El rincón natural de Cantabria que esconde uno de los bosques más antiguos de la región
Más de doscientos castaños monumentales convierten este rincón de Cantabria en uno de los paisajes más singulares para caminar sin prisas
En esta época del año en la que el frío empieza a dejarse notar, pero todavía regala días luminosos que invitan a salir de casa, la naturaleza se convierte en refugio y plan perfecto. Cantabria, en ese sentido, guarda rincones capaces de detener el tiempo. Uno de ellos se encuentra en pleno corazón de Liébana y responde al nombre de El Habario, un castañar histórico donde los árboles centenarios crecen con formas tan caprichosas que parecen sacados de un cuento.
Durante el final del otoño, el bosque se transforma en un espectáculo de tonos ocres, dorados y cobrizos. El suelo queda cubierto por una alfombra de hojas secas que crujen bajo los pies, mientras la luz se filtra entre las ramas desnudas creando una atmósfera tranquila, casi hipnótica. Pasear por aquí no es solo caminar: es escuchar el silencio.
Un castañar único entre montañas y pueblos con historia
El Habario, también conocido como La Castañera de Prendes, se extiende entre los pueblos de Prendes y Cabañes, dentro del municipio de Cillorigo de Liébana. El lugar forma parte del histórico Camino Lebaniego, ruta de peregrinación que atraviesa algunos de los paisajes más bellos del norte peninsular.
Además, su valor natural está protegido por dos figuras medioambientales de primer nivel: el LIC de Liébana y la ZEPA del Desfiladero de la Hermida. No es casualidad. En este bosque conviven más de doscientos castaños monumentales, muchos de ellos con varios siglos a sus espaldas.
Sus troncos retorcidos, cubiertos de musgo, con oquedades y formas imposibles, llaman poderosamente la atención. Algunos parecen figuras humanas, otros animales fantásticos. Son árboles que impresionan por su tamaño, pero también por la sensación de haber sido testigos silenciosos de generaciones enteras.
Cuando llega el invierno, el bosque cambia de alma
Si el otoño envuelve El Habario de color, el invierno le regala una belleza serena. Cuando cae la nieve, el paisaje se vuelve casi irreal. Los árboles desnudos se recortan sobre el cielo gris y el único sonido que se escucha es el de las pisadas sobre el suelo helado. El paseo se vuelve entonces introspectivo, íntimo, muy distinto al bullicio de otros destinos turísticos.
Es fácil entender por qué quienes lo visitan hablan de este lugar como de un bosque con personalidad propia. El Habario no se recorre con prisas. Se camina despacio, mirando, observando, dejando que el silencio haga su trabajo.
Un bosque nacido del trabajo y la supervivencia
El origen de este castañar está ligado al uso tradicional del castaño, un árbol fundamental durante siglos para las comunidades rurales de Liébana. Sus frutos alimentaban a las familias, su madera servía para levantar casas, fabricar herramientas y calentar los hogares durante los duros inviernos de montaña.
Aún hoy pueden verse los antiguos pastizales, los senderos de recolección y las zonas de uso forestal que recuerdan ese pasado de esfuerzo y autosuficiencia. El Habario no es solo un paisaje bonito: es también un fragmento vivo de la historia rural de Cantabria.
Una ruta sencilla para todos los públicos
La ruta principal del Habario es circular, fácil y bien señalizada, con una longitud aproximada de cinco kilómetros que se recorren cómodamente en unas dos horas. El punto de salida se encuentra junto a una zona de pícnic equipada con fuentes y área de descanso, ideal para ir en familia.
El camino discurre por una pista forestal marcada con señales verdes, por lo que resulta prácticamente imposible perderse. A medida que se avanza, aparecen algunos de los castaños más antiguos y espectaculares del bosque. Hay quien se detiene una y otra vez a fotografiar troncos gigantes, raíces que parecen serpientes y huecos donde cabría una persona entera.
El recorrido invita a caminar sin prisa, a detenerse, a escuchar, a mirar. Y es ahí donde El Habario muestra su verdadero valor.
Miradores para asomarse a Liébana
A lo largo del sendero se abren varios miradores desde los que se contemplan vistas hacia La Hermida, Cueto Agero, los Picos de Europa, el collado Pelea y Peña Ventosa, además de pueblos como Lebeña, Cabañes, Prendes, Allende o Cobeña. El paisaje se despliega en capas de verde, roca y cielo que resumen a la perfección la esencia de esta comarca.
Uno de los puntos más especiales es el Mirador del Corral de Los Morros, situado sobre un antiguo recinto defensivo altomedieval. Desde allí se aprecia la totalidad del castañar, su impresionante extensión y los restos de antiguos asentamientos humanos.
Al atardecer, cuando la luz cambia y las nubes juegan con las montañas, el mirador se convierte en un auténtico balcón natural sobre uno de los bosques más singulares de Cantabria.
Un lugar que va mucho más allá del turismo
El Habario es hoy uno de los espacios más valorados por senderistas, fotógrafos, amantes de la naturaleza y vecinos de la zona. Pero su importancia va más allá del atractivo turístico. Este castañar representa una forma de entender el territorio, el aprovechamiento responsable del monte y la convivencia entre naturaleza y ser humano.
Caminar entre estos árboles no es solo una experiencia estética. Es una lección de paciencia, de tiempo lento, de respeto por un paisaje que ha llegado hasta nuestros días gracias a generaciones que supieron cuidarlo sin saber que lo estaban convirtiendo en un tesoro.

