Gastronomía con alma en el corazón de Liébana

¿Croquetas de curry o ramen de cocido lebaniego? Este restaurante cántabro lo está cambiando todo

Un de los platos del restaurante. / A.E.
En un rincón tranquilo de Cantabria, una chef ha logrado unir el alma del cocido lebaniego con la estética y el sabor del ramen japonés

El sol apenas roza los tejados de Arenas de Iguña cuando los aromas del día empiezan a elevarse por las calles estrechas del pueblo. En una cocina donde se escucha música suave y se habla en voz baja, una cocinera remueve con mimo una bechamel densa, mientras otra olla deja escapar el perfume profundo de un caldo que huele a invierno y tradición. Casa Victoria no es un restaurante cualquiera. Es un refugio donde la cocina cántabra de siempre se da la mano con sabores lejanos, y donde cada plato parece contar una historia. Una historia que empieza en la infancia, pasa por Japón y regresa a Liébana convertida en arte culinario.

Casa Victoria: una joya gastronómica en Arenas de Iguña

En el interior verde de Cantabria, rodeado de montes y silencio, se encuentra Casa Victoria, un restaurante que está revolucionando la escena gastronómica de la región. Ubicado en Arenas de Iguña, este espacio, discreto por fuera pero lleno de alma en su interior, ha logrado lo que parecía imposible: convertir unas croquetas artesanas y un ramen lebaniego en iconos gastronómicos sin perder ni un ápice de autenticidad.

Detrás de este fenómeno se encuentra Diana Hernández, chef y propietaria, que ha sabido entrelazar el legado culinario de su tierra con la inquietud por experimentar nuevos caminos. Su restaurante es un homenaje a los sabores de siempre reinterpretados con creatividad, técnica y cariño. No hay carta extensa, ni fuegos artificiales. Solo recetas trabajadas al detalle, ingredientes de proximidad y una idea clara: la cocina debe emocionar.

 

Las croquetas que merecen un viaje

Si hay algo que define la esencia de Casa Victoria, son sus croquetas. Elaboradas cada mañana con bechamel fina y sedosa, sus sabores sorprenden: gorgonzola con nueces, pollo al curry o cecina con boletus. Versiones clásicas y otras más audaces, todas ellas envueltas en un rebozado crujiente que se deshace en la boca. No es de extrañar que muchos lleguen de lejos solo para probarlas.

Además, en un gesto inclusivo, la cocina ofrece versiones sin gluten y sin lactosa que mantienen la misma calidad, demostrando que la excelencia no entiende de restricciones alimentarias. Esta atención al detalle, que va desde los ingredientes hasta el trato con el cliente, es uno de los secretos del éxito de este restaurante.

Ramen lebaniego: el alma de la montaña en un cuenco oriental

Pero si algo ha convertido a Casa Victoria en un fenómeno gastronómico, es su ya célebre ramen lebaniego. Este plato es mucho más que una fusión: es un acto de amor a la tierra y una declaración de intenciones. Inspirado en el cocido lebaniego, el ramen se construye con fideos artesanos, caldo de compango cocido a fuego lento, gyozas rellenas de chorizo y morcilla, huevo infusionado en soja y una panceta marinada que se deshace con la mirada. Todo servido con mimo en un cuenco humeante que reúne Oriente y Occidente, tradición y vanguardia.

Esta creación, tan arriesgada como deliciosa, ha sido celebrada por chefs y críticos como una de las grandes revelaciones gastronómicas de Cantabria. Y lo mejor es que no pierde su carácter local: cada ingrediente está pensado, cada matiz homenajea a Liébana. No es una moda: es una evolución.

Una carta breve, valiente y llena de sabor cántabro

La carta de Casa Victoria es breve pero intensa. Además de las croquetas y el ramen, se pueden degustar platos tan sorprendentes como el frito de rabo de toro, la buta siciliana sobre sobao pasiego o la lasaña crujiente de mar, elaborada con cangrejo y esencia de marisco. Y como broche final, una torrija caramelizada de sobao que roza la perfección: textura jugosa, sabor auténtico y un dulzor que acaricia el recuerdo.

Otros postres como el “Tres Mares”, un crumble de sobao con crema de queso cántabro, dulce de leche y merengue crujiente, redondean una propuesta honesta y deliciosa. Aquí no se improvisa: se cocina con respeto, se sirve con mimo y se come con alegría. Y eso, hoy, es un lujo.

Un destino imprescindible en cualquier escapada a Cantabria

Quienes recorren Cantabria buscando rincones con alma deben incluir Casa Victoria en su ruta. A medio camino entre el valle y la montaña, rodeado de naturaleza y con una filosofía clara, este restaurante es un ejemplo de que innovar no significa olvidar, sino recordar con más fuerza.

Como ya contamos en nuestra sección de Turismo, la nueva cocina cántabra está viviendo un renacimiento. Y lugares como Casa Victoria son su mejor embajada. Aquí se come con los sentidos y con la memoria. Aquí, cada plato es un viaje.