RUTAS POR CANTABRIA

Esta cruz gigante corona una de las rutas más espectaculares de Cantabria

Desde el bosque hasta el cielo, la ruta a la Cruz de la Viorna en Cantabria es un viaje entre cascadas, encinas centenarias y vistas que cortan la respiración. Quien alcanza su cima, no la olvida

La Cruz de la Viorna. / A.E
La Cruz de la Viorna. / A.E

Cantabria nunca deja de sorprender. En pleno corazón de la comarca de Liébana, uno de sus enclaves más espectaculares es la ruta hacia la Cruz de la Viorna, un recorrido cargado de historia, naturaleza salvaje y vistas inolvidables sobre el Valle de Liébana y el Macizo Oriental de los Picos de Europa. Si a ello sumamos las mágicas cascadas de Retumbia, esta travesía se convierte en uno de los planes imprescindibles para los amantes del senderismo en la región.

La Cruz de la Viorna, situada a 1.087 metros de altitud, domina una de las vistas más completas de todo el entorno lebaniego. Su presencia, visible desde Potes, convierte la ascensión en un símbolo espiritual, paisajístico e incluso deportivo, ya que desde su cima despegan muchos parapentistas. Esta imponente cruz blanca de hormigón —de doce metros de altura— fue erigida en 1948 y restaurada en 2011, incorporando un sistema de iluminación LED alimentado por energía solar. La tradición dice que en este punto el Beato de Liébana lanzó su cayado para indicar el lugar donde debía levantarse el Monasterio de Santo Toribio, visible desde la propia cima.

El itinerario más completo parte de Valmeo, una pequeña localidad en el municipio de Vega de Liébana. Desde aquí se inicia una subida progresiva, siempre señalizada, que nos lleva a recorrer un denso encinar atlántico salpicado de robles, castaños y musgos que cubren las rocas. A medida que avanzamos, nos encontramos con las cascadas de Retumbia, rincones de fantasía especialmente espectaculares en primavera o tras intensas lluvias. El sendero obliga a vadear el arroyo en varias ocasiones y ofrece miradores naturales desde los que contemplar estos saltos de agua ocultos entre la vegetación. La última cascada —la más impresionante— requiere una breve desviación del camino, bien señalada con un hito. Merece la pena detenerse y disfrutar del espectáculo sonoro y visual que ofrece.

Desde Maredes, una aldea apenas habitada, parten dos caminos hacia la Cruz de la Viorna: el sendero oriental, más corto y directo; y la pista occidental, que pasa por el Alto de San Martín (1.157 m), el punto más alto de la Sierra de la Viorna. La subida se realiza entre encinas y robledales que poco a poco dan paso a claros con vistas privilegiadas. La pendiente es pronunciada pero el entorno compensa cada esfuerzo. Al llegar a la cima, el paisaje se abre de forma majestuosa: una panorámica de 360 grados con vistas al Desfiladero de la Hermida, Peña Sagra, el Macizo de Peña Prieta, Pico Jano y numerosos pueblos como San Pelayo, Mieses, Argüébanes o Mogrovejo.

Datos del recorrido:

  • Dificultad: media-alta

  • Desnivel acumulado: 800 m

  • Distancia total: 13 km (ida y vuelta)

  • Duración estimada: 4 horas

  • Inicio recomendado: Valmeo o Maredes

Puedes cerrar la ruta bajando por la carretera CA-891 desde Maredes a Campollo, y desde allí conectar con Potes. El mercado de los lunes en Potes es una cita imprescindible, donde adquirir productos locales como quesucos, legumbres, embutidos y vino con IGP Liébana. Para rematar la jornada, no dejes de probar un reconfortante cocido lebaniego acompañado de un buen vino local, y si el cuerpo lo pide… un orujo artesanal del valle.

La Cruz de la Viorna no es solo una cima más. Es un lugar con alma, que condensa en pocos kilómetros lo mejor del paisaje cántabro: bosques ancestrales, cascadas escondidas, tradiciones, espiritualidad y miradores de vértigo. Ideal para una escapada en primavera u otoño, esta ruta es una de las joyas que hacen de Cantabria una tierra infinita.

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