistas como por investigadores y escolares.

Historia y carácter lebaniego

Tama ya figuraba en los registros del siglo XIX como una aldea activa con producción agrícola, ganadera y forestal, como lo recogió Pascual Madoz en su célebre Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España (1849). En ese entonces, contaba con 168 habitantes, escuela, iglesia parroquial (compartida con Aniezo), y estaba rodeada de fértiles valles y montes.

Hoy, aunque más despoblado, Tama conserva su carácter tradicional y rural, con casas de piedra, balcones floridos y un paisaje sonoro marcado por el río y los cencerros del ganado.

Naturaleza, rutas y entorno

Desde Tama parten o cruzan varias rutas hacia el Parque Nacional, siendo una parada habitual en itinerarios como el Camino Lebaniego o en rutas fluviales por el río Deva. A muy poca distancia también se encuentra el conjunto románico de Santa María de Lebeña, uno de los tesoros arquitectónicos más antiguos y emblemáticos de la región.

Tama es también un buen punto de partida para explorar otros núcleos rurales como Ojedo, Aniezo, Mogrovejo o Cabañes, todos conectados por estrechas carreteras de montaña o senderos de media distancia.

Tama es, en definitiva, un nexo entre lo salvaje y lo humano, entre la historia y la naturaleza, entre el viajero curioso y el mundo pasiego-lebaniego. No presume de monumentalidad, pero ofrece algo más difícil de encontrar: una calma auténtica, un paisaje intacto y un contacto sincero con una de las comarcas más singulares de la Península Ibérica.